Blog

Tag » Vida

El galileo pálido

Publicado por Timothy Archer - Sep. 02, 2010 | categorías Gozo

Triunfastes, O galileo pálido; el mundo se ha tornado gris por tu aliento.

Así se expresó el poeta Algernon Charles Swinburne en su obra “Himno a Proserpina.” Swinburne, quien vivió en la Inglaterra de la Reina Victoria, creía que la piedad cristiana había arruinado el gozo de la vida, prohibiendo las cosas que nos traen placer en esta vida. Anhelaba los días del paganismo y libertinaje.

Swinburne no era el primero ni el último en sentirse así en cuanto al cristianismo. Muchos miran a los cristianos y ven un grupo sombrío, con más prohibiciones en la vida que libertades. Como se dice por ahí, “Todo lo placentero es ilegal, inmoral o hace crecer la panza.”

Pero cuando miramos a Jesucristo, vemos otra cosa. Las personas le criticaban por no seguir las reglas. Iba a fiestas con las personas de mala fama. Mientras los otros religiosos llevaban vidas de austeridad, Cristo vivía de una forma que hacía que le acusaran de ser glotón y borracho. El primer milagro que hizo era de proveer vino para una boda. ¿Galileo pálido? No lo creo.

Somos nosotros, los cristianos, que no entendemos lo que deberíamos ser. Es un error común creer que la mejor forma de ser piadoso es decir que no a todo. Aun en los tiempos bíblicos, eso era problema. El apóstol Pablo escribió a un grupo de cristianos diciendo: “Ustedes han muerto con Cristo y ya no están sujetos a los poderes que dominan este mundo. ¿Por qué, pues, viven como si todavía fueran del mundo, sometidos a reglas tales como: “No toques eso, no comas aquello, no lo tomes en tus manos”?” (Colosenses 2:20-21) Se ve que en ese entonces existían los que creían que los cristianos eran seguidores de un galileo pálido.

En su libro “Una misericordia severa,” Sheldon Vanuaken escribió:

El mejor argumento a favor del cristianismo son los cristianos: su gozo, su certeza, su plenitud. Pero el mejor argumento en contra también son los cristianos — cuando son sombrías y carecen de gozo, cuando se creen mejor que los demás, cuando son sectarios y represivos, el cristianismo muere mil veces.

Si Ud. cree que el cristianismo es cuestión de seguir algún galileo pálido, no ha visto el cristianismo verdadero. La vida cristiana es una vida de gozo, no de tristeza. Es una vida de victoria, no de derrota. Es una vida de pasión, no de aburrimiento.

Tal como Swinburne, a mí no me interesa seguir ningún galileo pálido. Yo sé que Cristo ofrece vida abundante, vida exuberante, vida gozosa. ¿No debe ser así la vida?


Cristo tiene las llaves

Publicado por Timothy Archer - Feb. 01, 2010 | categorías Miedo, Muerte

llavesCerca del final de su vida, el apóstol Juan fue exiliado en la isla de Patmos, enviado ahí por su fe en Jesucristo. Mientras estaba en la isla, Juan tuvo una visión. Esa visión contenía un mensaje para otros cristianos quiénes también enfrentaban la persecución. Esa visión se encuentra en el libro de Apocalipsis en el Nuevo Testamento de la Biblia.

En el primer capítulo del libro, Juan ve a Jesucristo. No ve ni al niño Jesús en el pesebre ni el moribundo Jesús colgado de una cruz. Juan ve al Cristo victorioso, vestido con ropa brillante. Este Jesús tiene algo para decirles a sus seguidores:

“No tengas miedo; yo soy el primero y el último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:17-19)

Para estos cristianos que enfrentan la posibilidad inminente de morir por su fe, Jesús dice: “No tengan miedo. Estuve ahí. Y estoy de vuelta.” Y les dice algo sumamente importante: él tiene las llaves de la muerte y del Hades.

El Hades, para los que hablaban griego, era la morada de los muertos. Era el gran desconocido, el lugar donde iban todos después de salir de este mundo. Jesús dice: “No tengan miedo de la muerte ni de lo que viene después… ¡yo tengo las llaves para dejarles salir de ese lugar!”

¿Tiene Ud. miedo de la muerte? No debe tenerlo. En el libro de Hebreos, el autor dice que Jesús destruyó el poder de la muerte mediante su propia muerte para dar libertad a “a todos los que por miedo a la muerte viven como esclavos durante toda la vida.” (Hebreos 2:15) No tenemos que vivir temiendo a la muerte. Cristo murió, pero ahora vive. El entró en el lugar de los muertos y salió con las llaves. Podemos entrar en ese lugar misterioso sin miedo, sabiendo que Jesús tiene las llaves para dejarnos salir de nuevo.

Jesús prometió a sus discípulos que él construiría una iglesia y que “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18) Esas puertas no pueden detenernos ¡porque Jesús tiene la llave!

¡No tenga miedo! Jesús es la resurrección y la vida (Juan 11:25) Nos ha librado del temor de la muerte.

Gracia y paz,
Timothy


¿Para qué?

Publicado por Timothy Archer - Sep. 02, 2009 | categorías Propósito en la vida

Esta época del año marca el comienzo de clases aquí en Estados Unidos. Siempre me hace pensar en una historia que escuché de Stanley Shipp, un hermano que trabajaba en el mismo ministerio donde trabajo yo.

Stanley contaba de haber conocido a un estudiante que le dijo que estudiaba medicina. “¿Para qué?,” preguntó Stanley.

“Para ser médico,” dijo el joven con una sonrisa.

“¿Para qué?”

“Para ayudar a la gente a no enfermarse.”

“¿Para qué?”

“Para que vivan vidas más largas.”

“¿Para qué?”

“Y, no sé …” tartamudeó el estudiante de medicina.

“Eso,” dijo Stanley, sonriéndose, “es lo que yo tengo para explicarte a ti.”

¿Cuál es el chiste de vivir más tiempo si no sabemos qué hacer con el tiempo extra? Tiene que haber más propósito en la vida que el de evitar la muerte. En eso la ciencia se queda corta y las filosofías modernas nos dejan insatisfechos. Si el propósito entero de nuestras vidas es vivir unos años y luego pasar a la nada, la vida no tiene mucho sentido.

Cristo dijo, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10). Algunos dicen que el cristianismo es una religión de castillos en el aire, con promesas vacías de algo después de esta vida. No entienden que sin una promesa de vida después de la muerte, no puede haber esperanza verdadera en esta vida. No puede haber signficado real. No puede haber propósito.

Cristo vino para traer la vida, la vida en plenitud. No es un aguafiestas que le roba el gozo a la vida. El es el único que puede darle sentido a nuestra existencia. El puede responder el “¿para qué?” que nos espera cada día. El puede tomar vidas vacías y llenarlas con propósito.

Gracia y paz,
Timothy Archer


Lo que no puede perderse

Publicado por Timothy Archer - May. 14, 2009 | categorías Vida eterna

puesto de sol

Jim Eliot había decido ir a Ecuador, llevando las buenas noticias de Dios a las tribus indígenas que no habían escuchado de Jesucristo. Eventualmente perdió su vida en las selva ecuatoriana, asesinado por los mismos indios que buscaba enseñar. Más tarde, su viuda, Elisabet, fue al mismo pueblo indígeno y les enseñó acerca de Jesucristo.

Varios años antes de ir al Ecuador, Jim había escrito estas palabras: “No es necio aquel que entrega lo que no puede guardarse para obtener lo que no puede perderse.” Es un dicho llamativo. No es necio entregar esta vida (que no se puede guardar) para obtener la vida que no puede perderse (la vida eterna). Vale la pena hacer lo que tengamos que hacer en esta vida para obtener la vida eterna.

Jesús lo dijo en forma más directa. No solamente no es necio entregar esta vida para obtener la vida eterna, es necesario. Lucas escribió:

“Después les dijo a todos: —Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?” (Lucas 9:23-25)

Cristo dijo que la única forma de salvar nuestra vida es perderla. Es decir, la única forma de obtener la vida eterna es soltar ésta. Tenemos que estar dispuestos a dar la espalda a lo que este mundo nos ofrece.

El apóstol Pablo escribió: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después.” (Romanos 8:18) En otra carta escribió: “Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante.” (2Corintios 4:17). Lo que está diciendo es que cualquier sufrimiento que tengamos en esta vida no puede compararse con una eternidad en la presencia de Dios. Imagine una linea infinita. Sobre una linea así, ¿qué porción representaría la vida nuestra aquí sobre la tierra? Cualquier punto que dibujemos sería demasiado grande. Esta vida no es nada comparada con la que viene.

No es necio aquel que entrega lo que no puede guardarse para obtener lo que no puede perderse. No pierda tiempo en una vida que no puede guardarse si le va a costar la vida que no puede perderse.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy Archer


Morir = ganancia

Publicado por Timothy Archer - Abr. 02, 2009 | categorías Muerte, Vida

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Filipenses 1:21)

Me encanta ese versículo. Pablo, prisionero en una cárcel romana, esperando saber si lo van a ejecutar o no, escribe a sus hermanos en Filipos para animarlos. Les dice que no sabe cuál será el veredicto, pero quiere que sepan que a él no le importa. Para él, vivir es Cristo y morir es ganancia.

Podemos considerarlo como una expresión matemática.

Si x = vivir,
entonces morir = ganancia

¿Para cuáles valores de x resulta verdadera la expresión? ¿Dinero? ¿Pode? ¿Placer? ¿Familia? ¿Nuestro oficio? Ninguno de esos valores funcionan. ¿Cómo puede ser ganancia la muerte? Cuando nos concentremos en Cristo. Si lo sustituimos con cualquier otra cosa de este mundo, la ecuación no sale.

Si construimos nuestras vidas sobre la roca que es Cristo, no tenemos que temerle a la muerte. ¡Resulta ser ganancia para nosotros!


¿Qué dirán cuando no estés?

Publicado por Timothy Archer - Mar. 25, 2009 | categorías Muerte

Había dos hermanos en un pueblo que eran los hombres más ricos del lugar. También eran los más malvados e inmorales. Cuando uno de ellos murió, el otro fue al predicador de la iglesia local y le pidió que hiciera el funeral. Le dijo que donaría $25,000 a la iglesia si el predicador decía que su hermano fue un santo. “¡Pero no puedo hacer eso!” dijo el predicador, “Todo el mundo sabe la clase de hombre que fue su hermano.” Pero al pensarlo más se dio cuenta de que la iglesia necesitaba ese dinero. Así que el día del funeral se levantó y dijo, “Este hombre era un mentiroso, tramposo, ladrón, y malvado. Pero comparado con su hermano, era un santo.”

Algún día, cuando ya no estemos, alguien va a tener que decir unas palabras en cuanto a nosotros y nuestra vida. Cuando lo haga, ¿será una tarea fácil o difícil? ¿Le costará encontrar algo bueno para decir o le costará elegir entre tantas historias edificantes que se relatan de ti?

Recuerdo cuando estudiaba en Abilene Christian University, que había un predicador que predicó un sermón funeral que se hizo famoso. Salió en todos los periódicos del país. Jim Dotson fue el predicador en la Iglesia de Cristo en Brookwood Way en Mansfield, Ohio. Su sermón fue grabado en video y aún se puede ver en la biblioteca de ACU. El sermón de Dotson no se hizo famoso por su contenido ni por la destacada presentación (aunque dadas las circunstancias, la presentación fue destacada). El sermón funeral de Dotson se hizo famoso porque él predicó su propio funeral. Muriendo de cáncer, él mismo grabó el sermón que sería presentado en su propio funeral. Habló como los crisitianos hemos vencido a la muerte.

Es destacable predicar el propio funeral. Bueno, lo es y no lo es. Es notable grabarse a sí mismo hablando para que todos escuchen las palabras exactas que quieres que escuchen. Pero el hecho es que todos predicamos nuestro propio sermón funeral. Lo hacemos por la manera en que vivimos. No importa lo que el predicador diga en el servicio mismo, nuestra vida dejará su propio testimonio, para bien o para mal.

Asi que, ¿cómo suena tu sermón hasta ahora? Está lleno de humor e historias, pero poco contenido? ¿Es un ejemplo brillante de lo que todos querrían que fuera su vida? O, para tomar prestada una frase de un calendario que vi, ¿es  el propósito principal de tu vida servir de advertencia a otros?

Como predicador, te pediría un favor. Haz nuestro trabajo un poco más facil. No hagas que tengamos que buscar y revoler para encontrar algo bueno que decir cuando llegue el final. No nos hagas dificil encontrar las palabras de consuelo para los que quedan atrás. Vive de manera tal que tu funeral sea una celebración de triunfo, un recuerdo gozoso de una vida bien vivida.

Comienza a trabajar en tu sermón hoy.


Dónde la muerte es ganancia

Publicado por Timothy Archer - Ene. 13, 2009 | categorías Muerte, Vida

El apóstol Pablo escribió en Filipenses 1:21 “Para mí, vivir es Cristo y morir es ganancia.” Lo podemos pensar como si fuera una fórmula de matemática:

Si vivir = _____, morir = _____.

¿Cómo podemos cambiar la equación y obtener el mismo resultado? Si para mí vivir es dinero, morir es quedarme sin nada. Si para mí vivir es el placer, morir es perder todo. Si para mí vivir es mi trabajo o mi familia o el sexo o el poder o la política o mi país o lo que sea, morir no puede ser ganancia. Unicamente si basamos nuestras vidas en Jesucristo podremos salir ganando en el momento de nuestras vidas.

Gracia y paz,
Timothy Archer


El Poder De Una Vida

Publicado por Timothy Archer - Nov. 05, 2008 | categorías Buenas obras, Vida

Se cuenta la historia de Gordon Maxwell, misionero en India, que cuando le pidió a un estudioso hindú que le enseñara su idioma, el hindú respondió: “No, Sahib, no te enseñaré mi idioma, porque me convertirías en un cristiano.”

Gordon Maxwell respondió, “Me malentendiste. Simplemente quiero que me enseñes tu idioma.”

De nuevo el hindú respondió, “No, Sahib, no te enseñaré. Ningún hombre puede vivir contigo sin llegar a ser cristiano.” ¡Qué testimonio poderoso de la vida de este hombre!”

Jesús, en Su Sermón del Monte, dijo, “Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo” (Mateo 5:14-16)

Pedro también escribió en cuanto al efecto de nuestras acciones sobre otros: “Queridos hermanos, les ruego, como a extranjeros de paso por este mundo, que no den lugar a los deseos humanos que luchan contra el alma. Condúzcanse bien entre los paganos. Así ellos, aunque ahora hablen contra ustedes como si ustedes fueran malhechores, verán el bien que ustedes hacen y alabarán a Dios el día en que él pida cuentas a todos.” (I Pedro 2:11-12)

¿Has escuchado la vieja expresión: “Practica lo que predicas”? Para quienes nos rodean,es crucial. Decimos que Dios es amor; ¿vivimos en amor? Hablamos de nuestra devoción a Cristo; ¿mostramos esa devoción en nuestra vida diaria?

Otro viejo dicho dice:“A nadie le importa lo que sabes hasta que sabe que le importas.” Predicamos a la gente cada día con nuestras acciones. Nos ven y miran quiénes somos antes de que abramos la boca para declarar quiénes somos.

Cuando estudiaba comunicación en la universidad, aprendimos en cuanto a la comunicación no verbal,lo que hacemos que comunica sin palabras. El tono de voz, los gestos, las expresiones faciales… todo esto es parte de la comunicación no verbal. Aprendimos algo interesante. Cuando los mensajes verbales y los no verbales no concuerdan, la gente cree los mensajes no verbales. Probé esto con mis alumnos cuando era ayudante graduado. Dije a uno, “Estoy tan enojado contigo,” mientras que le di una gran sonrisa y un abrazo. Toda la clase estuvo de acuerdo en que yo no parecía enojado. Luego me di vuelta, y temblando de enojo grité: “¡No estoy enojado!” Nuevamente toda la clase escuchó el mensaje de la ira. Lo mismo sucede con nuestra vida cristiana. Podemos decirle a la gente del amor de Dios, pero si les mostramos otra cosa, desacreditamos nuestro mensaje. Es a lo que Pablo se refería cuando dijo en Romanos 2:24:“Con razón dice la Escritura: “Los paganos ofenden a Dios por culpa de ustedes.” Lo que hacemos puede acercar a la gente a Dios o llevarlos a hablar mal del cristianismo.

Que hagamos brillar la luz del evangelio en el mundo. Que nos vean como personas que nos amamos, que amamos a Dios, y que de verdad amamos a nuestros prójimos. Que vean vidas tan buenas que la única respuesta posible sea, “Ciertamente Dios está entre ellos.”

Gracia y paz,
Timothy


Enséñanos a Contar Nuestros Días

Publicado por Timothy Archer - Oct. 08, 2008 | categorías Muerte, Vida

Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche. Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca. Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”(Salmo 90:4-6, 12)

No me gusta “contar mis días.” No me gusta pensar que todos los planes que haga para el futuro tienen que hacerse con la calificación de “Si Dios quiere.” Para ser honesto, no me gusta pensar que soy mortal. No es que le tenga miedo a la muerte; simplemente no me gusta la inseguridad.

La muerte de Genaro García me recordó esto una vez más. Genaro era un joven de 19 años, fuerte y sano. Vino unas veces a nuestra clase de jóvenes de los miércoles. Su vida terminó de repente el lunes pasado cuando un arma se disparó inesperadamente.

Muchas veces vivimos nuestra vida como si no fuera a tener fin, dejando tantas cosas sin hacer, esperando “un momento más conveniente” para ocuparnos de los asuntos que tendrán importancia eterna.

¿Cuántas veces vivimos nuestra vida en el futuro en vez del presente? Los niños esperan ser adolescentes, los adolescentes esperan terminar la escuela, los jóvenes esperan comenzar una familia, los de edad media esperan retirarse, y así sucesivamente. Si vivimos hoy sólo pensando en el mañana, ¡qué tragedia será cuando el mañana no llegue!

No vivas tu vida pensando en el mañana, vive tu vida pensando en la eternidad. Aún si mañana no llega, la eternidad sí llegará. Aún si el sol no se levanta mañana, el Hijo reinará por siempre. Lo que importa hoy es lo que hago para estar listo para la vida eterna. Si podemos centrar nuestra vida en Cristo y Su Reino, nuestro futuro tomará una nueva seguridad. Pablo lo expresó tan bien estando en prisión ante la posibilidad de ser ejecutado: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filip. 1:21). Para la mayoría de la gente en este mundo, la muerte es el fin de todo. Es fracaso. Es derrota. Para el hombre que centra su vida en cristo, la muerte es ganancia. Es victoria. Es el comienzo de la vida verdadera, la vida eterna.

Al ir terminando otro año, a menudo nos detenemos a pensar cómo hemos vivido ese último año. Tomamos decisiones en cuanto a cómo viviremos el nuevo año. ¿Podría sugerir que no lo hagamos una vez al año, sino cada día? Decidamos cada día hacer de Cristo nuestra vida, vivir cada día a Su servicio, enfocarnos en las cosas que la muerte no puede quitar.

Que aprendamos a contar nuestros días. Que nos demos cuenta de que esta vida en la tierra no es sino un corto peregrinar y que nuestra vida verdadera está del otro lado.

Gracia y paz,
Timothy


La Vida

Publicado por Timothy Archer - Abr. 22, 2008 | categorías Fe, Vida eterna

Jim Eliot había decidido ir a Ecuador como misionero, llevando el evangelio a los indígenas que nunca habían escuchado de Jesucristo. Desafortunadamente perdió su vida en este esfuerzo, asesinado por los mismos indios a quienes quería enseñar. Sin embargo, más tarde su viuda, Elisabeth, pudo ir a esos mismos aborígenes y enseñarles de Jesús.

Años antes de ir a Ecuador, Jim había escrito en su diario unas palabras intrigantes: “No es ningún tonto el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder. ”Si lo piensas, es un dicho con mucho poder. No es tonto renunciar a esta vida (que no podemos retener) para ganar la que no podemos perder (la vida eterna). Lo que tengamos que hacer en esta vida para obtener la vida eterna ciertamente vale la pena.

Jesús lo afirmó en términos más fuertes. No sólo no es tonto renunciar a esta vida para obtener la vida eterna, es necesario. Escucha cómo Lucas lo explica: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23-25). Jesús dijo que la única manera de salvar nuestra vida es perdiéndola. Es decir, la única manera de obtener la vida eterna es soltando esta vida.

Jesús describe este proceso como “cargar la cruz.” En el primer siglo, cuando un hombre cargaba una cruz, iba en camino a su propia ejecución. Los romanos obligaban a los condenados a llevar su propia cruz hasta el lugar de crucifixión. Un hombre llevando una cruz era un “hombre muerto caminando.”

El apóstol Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). En otra carta, escribió: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más exce-lente y eterno peso de gloria;” (2 Corintios 4:17). Lo que está diciendo es que cualquier sufrimiento que pasemos en esta vida no es nada comparado con una eternidad en la presencia de Dios. Piensa en esto. ¿Qué tal si pudiéramos trazar una línea extendida por toda la eternidad? (Obviamente imposible, pero usa tu imaginación). En esa línea sin fin, ¿cuánto espacio dedicaríamos a nuestra vida en la tierra? Si dibujáramos el punto más ínfimo, un simple punto en esa línea, sería demasiado grande. Esta vida no es nada comparada con la que viene.

Desafortunadamente, estamos abrumados por lo que vemos y sentimos a nuestro alrededor. Hay un dicho en Argentina: “Mas vale malo conocido que bueno por conocer.” Conocemos esta vida y nos es familiar. Parece ser la vida verdadera; una vida eterna parece una fantasía. Esta vida y las cosas de este mundo nos pueden dominar tanto que podemos olvidarnos que esta vida no es nada comparada con la que viene. Alguien escribió una parábola para ilustrar esto:

Había una vez unos mellizos concebidos en el mismo vientre. Pasaron las semanas y se iban desarrollando. Al ir creciendo en conciencia, reían de gozo: “¿No es maravilloso que fuimos concebidos? ¿No es grandioso estar vivos?”

Juntos, los niños exploraron su mundo. Cuando encontraron el cordón umbilical que les daba la vida, cantaron felices: “Qué grande que es el amor de nuestra madre, que comparte su propia vida con nosotros!”

Al pasar los meses, notaron cuánto habían cambiado. “¿Qué significa esto?” preguntó uno. “Significa que nuestra estadía en este mundo se acaba,” dijo el otro. “Yo quiero quedarme aquí siempre, no me quiero ir,” dijo el primero. “No tenemos opción,” dijo el otro. “¡Pero quizás haya vida después del alumbramiento!”

“Pero, ¿cómo puede ser? Se nos caerá el cordón, y ¿cómo es posible la vida sin él? Además, hemos visto evidencia de que hubo otros aquí y ninguno ha regresado para decirnos para decirnos que hay vida después del nacimiento. No, este es el fin.”

Entonces aquel se deprimió diciendo, “Si la concepción, termina con el nacimiento, ¿cuál es el propósito de la vida en el vientre? No tiene significado. Quizás ni siquiera haya madre tampoco.” “Pero tiene que haber,” protestó el otro. “¿De qué otra manera llegamos aquí? ¿Cómo permanecemos vivos?

“¿Alguna vez has visto a nuestra madre?” dijo uno. “Quizás vive sólo en nuestras mentes. Quizás la inventamos, porque nos hacía sentir bien.

Y así los últimos días en el vientre fueron llenos de cuestionamientos y temor.

Finalmente llegó el momento del naci-miento. Cuando los mellizos pasaron de su mundo, abrieron sus ojos. Lloraron. Porque lo que vieron había excedido sus más grandes sueños.

Gracia y paz,
Timothy Archer



Copyright © 2010 - Hope For Life: Todos los derechos reservados

Mapa del Sitio | Contáctanos