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Quemado por el sol

Publicado por - Sep. 14, 2012 | categorías salvación

Mi cabeza se quema por el sol. Antes no, pero ahora tengo que cuidarme. Si salgo sin sombrero un día de sol, pasaré los próximos días con un picazón terrible. Por algún motivo, mi cabeza se quema más fácilmente que antes.

Quisiera decir que es por el efecto invernadero o por la capa de ozono, pero la verdad es… tengo menos pelo que antes. Con el paso de los años, mi cuerpo se va desgastando. Necesito anteojos para leer, me duelen las rodillas, y se me quema la cabeza.
Tengo lo que la Biblia llama un cuerpo corruptible. Se va desgastando. Pero la Biblia también dice que algún día voy a tener un cuerpo incorruptible, un cuerpo que no se desgastará nunca. Dios quería que tuviéramos siempre un cuerpo así, pero el hombre se rebeló contra Dios y el pecado nos afectó.

Según la Biblia, lo mismo pasa con esta tierra. Dice: “Porque la creación perdió su verdadera finalidad, no por su propia voluntad, sino porque Dios así lo había dispuesto; pero le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” (Romanos 8:20–21) Hoy en día vemos terremotos, tsunamis e inundaciones.

Algún día, todo eso desaparecerá. La creación será liberada. Los cristianos también. Recibiremos cuerpos que no se pondrán viejos ni débiles. Viviremos en un mundo perfecto. Y no se me quemará la cabeza.


Buscar y encontrar

Publicado por - May. 06, 2011 | categorías Dios

Querían que fuera un logro monumental. Hace miles de años, un grupo de hombres decidió unirse y construir una ciudad, una gran ciudad con una torre que roscararía el cielo. Su plan era hacerse un nombre, dejar una huella imborrable sobre el mundo.

Trabajando juntos, creían que podrían hacer lo que fuera. Inteligencia humana. Tecnología humana. Logros humanos. Cosas que permitirían que tuvieran prosperidad y que fueran reconocidos para siempre.

Era el plan humano. Pero no era el plan divino. Dios quería que dependieran de El, no que se apoyaran los unos en los otros.

Entonces Dios hizo que hablaran idiomas distintos, lo cual les llevó a dispersarse y formar naciones según sus idiomas. La ciudad se llamó Babel, lo cual suena como la palabra hebrea “confundido.”

Por muchos años, yo leía esta historia y solamente veía el castigo de Dios, un acto casi caprichoso de celos e ira. Luego alguien me señaló un pasaje del Nuevo Testamento, donde Pablo hablaba con un grupo de eruditos griegos en Atenas. Pablo les dijo:

De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir, para que busquen a Dios, y quizá, como a tientas, puedan encontrarlo, aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros. (Hechos 17:26-27).

Dios hizo esto para que los hombres le buscaran, en vez de buscar su propia gloria. Lo hizo para que intentaran hallarlo, en vez de depender los unos de los otros. Dios hizo lo que hizo en Babel para que los hombres lo encontraran.

Es interesante notar que no sabemos los nombres de estos constructores de Babel. No se registraron. Pero en el capítulo que sigue en el libro Génesis, encontramos a un hombre que no construyó ninguna ciudad ni ninguna torre, un hombre cuya construcción se limitaba a la construcción de altares. Dios se acercó a él y le dijo: “Engrandeceré tu nombre.” Lo que buscaban los de Babel, lo recibió un hombre humilde.

Ese hombre era Abraham, por supuesto, padre de tres religiones mundiales: el judaísmo, el islam y el cristianismo.

Hoy en día, tenemos a personas que buscan ser conocidas y recordadas. Tenemos a personas que buscan depender de la sabiduría humana y los logros humanos. Y todavía tenemos a un Dios que quiere que los busquemos y que lo encontremos. Por medio de El, seremos conocidos y reconocidos para siempre.


Es lindo ser escogido

Publicado por - Jan. 03, 2011 | categorías Dios, Hijos de Dios, salvación

Sin duda, la materia preferida mía de la primaria era el recreo. Me encantaban los deportes. Disfruté de cada momento que pasamos en las canchas alrededor de nuestra escuela.

Bueno, no de cada momento. Hubo momentos de tortura y humillación, de ansiedad y vergüenza: los momentos cuando eligieron los equipos.

Me encantaban los deportes, pero me faltaba la coordinación ojo mano. Era malo como deportista. Malísimo. Como era alto, podía defenderme en el básquet, pero en los otros deportes, solían escoger a las chicas antes que a mí. Esos momentos de esperar ser escogido eran momentos de angustia.

Luego, cuando tenía unos 12 años, pasó algo maravilloso. Mis habilidades alcanzaron mi altura. Llegué a estar entre los mejores deportistas de mi grado. De repente, la elección de equipos llegó a ser uno de los momentos que más disfrutaba. Es lindo ser escogido.

Al pasar por la vida, veo que siguen habiendo momentos cuando espero ser escogido. A veces, es cuando me he presentado para algún trabajo. Otras veces, son momentos sociales, cuando busco engancharme en alguna conversación. A veces se trata de la formación de algún comité o grupo de trabajo. Hasta el día de hoy, esos momentos pueden ser momentos ansiosos. ¿Me escogerán?

“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales. Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia.” (Efesios 1:3-4)

Dios nos escogió antes de la creación del mundo. No hacen falta los nervios. No hay que esperar ansiosamente. Hemos sido escogidos. Escogidos por Dios. El mundo puede aprobarnos o no. La gente puede seleccionarnos o no. No importa. Hemos sido escogidos por Dios.

Dios te escogió. Quiere que estés en su equipo. Más que eso, quiere que formes parte de su familia. Es lindo ser escogido.


La Casa Construida Por El Miedo

Publicado por - Oct. 06, 2010 | categorías Miedo, Muerte

¿Has sentido hablar de la Misteriosa Casa Winchester? Esta casa enorme en San José, California, es conocida por su tamaño y distribución única. Estuvo bajo construcción por 38 años, llegando a tener casi 160 habitaciones.

A pesar de su tamaño, la casa está incompleta. Hay docenas de puertas que se abren para revelar una pared. Hay otras que tiene manija de un solo lado. Hay puertas interiores que tienen tejido de alambre. La casa tiene escaleras que no van a ninguna parte, chimeneas sin estufa, y pisos transparentes.

La construcción demuestra una fascinación con el número 13. Todas las escaleras tienen 13 escalones. Las candelabras tienen 13 luces. Cada pared tiene 13 paneles. Cada puerta de vidrio tiene 13 secciones.

¿Quién construiría semejante casa?

La mansión se construyó por Sarah Winchester, viuda de William Winchester (de la familia Winchester que fabricaba los rifles famosos). Según versiones en la Internet, la edición de Junio 1937 de Modern Mechanix contiene la historia de la casa. Según la revista, después de la muerte de su marido y su hija infante, Sra. Winchester fue avisada por una adivina que tenía que construir una casa sin terminarla; si la casa llegara a terminarse, Sarah Winchester moriría.

Por esto, la viuda supersticiosa continuaba la construcción de la casa sin parar. Por supuesto, ese intento de esquivar la muerte fracasó. Sarah Winchester falleció el 5 de septiembre del 1922, y la construcción se acabó de inmediato. La casi sin terminar quedó como monumento al temor a la muerte.

¿Era Sarah Winchester la única persona que teme a la muerte? ¿Cuántas personas más harían lo que sea para evitar lo inevitable?

Un pasaje preferido mío se encuentra en Hebreos, y habla de ese mismo miedo: “Así como los hijos de una familia son de la misma carne y sangre, así también Jesús fue de carne y sangre humanas, para derrotar con su muerte al que tenía poder para matar, es decir, al diablo. De esta manera ha dado libertad a todos los que por miedo a la muerte viven como esclavos durante toda la vida.” (Hebreos 2:14-15) Jesucristo vino para liberar a los esclavizados por su miedo a la muerte.

Cristo venció a la muerte. Nos invita a compartir su victoria. No hay necesidad de vivir con miedo a la muerte. Tenemos un campeón que nos puede rescatar de ese miedo.

Construir una casa no nos libra de la muerte. Construir una relación con Jesús hace exactamente eso.


La paz

Publicado por - Jul. 16, 2010 | categorías Paz

paisaje tranquilizadorLa paz. En un sentido general, es la ausencia de conflicto. A nivel personal, puede significar muchas cosas…

La paz puede ser poder pagar todas las cuentas.

La paz puede ser terminar aquel proyecto en el trabajo.

La paz puede ser llegar a casa al final del día.

La paz puede ser pasar una noche sin pelearse con su cónyuge.

La paz puede ser no escuchar disparos en la oscuridad.

Cuando los judíos se saludan, dicen “shalom.” Paz. En árabe, el saludo es “salam,” con el mismo significado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo solía usar la frase “gracia y paz” en el comienzo de sus cartas. La paz es algo que deseamos tener y debemos desear lo mismo para los demás.

¿Y la paz con Dios? Para algunos, es un concepto muy abstracto. Tal vez nunca buscamos tener una relación con Dios. O lo intentamos, pero nos sentíamos indignos.

Algunos de nosotros nos sentíamos bien con Dios, pero ahora tenemos dudas. No tenemos el mismo sentimiento. Tal vez sea por algún pecado que se interpuso, algún pecado grande que nos dejó con una culpa duradera. O tal vez nos decepcionamos con Dios, creyendo que Dios nos falló en varias ocasiones. O puede ser que nos hayamos enfriado, sin olvidarnos de Dios, pero alejándonos de Su presencia.

Todo eso nos roba la paz. Para vencer tales sentimientos, tenemos que dejar de fijarnos en nosotros mismos. Tenemos que reconocer que no podemos merecer la salvación, no podemos ser “lo suficiente buenos” para Dios. Tenemos que fijarnos en Jesucristo y lo que El hizo para hacernos “buenos.”

Pablo escribió a los cristianos romanos: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1) La paz con Dios se logra por confiar en Cristo, confiar en Su amor y Su compasión para con nosotros. Cuando nuestra fe nos llevó a entregarnos a El en el bautismo, entramos en una relación con El que nos dará la paz que solamente Dios puede dar. No se trata de nosotros… se trata de Cristo y lo que El hizo por nosotros.

Si no siente tener paz con Dios, puede ser que esté fijándose en Ud. mismo. Tal vez esté intentando ganar la salvación por hacer buenas obras. Es hora de confiar en Cristo y Su poder de salvar. Solamente El puede ponerte en paz con Dios.

Gracia y paz,
Timothy


¿Me equivoqué en algo?

Publicado por - Jun. 02, 2009 | categorías Paz

trámitesA mí, no me gusta pagar impuestos. Sobre todo aquí en Estados Unidos. Nuestro código impositivo se ha vuelto muy complicado. En 1913, el código consistía de 400 páginas. En 2008, el código había llegado a 67 mil páginas; las instrucciones para el formulario básico ocupaban 155 páginas. Existe una industria entera de preparación de impuestos. Por eso, al hacer las declaraciones de impuestos cada año, la mayoría sentimos alguna ansiedad: ¿me equivoqué en algo?

Algunas personas se sienten así en cuanto a Dios. ¿Me equivoqué en algo? ¿Hice reparaciones por todas las cosas malas que hice? ¿Hice suficientes cosas buenas? ¿Pensé lo correcto, fui a los lugares indicados, dije todas las palabras necesarias? Aunque la Biblia no es tan larga como el código impositivo, las consecuencias de equivocarnos puede llenar nuestros corazones con miedo.

Si te sientes nervioso al pensar en estar frente de Dios en el Día de Juicio, quizás te sorprenden estas palabras del apóstol Pablo: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1)
¿Paz? ¿Paz con Dios? ¿Cómo podemos tener paz con Dios cuando tenemos que preocuparnos constantemente en cuanto a hacer todo exactamente bien? La respuesta sencilla es: no podemos hacerlo. Si estar bien con Dios depende de nosotros y lo que hemos hecho, nunca tendremos paz. Pero mira la primera parte de lo que dice Pablo: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe” Podemos tener paz con Dios porque nuestro futuro no depende de hacer todo perfectamente bien. Al escribir a la iglesia de Efeso, Pablo escribió: “Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios. No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada;” (Efesios 2:8-9). No se trata de lo que hemos hecho nosotros; es cuestión de ser salvos por la fe en el don que Dios nos ofrece.

Dios quiere que respondamos con fe, comprometiéndonos a cambiar nuestras vidas, lavando nuestros pecados en el bautismo. Pero nada de eso se hace como obra, nada de eso es para ganar la salvación. La salvación es un don gratuito que Dios nos da, y podemos estar seguros que Dios quiere darnos ese don. Podemos preocuparnos en el momento de hacer los impuestos, pero cuando de estar bien con Dios se trata, debemos sentir paz.


¿Qué me impide?

Publicado por - Mar. 06, 2009 | categorías Bautismo

eunuchHabía viajado más de 1500 kilómetros. Bajo el calor. Por caminos de tierra. Era etíope, convertido al judaísmo. Había ido desde Etiopía a Jerusalén para adorar. Había ido a Jerusalén para visitar el templo. Y no lo dejaron entrar.

Era eunuco. Hombre castrado. Según la ley de Moisés, ningún eunuco podría entrar en el templo. Mil quienientos kilómetros para que le digan que “No” en la entrada. Quizás lo sabía de antemano. Quizás había aceptado su suerte antes de emprender el viaje, estando dispuesto a contemplar el templo desde afuera. No lo sabemos, pero de todos modos, habrá sido frustrante.

Ahora, en el viaje a casa, está leyendo del libro de Isaías. Ese hecho en sí es sorprendente, dado la escasez de libros en tiempos antiguos. Habrá pagado mucho dinero para poder tener su propia copia de esta porción de las Escrituras. Quizás alguien le hubiera recomendado el libro de Isaías. El capítulo 56 habrá sido un capítulo preferido por los eunucos, donde leemos: “Porque el Señor dice: “Si los eunucos respetan mis sábados, y si cumplen mi voluntad y se mantienen firmes en mi alianza, yo les daré algo mejor que hijos e hijas; les concederé que su nombre quede grabado para siempre en mi templo, dentro de mis muros; les daré un nombre eterno, que nunca será borrado.” (Isaías 56:4-5) Algún día, tendrían su lugar en el templo.

Pero este eunuco no está leyendo ese capítulo. Está leyendo en el capítulo 53—““Fue maltratado, pero se sometió humildemente, y ni siquiera abrió la boca; lo llevaron como cordero al matadero, y él se quedó callado, sin abrir la boca, como una oveja cuando la trasquilan. Se lo llevaron injustamente, y no hubo quien lo defendiera; nadie se preocupó de su destino. Lo arrancaron de esta tierra, le dieron muerte por los pecados de mi pueblo.” (Isaías 53:7-8) Tales palabras le hubieran impactado, sobre todo en este viaje: maltratamiento, injusticia, sin descendencia. Las palabras le intrigaron. Cuando Felipe apareció y preguntó si entendía lo que leía, el eunuco confesó que no.

Felipe le explicó el pasaje, explicando las buenas noticias de Jesús. En esa explicación, Felipe habló del bautismo. El nuevo nacimiento. Un nuevo comienzo. Una nueva vida. Pero el eunuco sabía lo que le esperaba, entonces hizo la pregunta: “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” Adelante, Felipe. Dime las malas noticias. Yo lo viví en el templo. Llevo años viviéndolo. Dime. Ya lo sé. Estas noticias no son para eunucos. ¿Qué me impide? Me cuerpo mutilado. O mi nacionalidad. ¿Cuál es el problema esta vez?

La Biblia no nos dice cuál fue la respuesta de Felipe. Quizás no hizo falta decir nada. Quizás Felipe gritó con alegría: “¡Absolutamente nada!” Quizás se notaba en su cara. Lo que haya sido, el eunuco aprendió que no había ningún obstáculo esta vez, ningún impedimento, ningún cartel de “Prohibida la entrada a eunucos.” El camino a la vida estaba libre de obstáculos. Está libre de obstáculos, hasta el día de hoy.

¿Qué me impide? Absolutamente nada.


Palabras y palabras

Publicado por - Feb. 25, 2009 | categorías Bautismo, Vida nueva

bibliaExisten palabras “eclesiásticas.” Es decir, que solamente se usan en la iglesia, palabras como santificación, expiación, gracia, evangelismo, evangelio. Muchas veces ni los cristianos entienden de qué se tratan. Hay otras palabras que se utilizan de una forma dentro de la iglesia y otra fuera de ella.

Arrepentimiento es una palabra así. Cuando vemos lo que Dios quiere que hagamos para entrar en su familia, una de las cosas claves es el arrepentimiento. Tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados. Para poder arrepentirnos, tenemos que saber qué es.

Cuando era más joven, pensaba que el arrepentimiento era igual al remordimiento. Son conceptos relacionados, pero el arrepentimiento es más que remordimiento. Literalmente, “arrepentirse” significa dar la vuelta o cambiar el rumbo. Es la idea de estar caminando para un lado, dar un giro de 180 grados y caminar en la otra dirección. No es solamente sentirse mal por lo que uno ha hecho; es un cambio, un cambio de vida. Es un cambio de pensamiento que produce un cambio de vida.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribió a un grupo de nuevos cristianos y les dijo: “Ellos mismos hablan … de cómo ustedes abandonaron los ídolos y se volvieron al Dios vivo y verdadero para servirle” (1 Tesalonicenses 1:9) Eso es arrepentimiento. No es solamente dejar algo; es ir hacia otra cosa. Dejamos una vida para comenzar otra. Dejamos de buscar una meta y buscamos otra.

Pablo escribió a la iglesia en Roma: “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre.” (Romanos 6:4) Arrepentimiento y bautismo van juntos en la Biblia, por esa razón: en el bautismo, sepultamos nuestros seres viejos y salimos del agua con una vida nueva. Nacemos de nuevo, somos hechos nuevos. ¿Pero qué sentido tiene tener una vida nueva si va a ser exactamente como la anterior? ¿Para qué pasar por una sepultura si vamos a dejar que nuestro viejo hombre siga viviendo? La idea es que nos acerquemos a Jesús con fe, dejando nuestra vida vieja, sepultándola en agua, para comenzar de nuevo. Pero esta vez, en vez de alejarnos de Dios, vivimos una vida que nos lleva más cerca de Dios.

Aunque sea algo “eclesiástica,” arrepentimiento es una palabra buena. Nos ayuda entender lo que necesitamos hacer para acercarnos a Dios. Tenemos que dejar nuestra vida vieja y comenzar una nueva, por nuestra fe en Jesús. Si no lo has hecho, si no enterraste tu vida vieja en las aguas del bautismo para comenzar una nueva vida en Cristo, quiero ponerte en contacto con alguien que te ayudará hacerlo.

Gracia y paz,
Timothy Archer


La historia verdadera

Publicado por - Dec. 17, 2008 | categorías Jesucristo, Navidad, salvación, Vida eterna

Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Lo sabías, ¿no? Bueno, por lo menos, es muy poco probable. La iglesia primitiva usó esa fecha porque los romanos hacían una fiesta pagana ese día y ellos querían reemplazarla con algo más santo.

Los reyes magos no eran tres. Lo sabías ¿no? O tal vez sí. La Biblia habla de tres regalos pero los reyes pueden haber sido dos o tres o cien por lo que sabemos.

Y los reyes no fueron al pesebre. Lo sabías ¿no? Según la Biblia, ellos encontraron a la familia en una casa, probablemente meses después del nacimiento de Jesús.

Pero todo eso pierde importancia ante el hecho de que Dios vino a nuestro mundo. Se hizo carne. Nació en la forma de un niño judío. Vivió como hombre normal, pero era el Hijo de Dios. Murió en una cruz para darnos la esperanza de la vida eterna. Resucitó después de tres días y está sentado al diestro de su Padre. Algún día, vendrá de nuevo para juntar a los fieles, quienes reinarán con él para siempre.

La historia verdadera es siempre mejor que la leyenda. Que pasen lindas fiestas.

Gracia y paz,
Timothy

Foto por Moroder (Obra propia) [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

El Tesoro

Publicado por - Sep. 26, 2008 | categorías Dios, salvación

manto
Tras los años, me ha gustado un programa en la televisión sobre las antigüedades. En este programa, viajan por el mundo, y expertos en muebles, monedas, arte, ropa, etc., evaluan las cosas que la gente trae. Todo, desde la basura hasta los tesoros inesperados. Muchas veces, la gente que se acerca no tiene idea del valor de los artículos que traen. Algunos vienen por curiosidad; otros por querer mostrar alguna relíquia familiar. Algunos llegan desperados, esperado escuchar que tiene algo de mucho valor.

En un capítulo, un ancianito trajo un manto que había estado en la casa de su abuela. La tradición familiar decía que este manto había pertenecido a un vaquero famoso, Kit Carson. El experto, un señor llamado Don Ellis, le dijo al señor de edad avanzada que ese manto podría valer medio millón de dólares, no por la conexión con Carson, sino porque tenía gran valor histórico como ejemplo de artesanía indígena. Ellis lo llamó “un tesoro nacional.”

El dueño del manto, llamado Ted, se puso a llorar. Dijo, “Mis abuelos y mis padres eran tan pobres…” Estaba contento saber que tenía algo de valor, pero lamentaba el hecho de que su familia había pasado tanto tiempo sin saber lo que tenían. Vivían en la pobreza, mientras tenían un tesoro en su casa.

Yo veo a muchas personas que viven de esa forma todos los días. Tanto dolor, tanto sufrimiento, tan poca esperanza, mientras Dios ofrece lo que necesitan y lo ofrece gratuitamente. Ellos luchan para encontrar las fuerzas para enfrentar el día, mientras Dios quiere darles poder sin medida. Buscan sentido y propósito en la vida, mientras Dios espera con una perspectiva eterna que da sentido a todo. Estas personas luchan con culpa, remordimiento y vergüenza, mientras Dios ofrece perdón y un nuevo comienzo. El tesoro está disponible. Lo único que tienen que hacer es reconocer el valor de lo que Dios ofrece.

El apóstol Pablo escribió: “Porque ya saben ustedes que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos.” (2 Corintios 8:9). Dios nos ofrece riquezas increibles, no en lo material, pero en lo espiritual, riquezas que no se gastarán nunca. Lo único que tenemos que hacer es aceptar lo que El ofrece.

Tengo más para contarte. Deja un comentario aquí, dándome tu dirección, y te hablaré del tesoro que Dios ofrece.

Gracia y paz,
Timothy



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