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Dónde la muerte es ganancia

Publicado por Timothy Archer - ene. 13, 2009 | categorías Muerte, Vida

El apóstol Pablo escribió en Filipenses 1:21 “Para mí, vivir es Cristo y morir es ganancia.” Lo podemos pensar como si fuera una fórmula de matemática:

Si vivir = _____, morir = _____.

¿Cómo podemos cambiar la equación y obtener el mismo resultado? Si para mí vivir es dinero, morir es quedarme sin nada. Si para mí vivir es el placer, morir es perder todo. Si para mí vivir es mi trabajo o mi familia o el sexo o el poder o la política o mi país o lo que sea, morir no puede ser ganancia. Unicamente si basamos nuestras vidas en Jesucristo podremos salir ganando en el momento de nuestras vidas.

Gracia y paz,
Timothy Archer


La historia verdadera

Publicado por Timothy Archer - dic. 17, 2008 | categorías Jesucristo, Navidad, salvación, Vida eterna

Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Lo sabías, ¿no? Bueno, por lo menos, es muy poco probable. La iglesia primitiva usó esa fecha porque los romanos hacían una fiesta pagana ese día y ellos querían reemplazarla con algo más santo.

Los reyes magos no eran tres. Lo sabías ¿no? O tal vez sí. La Biblia habla de tres regalos pero los reyes pueden haber sido dos o tres o cien por lo que sabemos.

Y los reyes no fueron al pesebre. Lo sabías ¿no? Según la Biblia, ellos encontraron a la familia en una casa, probablemente meses después del nacimiento de Jesús.

Pero todo eso pierde importancia ante el hecho de que Dios vino a nuestro mundo. Se hizo carne. Nació en la forma de un niño judío. Vivió como hombre normal, pero era el Hijo de Dios. Murió en una cruz para darnos la esperanza de la vida eterna. Resucitó después de tres días y está sentado al diestro de su Padre. Algún día, vendrá de nuevo para juntar a los fieles, quienes reinarán con él para siempre.

La historia verdadera es siempre mejor que la leyenda. Que pasen lindas fiestas.

Gracia y paz,
Timothy

Foto por Moroder (Obra propia) [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Un niño en un pesebre

Publicado por Timothy Archer - dic. 09, 2008 | categorías Navidad

pesebre
Un niño en un pesebre

Para muchos de nosotros, ahí está Jesús. Un niño bonito acostado en un pesebre. Con sonrisas y balbuceos, se ve totalmente inofensivo. Nos llena de emociones lindas, tal como hacen los bebés. No escuchamos ni un llanto. Es el bebé perfecto.

Un niño en un pesebre

Nos conviene dejarlo ahí. Un niño inofensivo, que no exige nada. Ni tenemos que cambiar su pañal. Podemos vivir nuestras vidas sin pensar en él, y volver al pesebre para encontrar un bebé feliz.

Un niño en un pesebre

Con otras figuritas del pesebre, se saca una vez por año. Casi se pierde entre las ovejas y las vacas y los pastores y los reyes magos y los ángeles. Una pieza pequeña dentro de un juego más grande, se guarda con cuidado después de la Navidad, junto con Papá Noel y sus duendes, al lado del árbol de navidad y las luces.

Un niño en un pesebre

Lejos de mí. Lejos del mundo real. Guardado y almacenado. Ese bebé pertenece a otro tiempo, otra realidad. Una figura de la historia, quizás, o tal vez nada más que una parte de una leyenda que los hombres han pasado de generación en generación. Sea como sea, ese bebé pequeño no cabe dentro de las realidades del siglo veintiuno.

Un niño en un pesebre

Si así lo ves a Jesús, quiero animarte a leer lo que la Biblia dice en cuanto a él. Su nacimiento es una parte pequeña de la historia de Jesucristo, tan pequeña que ni se menciona en dos de los cuatro evangelios. El pesebre se pierde en la sombra de la cruz, ocultado por la realidad de la tumba vacía. Cristo no vino para ser un niño bonito. Vino para dar su vida en la cruz. Su vida giraba alrededor de ese momento. Habiendo dado su vida, fue sepultado, acostado en una piedra parecida al pesebre de piedra donde le acostaron cuando recién nació. Pero tal como dejó ese pesebre atrás, dejó atrás a la tumba también, convirtiéndose en Señor de Señores, venciendo a la muerte con un gran acto de triunfo.

¿Un niño en un pesebre? Para nada. El Señor resucitado se sienta a la diestra de Dios, ofreciendo vida y victoria a todos lo que le siguen. Cuando pase el 25 de diciembre, guarde ese bebé. Pero no crea que lo haya dejado en el pesebre. Ese pesebre se quedó en la historia.

Gracia y paz,

Timothy Archer


Piedras Vivas

Publicado por Timothy Archer - abr. 14, 2008 | categorías Jesucristo

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:42-43)

Los buenos materiales son esenciales para una buena construcción. El mejor constructor puede construir una estructura decente con materiales baratos, pero ésta no va a pasar la prueba del tiempo. Los constructores usan lo mejor.

En el mundo antiguo, la piedra más importante era la piedra angular. Los constructores elegían con cuidado un pedazo sólido de roca sobre la cual basar el resto de la construcción.

En el pasaje que Jesús cita del Salmo 118, una piedra que ha sido desechada hasta para el uso más básico en la construcción, ahora se ha convertido en la piedra más importante, la piedra angular. Jesús sigue diciendo que, a causa de este rechazo, el reino de Dios pronto sería transferido a otro grupo de gente. Pero para entender lo que dice sobre la piedra, es útil ver el comentario de Pedro en Hechos 4:8-12: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Pedro explica que “los edificadores” son los líderes judíos y dice que crucificar a Jesús fue el rechazo de esa piedra.

La resurrección de Jesús de entre los muertos elevó a Jesús a la posición de piedra angular, haciendo posible la salvación en El y sólo en El.

Más adelante en su vida, Pedro vuelve a estas palabras y a esta imagen cuando escribe su epístola: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:4-9)

Jesús no sólo llegó a ser piedra angular, también nos ha hecho a nosotros piedras vivas. No sólo fue declarado digno, también nos ha hecho a nosotros dignos y útiles. Podemos ser edificados en un templo de Dios si dejamos que nuestras vidas sean moldeadas en la Suya. Como piedras edificadas juntas sobre la Piedra Angular, podemos llegar a ser mucho más que si estuviéramos separados de El. Podemos llegar a ser un sacerdocio santo, una nación santa, un pueblo escogido por Dios. Como dijo Jesús, llegaremos a ser un reino de gente que produce los frutos del reino. Dios nos usará para traer gloria a Su santo nombre.

Muchos tropiezan sobre esta roca, muchos fallan en ver que no hay otro nombre debajo del cielo por el cual podemos ser salvos. Muchos tratan de edificar sus vidas ellos mismos, buscando una piedra angular sólida sobre la cual edificar, buscando la manera de sostener las cosas sin la ayuda del Maestro Constructor.

Pero nosotros somos piedras vivas. Somos el sacerdocio santo de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales de servicio a El. Buscamos declarar Sus alabanzas y producir el fruto de Su reino. Y dejamos que El nos edifique y nos transforme en la casa espiritual que El quiere que seamos.


No es para todo el mundo

Publicado por Timothy Archer - mar. 25, 2008 | categorías Cansancio, Jesucristo

desesperacion
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.” (Mateo 11:28-11:30)

Esta invitación de Jesús no es para todo el mundo. No digo que El no recibiría a todos ni que Su sacrificio tenía líimites. Digo que Jesús está llamando a los cansados. Los que sienten el peso del mundo. Los que no se conforman con las cosas como son.

Si nunca pasó por mal momento, si nunca se decepcionó, si nunca ha sufrido una pérdida, la invitación de Cristo no le llamará la atención. Si le gustan las guerras y el sufrimiento y el hambre y la enfermedad y todas las cosas que flagelan a nuestro mundo, no tendrá interés en el descanso que Jesús ofrece. Si no ha sentido el peso de la culpa o del remordimiento, un yugo livian no le sonará bien. No podrá apreciar lo que ofrece Cristo.

Pero la mayoría conocemos el cansancio. El agotamiento. Sabemos lo que es sentirnos oprimidos, sea por el peso de la preocupación o del pecado o de la enfermedad. Sabemos lo que es anhelar el descanso. Descanso para nuestras almas. Aunque sea un yugo que ofrece Jesús, es un yugo liviano. Estamos listos. Queremos aceptarlo. ¿Dónde firmamos?

A nosotros, Jesús dice: Vengan. Nos pondrá su yugo, nos enseñará y lo hará de una manera paciente y humilde. Vengan, El dice. Suelten sus cargas. Vengan. Conozcan el descanso y la paz. Encuentren el perdón y la gracia. Aprendan lo que es servir a un Amo paciente, quien busca aliviar nuestras cargas y hacer descansar a nuestras almas.

Esta invitación no es para todo el mundo. Pero es para mí. Y quizás sea para Ud. también.

No, the invitation isn’t for everyone. But I know it’s for me. And it just might be for you.


Cuando No Conocemos el Camino

Publicado por Timothy Archer - mar. 06, 2008 | categorías Jesucristo, salvación

Confieso que me entró el pánico. Estaba en Brasil, viajando con dos amigos, uno de ellos brasilero. Me sentía seguro viajando con alguien que conocía el idioma y que sabía exactamente adonde íbamos. Tomábamos un vuelo de San Pablo a Rio de Janeiro. Al momento de abordar, para llegar al avión, tuvimos que llegar hasta el en un bus. Mis dos colegas subieron en un bus, pero yo tuve que esperar el segundo. No me preocupaba, porque sabía que íbamos al mismo lugar. Los vi partir y subí tranquilamente al segundo bus.

Cuando llegamos al avión y fui a buscar nuestros asientos, ¡mis amigos no estaban! Tenían que estar, pues habían salido antes, pero no estaban en el avión. Ahí sí que sentí miedo. Pregunté, en castellano, a una de las azafatas si el avión iba a Rio de Janeiro. Hablar en castellano era un acto de desesperación, pero ella me entendió y me aseguró que yo estaba en el vuelo correcto. Me seguía dando información en portugués, pero ya no escuchaba pues mis amigos estaban entrando en la nave. Por algún motivo, su bus había tardado en llegar. Yo estaba en el lugar correcto.

La noche en que Jesús fue traicionado, les dijo a sus discípulos que El iba a prepararles un lugar. Les dijo que ellos sabían el camino adonde El iba. Tomás respondió: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” Y fue en ese momento que Jesús dijo estas palabras famosas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:3-6)

No conocer el camino es una sensación fea. Está bien cuando podemos depender de otra persona, pero cuando estamos solos, estar perdidos no es lindo. Afortunadamente, cuando se trata de nuestras vidas espirituales, siempre podemos conocer el camino. Cristo es el camino. Podemos confiar en El, sabiendo que El siempre nos llevará al lugar donde necesitamos estar. Para no sentirnos perdidos, lo único que necesitamos es conocer a Jesús.


La Enfermedad

Publicado por Timothy Archer - feb. 13, 2008 | categorías Jesucristo, Pecado, Perdón

DoctorComenzó con una mancha blanca. Nada doloroso, pero era para preocuparse. La ley era clara: Ud. tenía que hacerse revisar para ver si tenía La Enfermedad. Fue y le revisaron. El especialista le miró y le dijo: “Lo lamento. Lo tiene. Tiene que irse.” De repente, su vida dejó de existir en la forma que había existido. Tuvo que dejar su familia sin decir adiós, los amigos se enteraron con el tiempo que se había ido; dejó casa, trabajo, todo lo conocido. Se fue a vivir con otros que tenían La Enfermedad.

La Enfermedad, en los tiempos bíblicos, era lepra. Era una enfermedad contagiosa que se temía sobre todo. La lepra moderna no es la misma enfermedad, aunque es una enfermedad terrible. La gente tenía tanto miedo de la enfermedad antigua que tomaba medidas extremas para evitarla. Sobre todo, eso quiso decir aislamiento total para los que se habían enfermado. Ningún contacto, especialmente el contacto físico.

Los maestros del día conectaban la lepra con el pecado. Uno no estaba enfermo; estaba inmundo. No se sanaba; se limpiaba. Al limpiarse de la lepra, se hacía una ceremonia grande para mostrar a todos que ya no era un marginado. Pero ese día casi nunca llegó; si no llegaba, uno vivía el resto de su vida lejos de todo lo conocido, todo lo amado. JAMAS sentiría el toque de otro ser humano.

Jesucristo llegó y comenzó a sanar todas las enfermedades. Una de las primeras historias acerca de Jesús nos habla de un hombre con lepra que fue buscando sanidad. De rodillas, rogó a Cristo que lo sanara. Y lo hizo. Pero no sólo lo sanó, según los evangelios, Cristo tocó al leproso (Marcos 1:41). Por la primera vez en mucho tiempo, alguien tocó este hombre. No hacía falta tocarle para sanarle. En otras ocasiones, Cristo sanó desde cierta distancia. Pero Jesús sabía que este hombre necesitaba más que la sanidad… necesitaba ser tocado.

Cristo sigue tocando a los que tienen La Enfermedad. La Enfermedad para nosotros no es lepra. Es pecado. El pecado mutila… mata… aisla a la gente. Destruye vidas y separa a las personas. Tal como hizo ese día, Jesús hace más que sanar. Nos toca. Toca la necesidad más allá de la necesidad. Toca a los intocables. Borra no solamente la culpa del pecado, pero quita el aislamiento y dolor que causa. Nos hace volver de una vida de separación.

Vivo mi vida hablando con otros acerca del toque del Maestro y lo que significa para nosotros. Quisiera compartir esa noticia con Ud.

Gracia y paz,
Timothy


Nadar o No Nadar

Publicado por Timothy Archer - ene. 30, 2008 | categorías Gracia, Iglesia, Jesucristo

nataciónHace unos meses, comencé a ir a nadar, porque sentía que estaba fuera de estado. Unas semanas después, dejé la natación por la misma razón.

Mientras yo luchaba para cruzar la pileta, estaba muy consciente de los otros. Cuando llegaba a la orilla, me aferraba del costado, desesperadamente tratando de respirar. Ellos llegaban, hacían piruetas perfectas y seguían. Vuelta tras vuelta. Era doloroso para mí nadar y doloroso para ver. Ellos ejecutaban cada movimiento con perfección. En otras palabras, yo tenía vergüenza. Honestamente, a ellos no les importaba lo que hacía yo. Pero yo tenía tanta vergüenza que dejé la pileta, retirándome a la seguridad de la cinta caminadora y las bicicletas fijas. “Cuando esté en condición,” me dije, “Volveré a la pileta.”

Muchos de nosotros nos sentimos así cuando vamos a la iglesia o cuando pensamos en ir a la iglesia. Todos los demás se ven tan perfectos mientras nosotros nos damos cuenta de nuestras fallas. Otras personas ni se acercan a Dios por la misma razón. Pensamos que nos vamos a poner bien espiritualmente antes de ir a Dios. Si te has sentido así, tienes que darte cuenta que la iglesia es el lugar donde las personas van para enderezar sus vidas, no porque tienen vidas perfectas. En los tiempos de Jesucristo, muchos decían: “Hazte digno, y luego ven a Dios.” El mensaje de Cristo era todo lo contrario: “Ven a Dios y El te hará digno.” Dios arregla las vidas rotas. Jesucristo dijo, “No vino para llamar a los justos sino a los pecadores.” El busca a personas que necesitan ayuda en lo espiritual, no a personas que ya son perfectas.

Si no te sientes digno de nadar en la pileta de Dios, quiero invitarte a probar el agua de nuevo. Dios quiere ayudarme a estar en forma espiritualmente, y El quiere hacer lo mismo por ti. Está buscando a personas imperfectas, como nosotros.


Confesiones de un perfeccionista

Publicado por Timothy Archer - ene. 25, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo

blancoYo soy perfeccionista. Odio equivocarme. Cuando termino un proyecto, pocas veces estoy satisfecho. Siempre sé que lo podría mejorar. Siempre hay “una cosita más” que podría hacerse.

Una forma de soportar eso es decir “está suficientemente bien”. Podría dedicarle más tiempo y esfuerzo, pero esto es suficiente. “Suficiente” funciona para las cosas que no tienen importancia, ¿pero qué pasa con las cosas que sí importan? ¿Queremos que el cirujano se conforme con “suficientemente bien” cuando nos opera? ¿O qué el mecánico que revisa nuestro avión busca hacer “lo suficiente” en su trabajo?

Ese es el dilema que veo en mi vida. Quiero ser perfecto, pero no lo soy. A la vez, no quiero conformarme con “suficiente”. Quiero excelencia, pero me doy cuenta que no la alcanzo. Esa una lucha antigua. La única esperanza que encontré yo es el poder de Jesucristo. El puede ayudarme vivir como debo, y puede cubrir las fallas que cometo. Por medio de El y solamente por El puede este perfeccionista encontrar la paz. En Cristo, no tengo que ser perfecto. Jesús me hace perfecto. No solamente me dice lo que debo hacer; me ayuda hacerlo. Y cuando resisto e insisto en hacer las cosas a mi manera, El está ahí para perdonarme y arreglar mis errores.

Por fin encontré la perfección. Tengo que dejar de intentar ser perfecto por mi cuenta y dejar que Jesús me perfeccione. Fácil ¿no? Sé que algún día Cristo terminará su obra en mí y yo seré lo que siempre quise ser: perfecto.

Gracia y paz,
Timothy



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