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Una mujer distraída

Publicado por - Feb. 13, 2013 | categorías La meta

Leí hace poco en las noticias el caso increíble de una señora belga. Esta mujer quiso ir a una estación de trenes a unos 50 kilómetros de su casa. Pero terminó viajando miles de kilómetros, equivocadamente, llegando a Croacia, unos 1500 kilómetros lejos de dónde quería estar.. La policía dice que la mujer viajó por Francia, Alemania, Austria y Slovenia antes de llegar a Croacia.

¿Cómo se equivocó tanto? Confiaba en su sistema de GPS. Seguía las instrucciones por dos días. “Andaba distraída,” explicó la mujer.

¿Distraída? Cruzó cinco países y viajó por dos días, ¿y dice que andaba distraída?

Veo en esta mujer lo que veo en muchas personas. Andan distraídas por esta vida, sin prestar atención al rumbo que están tomando. Confían en guías ciegas, falsos expertos que les dan consejos equivocados. Luego se sorprenden cuando se encuentran lejos de su destino.

Dios nos ha trazado un mapa perfecto. El estableció la ruta que debemos seguir. No tenemos que buscar ningún GPS espiritual ni andar pidiendo a otras personas que nos indiquen el camino. Nosotros tenemos la Palabra de Dios para guiarnos por esta vida.

Busque una Biblia. Léala y estúdiela. Nosotros podemos enviarle estudios guiados para ayudarle a entender lo que lee. Nosotros no tenemos todas las repuestas, pero Dios sí, y sabemos dónde buscarlas, dónde encontrar lo que Dios tiene para decirnos.

No ande distraído por esta vida. No se extravíe a causa de malas indicaciones. Deje que Dios le guíe a su destino.


Dios utiliza a los miedosos

Publicado por - Aug. 04, 2011 | categorías Dios, Miedo, Perdón

A mí me gusta la historia de Gedeón en la Biblia. Gedeón era un israelita que vivía en tiempos en que una potencia extranjera invadía constantemente a su país. Estos invasores esperarían hasta que la cosecha estuviera lista, luego entrarían y llevarían todo el fruto de meses de trabajo. Eran tiempos terribles.

Dios utilizó a Gedeón para salvar a Su pueblo, usando un pequeño grupo de hombres armados con jarras y antorchas. Es una historia fascinante que puede leerse en los capítulos 6 y 7 del libro de Jueces, en la Biblia.

Hay un aspecto de esta historia que suele perderse. Gedeón era hombre miedoso. Vez tras vez, vemos que obra motivada por el miedo. La primera vez que lo vemos, está escondiéndose en un hoyo. Dios le dice que tira abajo un ídolo que se había erigido en su pueblo. Gedeón lo hace … de noche, porque tiene miedo.

Al día siguiente, la gente del pueblo viene a la casa de Gedeón, y Gedeón se esconde, mientras su papá convence a la multitud que no le hagan daño.

Más adelante en la historia, cuando Gedeón ha recibido unos cuantos mensajes de Dios, ha visto señales, ha levantado un ejército, Dios le dice que vaya al campamento del enemigo “si tienes miedo.” Gedeón va, porque todavía tiene miedo.

No estoy atacando a Gedeón. Estoy señalando todo esto para mostrar que Dios puede usar a cualquier de nosotros, aun a los miedosos. Dios transformó a Gedeón en el líder que su pueblo necesitaba.

Lo que me llama la atención son las primeras palabras que Dios tenía para Gedeón. Podemos leerlo en Jueces 6: “El ángel del Señor se le apareció y le dijo: —¡El Señor está contigo, hombre fuerte y valiente!” (Jueces 6:12)

¿Hombre valiente? ¿De veras? Este hombre estaba parado dentro de un hoyo. Escondiéndose. Un hombre que obraría de noche, por miedo. Un hombre que necesitaba a su padre para protegerlo. Un hombre que necesitaba milagros y señales a cada paso.

Me gusta. Me demuestra que Dios nos ve no cómo somos, sino cómo podremos ser. Me mira a mí, con todos mis miedos, y me dice: “Estoy contigo, hombre fuerte y valiente.” Me mira a mí, con todas mis fallas y flaquezas, y me dice: “Bien hecho, siervo fiel.” Me limpia de todo pecado, olvidándose de que me haya equivocado.

La historia de Gedeón es buena para gente como yo, gente que no es perfecta pero está dispuesta a permitir que Dios la haga perfecta. Tal vez sea buena para ti también.


Buscar y encontrar

Publicado por - May. 06, 2011 | categorías Dios

Querían que fuera un logro monumental. Hace miles de años, un grupo de hombres decidió unirse y construir una ciudad, una gran ciudad con una torre que roscararía el cielo. Su plan era hacerse un nombre, dejar una huella imborrable sobre el mundo.

Trabajando juntos, creían que podrían hacer lo que fuera. Inteligencia humana. Tecnología humana. Logros humanos. Cosas que permitirían que tuvieran prosperidad y que fueran reconocidos para siempre.

Era el plan humano. Pero no era el plan divino. Dios quería que dependieran de El, no que se apoyaran los unos en los otros.

Entonces Dios hizo que hablaran idiomas distintos, lo cual les llevó a dispersarse y formar naciones según sus idiomas. La ciudad se llamó Babel, lo cual suena como la palabra hebrea “confundido.”

Por muchos años, yo leía esta historia y solamente veía el castigo de Dios, un acto casi caprichoso de celos e ira. Luego alguien me señaló un pasaje del Nuevo Testamento, donde Pablo hablaba con un grupo de eruditos griegos en Atenas. Pablo les dijo:

De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir, para que busquen a Dios, y quizá, como a tientas, puedan encontrarlo, aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros. (Hechos 17:26-27).

Dios hizo esto para que los hombres le buscaran, en vez de buscar su propia gloria. Lo hizo para que intentaran hallarlo, en vez de depender los unos de los otros. Dios hizo lo que hizo en Babel para que los hombres lo encontraran.

Es interesante notar que no sabemos los nombres de estos constructores de Babel. No se registraron. Pero en el capítulo que sigue en el libro Génesis, encontramos a un hombre que no construyó ninguna ciudad ni ninguna torre, un hombre cuya construcción se limitaba a la construcción de altares. Dios se acercó a él y le dijo: “Engrandeceré tu nombre.” Lo que buscaban los de Babel, lo recibió un hombre humilde.

Ese hombre era Abraham, por supuesto, padre de tres religiones mundiales: el judaísmo, el islam y el cristianismo.

Hoy en día, tenemos a personas que buscan ser conocidas y recordadas. Tenemos a personas que buscan depender de la sabiduría humana y los logros humanos. Y todavía tenemos a un Dios que quiere que los busquemos y que lo encontremos. Por medio de El, seremos conocidos y reconocidos para siempre.


Posesiones Preciadas

Publicado por - Apr. 07, 2011 | categorías Dios

Tengo que confesar que me gustan mucho las películas de Disney/Pixar. Me encantan ver lo que hacen con peces e insectos y cosas parecidas. Sobre todo, me gustan las películas de “Toy Story.”

Hay una imagen en las películas que me encanta. Hay escenas importantes donde los juguestes muestran que su dueño ha escrito su nombre en ellos, enfatizando los lazos que existían entre él y ellos. Eran sus juguetes, sus posesiones preciadas.

Una razón por la cual me gusta esa imagen es que me hace pensar en lo que la Biblia dice de nuestra relación con Dios. Hablando con cristianos en el Filadelfia, en el Medio Oriente, Jesús les promete: “En ellos escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que viene del cielo, de mi Dios; y también escribiré en ellos mi nombre nuevo.” (Apocalipsis 3:12)

Me encanta esa idea, que Dios querrá mostrar a todos que los cristianos le pertenecen. El escribirá su nombre en nosotros.

El apóstol Pedro escribió:

“Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes Dios no les tenía compasión, pero ahora les tiene compasión.” (1 Pedro 2:9-10)

Somos pueblo de Dios. No éramos pueblo, pero ahora pertenecemos a Dios. Dios escribió Su nombre en nostros para todos lo vean. Dios no escogió para su posesión.

¿A quién pertenece Ud.? Puede pertenecer a Dios, entregarse a El y dejar que El escriba Su nombre en Ud. Puede ser su posesión preciada.


Conectados

Publicado por - Mar. 14, 2011 | categorías Dios

Tengo amigos en Facebook, seguidores en Twitter y contactos en LinkedIn. Recibo textos y mensajes de correo electrónico, comentarios y tweets. Me han buscado y me han solicitado. He sido recomendado y he sido sugerido. De vez en cuando, me llegan cartas tradicionales.

Tengo un teléfono en mi casa y otro en mi oficina. Tengo un celular que va donde yo me vaya. Puedo hablar por medio de la computadora también.

Hoy en día, existen muchísimas formas de estar conectados. Pero la gente se encuentra más sola y más aislada. Cuando llega el momento de compartir las cosas que realmente tienen valor, no encuentran quién les escuche.

Podemos hablar con muchas personas acerca del tiempo o la política. Nuestros amigos quieren hablar de los viejos tiempos, nuestros día en el colegio. Pero cuando llega el momento de revelar lo que hay dentro de nuestros corazones, ¿a dónde podemos ir?

Sugiero que busques a Dios. Utilizo las palabras del Salmo 139 para explicar por qué:

Señor, tú me examinas, tú me conoces.
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento.
Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda. (Salmo 139:1-4).

Dios me conoce y me entiende. Sabe lo que quiero decir aun cuando no sé decirlo.

¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar,
aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!
Y si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío»,
ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz! (Salmo 139:7-12).

Esté dónde esté, no tengo que estar sólo. Dios está ahí. La distancia no significa nada para El. La oscuridad no le es problema. Dios siempre está ahí para mí.

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. (Salmo 139:13-16).

No tengo que preocuparme por mi apariencia. No tengo que bajar de peso para agradarle a Dios. No tengo que usar la ropa correcta ni tener mi cabello en el corte indicado. Dios me conoce mejor de lo que me conozco a mí mismo.

Dios me entiende. Y siempre está conmigo. Me ama tal como soy. Tal vez no lo encuentre en Facebook ni en Twitter. Pero puedo tener una relación con El que sobrepasará toda relación que tenga aquí sobre la tierra.


Juntando riquezas

Publicado por - Dec. 01, 2010 | categorías Dios, Riquezas

Howard HughesSi leemos en cuanto a la primera parte de la vida de Howard Hughes es difícil no tenerle envidia. En 1966, fue identificado como la persona más rica del mundo. Su fortuna habrá sido el equivalente de 40 mil millones de dólares actuales.

En un viaje a Las Vegas, Hughes discutió con el dueño de uno de los casinos. ¿La solución? Hughes compró ese casino y varios más. Para él, el dinero era la respuesta para todo.

Hughes también era un gran mujeriego. Salía con varias de las actrices más hermosas de Hollywood, incluyendo a Ginger Rogers, Olivia de Havilland, y Katherine Hepburn.

En sus mejores épocas, Hughes era un aviador valiente e inventor incansable, logrando grandes avances en la ciencia de la aviación. Era industrialista, empresario y establecedor de récordes mundiales. Su avión de madera, el Spruce Goose, es el avión anfibio más grande de toda la historia, y es más alta y más ancha que cualquier otra aeronave.

Era un hombre que tenía todo. A pesar de eso, Hughes vivió los últimos veinte años de su vida como ermitaño. No salía en público. No permitía que se le sacaran fotos. Era hipocondríaco, con una fobia en cuanto a los gérmenes. No se cortaba ni el pelo ni la barba ni las uñas. Solamente veía a sus médicos y sus criados personales.

Llevaba una vida de miseria. Cuando murió, parecía un esqueleto. Murió sin la presencia de amigos ni familiares.

El dinero no es la repuesta para todo. No puede comprar la felicidad. No puede comprar la paz. Ni puede prolongar nuestras vidas.

Jesucristo dijo, “Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:20-21)

El apóstol Pablo dijo algo parecido:

“Mándales que hagan el bien, que se hagan ricos en buenas obras y que estén dispuestos a dar y compartir lo que tienen. Así tendrán riquezas que les proporcionarán una base firme para el futuro, y alcanzarán la vida verdadera.” (1 Timoteo 6:18-19)

Howard Hughes tenía dinero, pero no tenía riqueza. No tenía lo que Pablo llama “la vida verdadera.” Su vida era una pobre imitación de la vida, algo que nadie querría tener.

Si su vida se basa en el dinero y lo que el dinero puede comprar, nunca conocerá la vida verdadera. Si su riqueza no está en el cielo, perderá todo su valor algún día. Usted necesita a Dios y las riquezas que solamente El puede dar. Necesita construir su vida alrededor de las cosas que nunca pierden su valor, que nunca dejan de satisfacer.

Usted necesita a Dios.


La paz

Publicado por - Jul. 16, 2010 | categorías Paz

paisaje tranquilizadorLa paz. En un sentido general, es la ausencia de conflicto. A nivel personal, puede significar muchas cosas…

La paz puede ser poder pagar todas las cuentas.

La paz puede ser terminar aquel proyecto en el trabajo.

La paz puede ser llegar a casa al final del día.

La paz puede ser pasar una noche sin pelearse con su cónyuge.

La paz puede ser no escuchar disparos en la oscuridad.

Cuando los judíos se saludan, dicen “shalom.” Paz. En árabe, el saludo es “salam,” con el mismo significado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo solía usar la frase “gracia y paz” en el comienzo de sus cartas. La paz es algo que deseamos tener y debemos desear lo mismo para los demás.

¿Y la paz con Dios? Para algunos, es un concepto muy abstracto. Tal vez nunca buscamos tener una relación con Dios. O lo intentamos, pero nos sentíamos indignos.

Algunos de nosotros nos sentíamos bien con Dios, pero ahora tenemos dudas. No tenemos el mismo sentimiento. Tal vez sea por algún pecado que se interpuso, algún pecado grande que nos dejó con una culpa duradera. O tal vez nos decepcionamos con Dios, creyendo que Dios nos falló en varias ocasiones. O puede ser que nos hayamos enfriado, sin olvidarnos de Dios, pero alejándonos de Su presencia.

Todo eso nos roba la paz. Para vencer tales sentimientos, tenemos que dejar de fijarnos en nosotros mismos. Tenemos que reconocer que no podemos merecer la salvación, no podemos ser “lo suficiente buenos” para Dios. Tenemos que fijarnos en Jesucristo y lo que El hizo para hacernos “buenos.”

Pablo escribió a los cristianos romanos: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1) La paz con Dios se logra por confiar en Cristo, confiar en Su amor y Su compasión para con nosotros. Cuando nuestra fe nos llevó a entregarnos a El en el bautismo, entramos en una relación con El que nos dará la paz que solamente Dios puede dar. No se trata de nosotros… se trata de Cristo y lo que El hizo por nosotros.

Si no siente tener paz con Dios, puede ser que esté fijándose en Ud. mismo. Tal vez esté intentando ganar la salvación por hacer buenas obras. Es hora de confiar en Cristo y Su poder de salvar. Solamente El puede ponerte en paz con Dios.

Gracia y paz,
Timothy


Llama a la puerta

Publicado por - Jun. 29, 2010 | categorías Dios

“Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Apocalipsis 3:20)

Mira, yo estoy llamando a la puerta …

Es un proceso lento. Raras veces uno deja a Dios todo de golpe. Como una brasa que se apaga de a poco en un hogar, la fe desaparece de a poco y se reemplaza con el cinismo o, peor, con la apatía. En vez de tomar la decisión de no creer en Dios, muchas personas simplemente dejan de preocuparse por la existencia de Dios.

Yo estoy llamando a la puerta …

De igual manera, el pecado es un proceso gradual. Empieza con la tentación, como el dinero que queda al descuido en la tienda o la compañera de trabajo que nos presta mucha atención. Nuestros pensamientos enfocan esa tentación hasta que nazca el deseo. Un pecado pequeño se convierte en pecado grande, lo cual se convierte en estilo de vida. Nos despertamos y ni reconocemos la persona que hemos llegado a ser.

Si alguien oye mi voz …

Aun cuando nos damos por vencidos, Dios sigue creyendo en nosotros. Llama. Nos busca. Nos persigue. Acuérdate, este pasaje en Apocalipsis fue escrito a creyentes. Personas que conocían a Dios, pero que se habían extraviado. Como pastor que busca a su cordero perdido, Dios sale a la búsqueda de su gente.

Si alguien oye mi voz y abre la puerta …

Dios quiere estar de nuevo en nuestras vidas, pero no nos va a obligar a nada. Tenemos que abrir la puerta. Tenemos que responder a su llamada. Tenemos que decir, “Sí, yo quiero que estés en mi vida de nuevo.” Dios es el Creador Todopoderoso, pero ama tanto a sus hijos que sale a buscarlos. Los ama tanto que les da la posibilidad de escoger su destino. Busca. Llama. Nosotros tenemos que abrir la puerta.

Entraré en su casa …

Es lo que Dios quiere. Quiere estar en relación con nosotros, aun cuando nos hemos extraviado, aun cuando hemos hechos cosas que nos dan vergüenza. Ningún pecado es demasiado grande. Ninguna distancia es demasiado lejos. No existe puerta que no puede abrirse. Solamente tenemos que volver a él y abrir la puerta.

Entraré en su casa y cenaremos juntos.

Comer juntos es muy personal. El Señor del Universo quiere sentarse a la mesa con nosotros. Quiere tener una relación de amor con nosotros. Busca. Llama. Y espera que abramos la puerta.

“Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Apocalipsis 3:20)

Abre la puerta. Déjalo entrar. Borrará tu pasado y te dará un nuevo comienzo.


Dios te conoce

Publicado por - Feb. 12, 2010 | categorías Dios

nubesYa viejo, el apóstol Juan se encuentra en una especie de prisión, viviendo en exilio en la isla de Patmos. Es una isla pequeña, de 64 kilómetros cuadrados. Es un lugar desierto donde los prisioneros políticos son enviados para contemplar sus obras. El crimen de Juan es sencillo: es seguidor de Jesucristo.

Ahí sobre Patmos, Juan recibe una visión de Jesucristo, resucitado y victorioso. Jesús comparte con Juan un mensaje de esperanza y aliento para sus seguidores que están por enfrentar la persecución. Este mensaje, que se encuentra en el libro de Apocalipsis, se expresa en lenguaje simbólico, un estilo literario que se usaba en aquel entonces. Aunque mucho de lo escrito nos resulta extraño, los símbolos hubieran resultado familiares para los lectores originales.

Juan ve a Jesús parado en medio de siete candelabros, que Jesús define más adelante: “los siete candelabros representan a las siete iglesias” (Apocalipsis 1:20). Luego Juan recibe siete cartas para siete iglesias de la provincia romana de Asia, donde el emperador romano estaba por hacerles problemas a los cristianos.

Jesucristo empieza la carta diciendo: “El que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto” (Apocalipsis 2:1).

El mensaje de esta imagen es sencillo, pero importante: cuando los seguidores de Jesucristo viven momentos difíciles, él está en medio de ellos. No está lejos; anda en medio de las iglesias.

En cada carta, Jesús dice: “Yo conozco…” El conoce lo que han hecho. Conoce su situación. Conoce a los enemigos que les esperan y las luchas que tienen. Escribe como alguien que conoce por completo cada aspecto de sus vidas. El anda entre los candelabros.

Nada ha cambiado. Dios te conoce. Conoce las cosas que has hecho y los errores que has cometido. Conoce los obstáculos en tu camino y lo que has hecho frente a ellos. Conoce tus habilidades y tus posibilidades… mejor que tú.

Y no está lejos. Está cerca, esperando que busques su ayuda. Si estás viviendo persecución política o tentación sexual, Dios quiere darte las fuerzas para vencer lo que sea. El está cerca. Te conoce. Y te ama.


Gritos en la oscuridad

Publicado por - Feb. 10, 2009 | categorías Dios, esperanza, NuestraEsperanza.com

tormentaApenas se escuchaban las voces, voces que provenían de no sabía dónde. Hacía calor en el campamento de jóvenes, y dormíamos con las ventanas abiertas. Otro muchacho y yo escuchamos los gritos al mismo tiempo; nos saltamos de la cama y nos vestimos rápidamente. Salíamos corriendo hacia el río cuando uno de los encargados nos paró.

—¿Adónde van?
—Al río. Alguien está pidiendo auxilio.
—Sí, ya sé. El río está crecido y están atrapados. Por el momento, no podemos hacer nada.

Esos gritos me persiguen hasta el día de hoy. Gracias a Dios, puedo contarles que se rescataron todas las personas que estaban clamando ayuda en ese momento; lamentablemente, ocho personas ya habían sido llevadas por el agua. Como nos dijo el encargado, no podíamos hacer nada.

Escucho gritos similares casi todos los días, pidiendo ayuda, pidiendo auxilio. El hombre que se trasladó a otro país con su señora, encontrándose solo cuando ella falleció de repente. La mujer que quiere dejar la relación ilícita que tiene con su patrón. La madre cuyos hijos le han rechazado, abandonando la casa. El joven que dice, “He sido tan malo, ¿cómo podré recibir el perdón?” Piden ser rescatados. Sus voces resuenan en la noche.

En cierto sentido, no puedo hacer nada para ellos tampoco. Yo no. Pero conozco a un Dios que si viene a rescatar a la gente, que ofrece esperanza a los desesperanzados. El sí puede hacer algo. Por causa de él, puedo escribir a estas personas y decir, “Existe una salida.”

Si no exploró el sitio de NuestraEsperanza.com, quiero invitarle a hacerlo. Investigue un poco, leyendo los artículos. La próxima vez que escucha un grito de auxilio espiritual, dígale que visite nuestro sitio. No para buscarnos a nosotros, sino para buscar al Dios que nos ama tanto que envió a su Hijo para que otros tuvieran esperanza. Dígales que dejen de poner su fe en los hombres y que se dejen rescatar.

Sí hay algo que puedo hacer para los que gritan en la noche. Puedo contarles del Dios que vendrá a rescatarlos.



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