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El galileo pálido
Publicado por Timothy Archer - Sep. 02, 2010 | categorías Gozo
“Triunfastes, O galileo pálido; el mundo se ha tornado gris por tu aliento.”
Así se expresó el poeta Algernon Charles Swinburne en su obra “Himno a Proserpina.” Swinburne, quien vivió en la Inglaterra de la Reina Victoria, creía que la piedad cristiana había arruinado el gozo de la vida, prohibiendo las cosas que nos traen placer en esta vida. Anhelaba los días del paganismo y libertinaje.
Swinburne no era el primero ni el último en sentirse así en cuanto al cristianismo. Muchos miran a los cristianos y ven un grupo sombrío, con más prohibiciones en la vida que libertades. Como se dice por ahí, “Todo lo placentero es ilegal, inmoral o hace crecer la panza.”
Pero cuando miramos a Jesucristo, vemos otra cosa. Las personas le criticaban por no seguir las reglas. Iba a fiestas con las personas de mala fama. Mientras los otros religiosos llevaban vidas de austeridad, Cristo vivía de una forma que hacía que le acusaran de ser glotón y borracho. El primer milagro que hizo era de proveer vino para una boda. ¿Galileo pálido? No lo creo.
Somos nosotros, los cristianos, que no entendemos lo que deberíamos ser. Es un error común creer que la mejor forma de ser piadoso es decir que no a todo. Aun en los tiempos bíblicos, eso era problema. El apóstol Pablo escribió a un grupo de cristianos diciendo: “Ustedes han muerto con Cristo y ya no están sujetos a los poderes que dominan este mundo. ¿Por qué, pues, viven como si todavía fueran del mundo, sometidos a reglas tales como: “No toques eso, no comas aquello, no lo tomes en tus manos”?” (Colosenses 2:20-21) Se ve que en ese entonces existían los que creían que los cristianos eran seguidores de un galileo pálido.
En su libro “Una misericordia severa,” Sheldon Vanuaken escribió:
El mejor argumento a favor del cristianismo son los cristianos: su gozo, su certeza, su plenitud. Pero el mejor argumento en contra también son los cristianos — cuando son sombrías y carecen de gozo, cuando se creen mejor que los demás, cuando son sectarios y represivos, el cristianismo muere mil veces.
Si Ud. cree que el cristianismo es cuestión de seguir algún galileo pálido, no ha visto el cristianismo verdadero. La vida cristiana es una vida de gozo, no de tristeza. Es una vida de victoria, no de derrota. Es una vida de pasión, no de aburrimiento.
Tal como Swinburne, a mí no me interesa seguir ningún galileo pálido. Yo sé que Cristo ofrece vida abundante, vida exuberante, vida gozosa. ¿No debe ser así la vida?
La paz
Publicado por Timothy Archer - Jul. 16, 2010 | categorías Paz
La paz. En un sentido general, es la ausencia de conflicto. A nivel personal, puede significar muchas cosas…
La paz puede ser poder pagar todas las cuentas.
La paz puede ser terminar aquel proyecto en el trabajo.
La paz puede ser llegar a casa al final del día.
La paz puede ser pasar una noche sin pelearse con su cónyuge.
La paz puede ser no escuchar disparos en la oscuridad.
Cuando los judíos se saludan, dicen “shalom.” Paz. En árabe, el saludo es “salam,” con el mismo significado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo solía usar la frase “gracia y paz” en el comienzo de sus cartas. La paz es algo que deseamos tener y debemos desear lo mismo para los demás.
¿Y la paz con Dios? Para algunos, es un concepto muy abstracto. Tal vez nunca buscamos tener una relación con Dios. O lo intentamos, pero nos sentíamos indignos.
Algunos de nosotros nos sentíamos bien con Dios, pero ahora tenemos dudas. No tenemos el mismo sentimiento. Tal vez sea por algún pecado que se interpuso, algún pecado grande que nos dejó con una culpa duradera. O tal vez nos decepcionamos con Dios, creyendo que Dios nos falló en varias ocasiones. O puede ser que nos hayamos enfriado, sin olvidarnos de Dios, pero alejándonos de Su presencia.
Todo eso nos roba la paz. Para vencer tales sentimientos, tenemos que dejar de fijarnos en nosotros mismos. Tenemos que reconocer que no podemos merecer la salvación, no podemos ser “lo suficiente buenos” para Dios. Tenemos que fijarnos en Jesucristo y lo que El hizo para hacernos “buenos.”
Pablo escribió a los cristianos romanos: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1) La paz con Dios se logra por confiar en Cristo, confiar en Su amor y Su compasión para con nosotros. Cuando nuestra fe nos llevó a entregarnos a El en el bautismo, entramos en una relación con El que nos dará la paz que solamente Dios puede dar. No se trata de nosotros… se trata de Cristo y lo que El hizo por nosotros.
Si no siente tener paz con Dios, puede ser que esté fijándose en Ud. mismo. Tal vez esté intentando ganar la salvación por hacer buenas obras. Es hora de confiar en Cristo y Su poder de salvar. Solamente El puede ponerte en paz con Dios.
Gracia y paz,
Timothy
Jesús tiene lo que necesitas
Publicado por Timothy Archer - Jun. 21, 2010 | categorías Jesucristo
Cerca del final del primer siglo, la ciudad de Laodicea era un próspero centro comercial. Era una ciudad muy rica, una de las pocas municipalidades que rechazaron la ayuda del gobierno romano después del terremoto fuerte que sacudió la zona. Era un centro bancario al nivel mundial. La ropa que se fabricaba en Laodicea se vendía en todas partes del imperio, sobre todo las preciosas prendas de lana negra. Ubicada en la unión de tres rutas comerciales, la ciudad estaba en un sitio ideal para el comercio.
Además, una de las mejores escuelas de medicina se encontraba en Laodicea, famosa por el tratamiento de enfermedades ópticas. Ahí se preparaba un ungüento para los ojos que se enviaba a tierras lejanas.
Los de Laodicea tenían motivo de ser orgulloso, y parece que lo eran. Por eso, las palabras de Jesús a los cristianos en aquella ciudad habrán golpeado fuerte:
“Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.” (Apocalipsis 3:17-18).
¡Qué duro! Aunque Laodicea era famosa por su riqueza, Jesús les dice a los cristianos que son pobres. A los fabricantes de ropa negra, les dice que necesitan comprar la ropa blanca que él provee. A pesar de su fama en el tratamiento de problemas de ojos, Jesús les dice que son ciegos, necesitando la medicina que él puede dar.
¿Qué me diría a mí? ¿Cuáles puntos de orgullo señalaría, mostrando las fallas que tengo en lo que yo percibo como puntos fuertes? ¿Qué diría de mis posesiones, mis logros, mi jactancia? ¿Qué diría de mi autosuficiencia?
Yo sé lo qué diría. La verdad. Jesús ve mi yo verdadero. No ve la máscara que presento al mundo. Me ve a mí. Me conoce a mí.
Te conoce a ti también. Puedes engañar a todos lo que te rodean, pero Jesús te ve como eres de verdad. Sabe lo que necesitas. Yo no puedo conocerte perfectamente, pero puedo decirte que Jesús tiene lo que necesitas. Puede eliminar tu pobreza espiritual, cubrir tu desnudez emocional, sanar tu ceguera interior.
La gente de Laodicea necesitaba a Jesús. Les hacía falta lo que él tenía para ofrecerles, aunque no lo sabían. Aunque no lo sepas, tú lo necesitas también. Tal como yo. Que lo busquemos juntos.
Gracia y paz,
Timothy
¿Caliente, frio o tibio?
Publicado por Timothy Archer - Jun. 07, 2010 | categorías Pasión
La antigua ciudad de Laodicea tenía un problema con el agua. El problema era que no había agua. Por lo menos, no había dentro de la ciudad. Había aguas termales a unos 10 kilómetros, cerca de la ciudad de Hiérapolis. Esa agua no era potable y carecía de calor al transportarse a Laodicea. A más o menos la misma distancia, en dirección opuesta, se encontraban las manantiales de Denizli. Esa agua fresquita se entibiaba al llevarse a Laodicea por los acueductos, resultando ser una bebida desagradable. La única agua disponible era agua tibia.
Cuando Jesús se dirigió a los cristianos de esta ciudad, en el libro de Apocalipsis, usó un ejemplo que ellos entenderían muy bién: “Yo sé todo lo que haces. Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16) Es un imagen desagradable para describir una condición desagradable: cristianos sin pasión, que habían perdido su lealtad a Cristo.
Lamentablemente, el mundo ha visto muchos cristianos así. Mohandas Gandhi dijo: “Me gusta tu Cristo. No me gustan tus cristianos. Tus cristianos son tan diferentes a tu Cristo.” Al agnóstico Sheldon Vanuaken escribió:
El mejor argumento para el cristianismo son los cristianos: su gozo, su certeza, su plenitud. Pero el argumento más fuerte en contra del cristianismo también son los cristianos—cuando son austeros y sombríos, cuando pretenden ser mejores que uno en su consagración, cuando son estrechos y reprimidos, entonces el cristianismo muere mil muertos.
Si Ud. no es cristiano y solamente ha visto el cristianismo tibio, le ruego que mire de nuevo. Hay cristianos que han vencido esta apatía perpetua. Saben que ser cristiano no se trata de asistir una reunión a cierta hora. Es una forma de vida. Como dijo Vanuaken, tales cristianos son el mejor argumento a favor del cristianismo.
Si Ud. es cristiano, pero se encuentra con una fe tibia, quiero animarle a que vuelva a lo básico. Dedíquese al estudio bíblico y la oración. Hágase miembro activo de alguna iglesia. Conéctese con Dios cada semana, tomando la Cena del Señor.
A nadie le gusta lo tibio. Nadie quiere estar tibio. Y nadie quiere que Jesús los vomite de su boca. Busquemos la pasión en nuestras vidas espirituales.
Etiquetas cambiadas
Publicado por Timothy Archer - May. 03, 2010 | categorías Valores
Para hablar de los valores mal puestos de su tiempo, el filósofo danés Søren Kierkegaard relató una parábola moderna acerca de unos ladrones que entraron en una joyería de noche. En vez de robar, solamente cambiaron las etiquetas, marcando las cosas caras con precios económicos y poniendo precios altísimos en las joyas de fantasía.
Para mí, es una ilustración hermosa de lo que hizo Cristo al venir al mundo. Examinó los valores del mundo y declaró que estaban al revés. Las etiquetas estaban equivocadas. La grandeza, dijo Cristo, se encuentra en el servicio. Sacrificarse uno es la única forma de salvar su vida. El primero será el último y el último primero. Declaración tras declaración buscaba cambiar las prioridades y preferencias de la humanidad.
En Apocalipsis capítulo 2. encontramos estas palabras de Jesús, hablando con un grupo de cristianos: “Yo conozco tus sufrimientos y tu pobreza, aunque en realidad eres rico.” (Apocalipsis 2:9) Perseguidos y reprimidos por su fe, estos seguidores de Jesús estaban pasando por momentos difíciles económicamente. Pero Cristo los miró y los declaró ricos.
Luego Jesús mira otro grupo de creyentes y les dice: “Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” (Apocalipsis 3:17) Jesús no ve las cosas de la misma forma que el mundo las ve. Sabía que estos cristianos adinerados estaban en bancarrota por dentro
Las verdaderas riquezas no se miden con números. No se encuentran en almacenes ni depósitos. La riqueza verdadera no sube y baja con el mercado de valores. Un hombre puede tener mucho dinero y muchas posesiones, pero ser muy pobre. No podemos confiar en la opinión del mundo en cuanto a quién es rico y quién es pobre. Las etiquetas están mal puestas.
Entonces, ¿qué tiene valor? Las relaciones. Nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás. Dinero, salud, juventud, posesiones … son cosas temporarias que se van tan pronto como vienen. Estar bien con Dios es lo único eterno. Y no podemos estar bien con Dios si no estamos bien con la gente que nos rodea.
No confíe en las etiquetas que el mundo ha puesto sobre las cosas. Solamente Jesús nos puede decir qué tiene valor. Solamente Jesús nos puede hacer ricos de verdad.
Cristo tiene las llaves
Publicado por Timothy Archer - Feb. 01, 2010 | categorías Miedo, Muerte
Cerca del final de su vida, el apóstol Juan fue exiliado en la isla de Patmos, enviado ahí por su fe en Jesucristo. Mientras estaba en la isla, Juan tuvo una visión. Esa visión contenía un mensaje para otros cristianos quiénes también enfrentaban la persecución. Esa visión se encuentra en el libro de Apocalipsis en el Nuevo Testamento de la Biblia.
En el primer capítulo del libro, Juan ve a Jesucristo. No ve ni al niño Jesús en el pesebre ni el moribundo Jesús colgado de una cruz. Juan ve al Cristo victorioso, vestido con ropa brillante. Este Jesús tiene algo para decirles a sus seguidores:
“No tengas miedo; yo soy el primero y el último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:17-19)
Para estos cristianos que enfrentan la posibilidad inminente de morir por su fe, Jesús dice: “No tengan miedo. Estuve ahí. Y estoy de vuelta.” Y les dice algo sumamente importante: él tiene las llaves de la muerte y del Hades.
El Hades, para los que hablaban griego, era la morada de los muertos. Era el gran desconocido, el lugar donde iban todos después de salir de este mundo. Jesús dice: “No tengan miedo de la muerte ni de lo que viene después… ¡yo tengo las llaves para dejarles salir de ese lugar!”
¿Tiene Ud. miedo de la muerte? No debe tenerlo. En el libro de Hebreos, el autor dice que Jesús destruyó el poder de la muerte mediante su propia muerte para dar libertad a “a todos los que por miedo a la muerte viven como esclavos durante toda la vida.” (Hebreos 2:15) No tenemos que vivir temiendo a la muerte. Cristo murió, pero ahora vive. El entró en el lugar de los muertos y salió con las llaves. Podemos entrar en ese lugar misterioso sin miedo, sabiendo que Jesús tiene las llaves para dejarnos salir de nuevo.
Jesús prometió a sus discípulos que él construiría una iglesia y que “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18) Esas puertas no pueden detenernos ¡porque Jesús tiene la llave!
¡No tenga miedo! Jesús es la resurrección y la vida (Juan 11:25) Nos ha librado del temor de la muerte.
Gracia y paz,
Timothy
Morir = ganancia
Publicado por Timothy Archer - Abr. 02, 2009 | categorías Muerte, Vida
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Filipenses 1:21)
Me encanta ese versículo. Pablo, prisionero en una cárcel romana, esperando saber si lo van a ejecutar o no, escribe a sus hermanos en Filipos para animarlos. Les dice que no sabe cuál será el veredicto, pero quiere que sepan que a él no le importa. Para él, vivir es Cristo y morir es ganancia.
Podemos considerarlo como una expresión matemática.
Si x = vivir,
entonces morir = ganancia
¿Para cuáles valores de x resulta verdadera la expresión? ¿Dinero? ¿Pode? ¿Placer? ¿Familia? ¿Nuestro oficio? Ninguno de esos valores funcionan. ¿Cómo puede ser ganancia la muerte? Cuando nos concentremos en Cristo. Si lo sustituimos con cualquier otra cosa de este mundo, la ecuación no sale.
Si construimos nuestras vidas sobre la roca que es Cristo, no tenemos que temerle a la muerte. ¡Resulta ser ganancia para nosotros!
Palabras y palabras
Publicado por Timothy Archer - Feb. 25, 2009 | categorías Bautismo, Vida nueva
Existen palabras “eclesiásticas.” Es decir, que solamente se usan en la iglesia, palabras como santificación, expiación, gracia, evangelismo, evangelio. Muchas veces ni los cristianos entienden de qué se tratan. Hay otras palabras que se utilizan de una forma dentro de la iglesia y otra fuera de ella.
Arrepentimiento es una palabra así. Cuando vemos lo que Dios quiere que hagamos para entrar en su familia, una de las cosas claves es el arrepentimiento. Tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados. Para poder arrepentirnos, tenemos que saber qué es.
Cuando era más joven, pensaba que el arrepentimiento era igual al remordimiento. Son conceptos relacionados, pero el arrepentimiento es más que remordimiento. Literalmente, “arrepentirse” significa dar la vuelta o cambiar el rumbo. Es la idea de estar caminando para un lado, dar un giro de 180 grados y caminar en la otra dirección. No es solamente sentirse mal por lo que uno ha hecho; es un cambio, un cambio de vida. Es un cambio de pensamiento que produce un cambio de vida.
En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribió a un grupo de nuevos cristianos y les dijo: “Ellos mismos hablan … de cómo ustedes abandonaron los ídolos y se volvieron al Dios vivo y verdadero para servirle” (1 Tesalonicenses 1:9) Eso es arrepentimiento. No es solamente dejar algo; es ir hacia otra cosa. Dejamos una vida para comenzar otra. Dejamos de buscar una meta y buscamos otra.
Pablo escribió a la iglesia en Roma: “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre.” (Romanos 6:4) Arrepentimiento y bautismo van juntos en la Biblia, por esa razón: en el bautismo, sepultamos nuestros seres viejos y salimos del agua con una vida nueva. Nacemos de nuevo, somos hechos nuevos. ¿Pero qué sentido tiene tener una vida nueva si va a ser exactamente como la anterior? ¿Para qué pasar por una sepultura si vamos a dejar que nuestro viejo hombre siga viviendo? La idea es que nos acerquemos a Jesús con fe, dejando nuestra vida vieja, sepultándola en agua, para comenzar de nuevo. Pero esta vez, en vez de alejarnos de Dios, vivimos una vida que nos lleva más cerca de Dios.
Aunque sea algo “eclesiástica,” arrepentimiento es una palabra buena. Nos ayuda entender lo que necesitamos hacer para acercarnos a Dios. Tenemos que dejar nuestra vida vieja y comenzar una nueva, por nuestra fe en Jesús. Si no lo has hecho, si no enterraste tu vida vieja en las aguas del bautismo para comenzar una nueva vida en Cristo, quiero ponerte en contacto con alguien que te ayudará hacerlo.
Gracia y paz,
Timothy Archer
Un niño en un pesebre
Publicado por Timothy Archer - Dic. 09, 2008 | categorías Navidad

Un niño en un pesebre
Para muchos de nosotros, ahí está Jesús. Un niño bonito acostado en un pesebre. Con sonrisas y balbuceos, se ve totalmente inofensivo. Nos llena de emociones lindas, tal como hacen los bebés. No escuchamos ni un llanto. Es el bebé perfecto.
¿Un niño en un pesebre? Para nada. El Señor resucitado se sienta a la diestra de Dios, ofreciendo vida y victoria a todos lo que le siguen. Cuando pase el 25 de diciembre, guarde ese bebé. Pero no crea que lo haya dejado en el pesebre. Ese pesebre se quedó en la historia.
Gracia y paz,
Timothy Archer
Invitados a Entrar En La Familia
Publicado por Timothy Archer - May. 05, 2008 | categorías Dios, Jesucristo, salvación
Has sido invitado a llegar a ser un miembro de la familia de Dios. Sé que suena extraño: seres humanos comunes entrando en una relación con el Dios que los creó. Sin embargo, eso es exactamente lo que Dios nos ha ofrecido. Vas a escuchar hablar de esto en distintas maneras: salvación, nacer de nuevo, venir a Jesús, hacerse cristiano, etc. Aunque muchos otros términos son apropiados, me identifico mejor con la idea de entrar en la familia de Dios.
Es que como ves, Dios es un Dios de relaciones. Fue él quien vino buscando al hombre, no viceversa. La Biblia nos dice que fue el amor lo que motivó a Dios a alcanzar al hombre. Fue Dios el primero en hacer el gesto de intentar reparar nuestra relación quebrada.
“Pues de tal manera amó Dios al mundo que Dios a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
¿Pero qué pasó con nuestra relación con Dios? ¿Por qué necesitaba ser arreglada? Si El nos creó, ¿por qué no podemos simplemente estar con El? Como yo lo veo, todo se resume en la naturaleza de Dios. Por ejemplo, Dios es luz, entonces la oscuridad no puede estar donde él está. Dios es verdad, entonces todo lo que no sea verdad está lejos de él. Dios es vida, entonces la muerte es alejada de su presencia. Y Dios es santo, Dios es puro, Dios no puede ser tocado por el mal. Entonces cualquiera que ha hecho algo malo no puede vivir con Dios. Y ya que todos nosotros hemos hecho mal, ya que todos hemos pecado (para usar el término apropiado), no calificamos para estar dentro de la familia de Dios.
“…por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23)
¿Qué pasa si no entramos en una relación con Dios? Viene el día en que Dios separará para siempre a los que son suyos de los que no lo son. Los que estén con Dios disfrutarán de todo lo que El es: vida, luz, gozo, etc. Quienes han elegido no seguir a Dios no estarán con él y no tendrán ninguna de esas cosas. Un lugar sin Dios y sin las cosas que lo caracterizan será un lugar que sólo tendrá oscuridad, sufrimiento, y muerte.
Las manchas que deja el pecado duran toda la vida… Y más allá. Alguien que nunca ha pecado es el único que puede quitarlas. Es por eso que Dios envió a Su hijo Jesús. Jesús vino al mundo y vivió una vida sin pecado. Su muerte injusta nos abrió el camino para recibir el perdón de pecados. Su sangre inocente es capaz de lavar las manchas del pecado, haciendo posible que seamos santos como Dios, y que seamos adoptados en la familia de Dios. Estas son las buenas nuevas que Dios tiene para la humanidad: que a través de Jesucristo y su muerte, Dios ha provisto la manera por la cual la humanidad puede tener una plena relación con El.
“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5)
“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)
“…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:19)
La Biblia dice que cualquiera que cree en Jesucristo puede llegar a ser hijo de Dios. También nos dice que quienes creen en El pueden tener vida eterna. Obviamente esto significa mucho más que simplemente creer que Jesús existió; la clase de creencia que nos da esperanza implica creer que Jesús es quien dice ser y que él está permitiendo que sobre esa base nuestra vida tome forma.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…” (Juan 1:12)
Esta clase de creencia se llama fe. La fe lleva a la acción. Yo puedo creer que un hombre es doctor, pero no tener fe en él. Pero si tengo fe en un doctor, entonces voy a seguir sus instrucciones. No me enorgullezco de hacer lo que el doctor me dice que haga, simplemente es un símbolo de la fe que tengo en él.
Yo pensaba que la fe era simplemente creer. Hay un famoso ejemplo en la Biblia que nos ayuda a entender más sobre la fe y la obediencia. Muchos han oído la historia de Noé y el arca, cómo Dios advirtió a Noé de un diluvio inminente y le dijo que construyera un gran bote, un arca, para salvarse a sí mismo, a su familia, y a ejemplares de cada especie de animal.
Dios salvó a Noé por su misericordia. Noé de ninguna manera se ganó su salvación. Fue salvo por su fe en Dios. Sin embargo, ¿lo hubiera salvado esa fe si no hubiera construido el arca? No. ¿Hubiera alguno sido salvo sólo por construir un gran bote, aunque no creyeran en Dios? No. Sólo la fe, una fe obediente, puede salvar.
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)
Vemos en la Biblia que nuestra fe en Jesús nos llevará a hacer ciertas cosas. Abierta y públicamente confesaremos nuestra fe en él. Admitiremos nuestros pecados y haremos todo lo que podamos para no repetirlos (se hace referencia a esto como “arrepentimiento”). También seremos inmersos en agua, siendo bautizados, para simbolizar la sepultura de nuestra vida vieja y el comienzo de nuestra nueva vida como miembro de la familia de Dios.
“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)
“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:3-4)
Como miembros de la familia de Dios, se espera de nosotros que intentemos vivir de la manera que Dios quiere. El sabe que todavía cometeremos errores, y siempre está dispuesto a perdonarnos cuando lo hagamos. La familia de Dios no es perfecta para nada, pero se supone que debemos estar imitando a nuestro hermano mayor: Jesús. Puesto que El vivió una vida sin pecado, hacemos todo lo posible por eliminar el pecado de nuestra vida.
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” (1 Juan 3:1)
Espero que aprendas más en cuanto a la familia de Dios, lo que significa ser parte de su familia, y las cosas que necesitas hacer para ser adoptado en esa familia.
Que Dios te bendiga.


