Trasladado de prisión a prisión, Joe Almanza se encontró en una unidad de máxima seguridad en Lovelady, Texas. Era una noche calurosa de Agosto, y Joe se encontraba sirviendo un término de 10 años en prisión. Con una navaja en su mano, Joe consideraba la manera más rápida de salir de esa prisión: el suicidio. Habiendo nacido en lo que él llama una familia poderosa traficante de drogas, Joe iba ascendiendo en la Mafia mexicana en San Antonio. Al recibir un ascenso en el negocio de la familia, Joe cometió un error muy grande. “Teníamos una regla de que sólo podías vender drogas, no las podías usar,” dice Joe. El celebró con cocaína y pronto cayó en la desgracia familiar. Humillado y marginado, la adicción de Joe a las drogas se hizo cada vez más fuerte. Sus padres, que también estaban involucrados en el tráfico de drogas, buscaron ayudarlo enviándolo a centros de rehabilitación. Pero Joe no podía dejar el vicio.
Joe entró y salió de la cárcel a través de los años, pero finalmente se le dio una sentencia más larga cuando fue acusado de entregar e intentar distribuir heroína. Así es como se encontró con una navaja en su mano, eligiendo entre la vida y la muerte. Así es como se encontró enfrentando las preguntas que tantos de nosotros enfrentamos en algún momento:
¿Quién soy?
¿Hacia dónde voy?
¿Por qué me siento tan separado, tan excluido, sin Dios, sin esperanza?
En vez de matarse aquella noche, Joe decidió pedir a Dios una señal. Le pidió que le diera alguna señal de que Dios realmente tenía el control. Al día siguiente, se le dijo a Joe que lo iban a trasladar a una prisión de seguridad mínima en Navasota, Texas. Joe tomó esto como una señal de la misericordia de Dios. Eligió dedicar su vida a Dios.
Buscando material para leer en un bote de basura, Joe encontró un folleto de un curso por correspondencia. Un curso bíblico por correspondencia. “Encontré mi salvación en un bote de basura,” dice Joe. Le llevó cuatro años a Joe completar este curso. Al completarlo, recibió su primera visita de dos ministros de este curso. A Joe le conmovió la sinceridad de ellos y un pasaje que compartieron con él, Salmos 107:10-13: “Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los salvó de la aflicción.” Joe dice que este pasaje le salvó su vida.
Con la ayuda de sus nuevos amigos, Joe se preparó para el ministerio cristiano después de dejar la prisión. Ahora él dedica su vida a ayudar a gente que ha perdido la esperanza: drogadictos, prisioneros, y otros que enfrentan luchas similares a las suyas. Joe sabe lo que es vivir sin esperanza y conoce cuánto mejor es la vida con la esperanza que da Dios.
“Quizás Joe nació del lado equivocado de las vías,” dice Mike Salinas, su compañero en el ministerio y ex-convicto, “pero definitivamente subió al tren correcto y ahora todo su camino se dirige hacia el norte.”
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