Blog

Categorías » Vida eterna

Lo que no puede perderse

Publicado por - May. 14, 2009 | categorías Vida eterna

puesto de sol

Jim Eliot había decido ir a Ecuador, llevando las buenas noticias de Dios a las tribus indígenas que no habían escuchado de Jesucristo. Eventualmente perdió su vida en las selva ecuatoriana, asesinado por los mismos indios que buscaba enseñar. Más tarde, su viuda, Elisabet, fue al mismo pueblo indígeno y les enseñó acerca de Jesucristo.

Varios años antes de ir al Ecuador, Jim había escrito estas palabras: “No es necio aquel que entrega lo que no puede guardarse para obtener lo que no puede perderse.” Es un dicho llamativo. No es necio entregar esta vida (que no se puede guardar) para obtener la vida que no puede perderse (la vida eterna). Vale la pena hacer lo que tengamos que hacer en esta vida para obtener la vida eterna.

Jesús lo dijo en forma más directa. No solamente no es necio entregar esta vida para obtener la vida eterna, es necesario. Lucas escribió:

“Después les dijo a todos: —Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?” (Lucas 9:23-25)

Cristo dijo que la única forma de salvar nuestra vida es perderla. Es decir, la única forma de obtener la vida eterna es soltar ésta. Tenemos que estar dispuestos a dar la espalda a lo que este mundo nos ofrece.

El apóstol Pablo escribió: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después.” (Romanos 8:18) En otra carta escribió: “Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante.” (2Corintios 4:17). Lo que está diciendo es que cualquier sufrimiento que tengamos en esta vida no puede compararse con una eternidad en la presencia de Dios. Imagine una linea infinita. Sobre una linea así, ¿qué porción representaría la vida nuestra aquí sobre la tierra? Cualquier punto que dibujemos sería demasiado grande. Esta vida no es nada comparada con la que viene.

No es necio aquel que entrega lo que no puede guardarse para obtener lo que no puede perderse. No pierda tiempo en una vida que no puede guardarse si le va a costar la vida que no puede perderse.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy Archer


Un segundo más

Publicado por - Jan. 08, 2009 | categorías Vida eterna

reloj de arenaEl 31 de diciembre del 2008 era un día largo. Un segundo más largo de cualquier otro día del año. El Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia determinó que la rotación de la tierra es cada vez más lenta, mientras los relojes atómicos mantienen una hora consistente. La diferencia entre la hora oficial y la hora astronómica había llegado al punto que los reguladores quedaron en agregar un segundo a la hora oficial. Entonces, si le costó levantarse el primero de enero, quizás no sea por culpa de haberse quedado para el brindis la noche anterior; quizás haya sido por ese segundo extra.

En uno de los salmos, el escritor dice: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance sabiduría.” (Salmo 90:12) No creo que esté hablando de relojes atómicos. Nos está recordando que tenemos que reconocer que la vida es finita aquí sobre la tierra; acumulamos segundos, minutos, horas, días, etc. y llegamos a creer que nuestro tiempo no se acabará nunca. Pero tenemos que reconocer que no somos inmortales, que algún día nuestras vidas se terminarán. Según este salmo, atribuido a Moisés, no tendremos la capacidad de alcanzar la sabiduría hasta que reconozcamos nuestra mortalidad.

En el mismo salmo, Moisés escribe: “En verdad, mil años, para ti, son como el día de ayer, que pasó. ¡Son como unas cuantas horas de la noche!” (Salmo 90:4) También escribe: “Setenta son los años que vivimos; los más fuertes llegan hasta ochenta; pero el orgullo de vivir tanto solo trae molestias y trabajo. ¡Los años pronto pasan, lo mismo que nosotros!” (Salmo 90:10) Eso es lo que quiere decir “contar nuestros días.” Nuestros días son generalmente 70 u 80 años, pero para Dios mil años son como un día. El tiempo no significa nada para un Dios eterno.

Ese Dios eterno quiere compartir la eternidad con nosotros. Podemos conformarnos con 70 años, más o menos, o podemos permitir que Dios nos de una vida sin fin, una vida en que los días no tienen que contarse pues son infinitos. Los hombres pueden agregar un segundo a un día; Dios puede agregar una eternidad a cada día. Si Ud. quisiera compartir esa eternidad y no sabe cómo hacerlo, quiero conversar con usted. Escríbame o deje un comentario aquí. Se requiere nada más que un segundo, pero puede afectar toda la eternidad.


La historia verdadera

Publicado por - Dec. 17, 2008 | categorías Jesucristo, Navidad, salvación, Vida eterna

Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Lo sabías, ¿no? Bueno, por lo menos, es muy poco probable. La iglesia primitiva usó esa fecha porque los romanos hacían una fiesta pagana ese día y ellos querían reemplazarla con algo más santo.

Los reyes magos no eran tres. Lo sabías ¿no? O tal vez sí. La Biblia habla de tres regalos pero los reyes pueden haber sido dos o tres o cien por lo que sabemos.

Y los reyes no fueron al pesebre. Lo sabías ¿no? Según la Biblia, ellos encontraron a la familia en una casa, probablemente meses después del nacimiento de Jesús.

Pero todo eso pierde importancia ante el hecho de que Dios vino a nuestro mundo. Se hizo carne. Nació en la forma de un niño judío. Vivió como hombre normal, pero era el Hijo de Dios. Murió en una cruz para darnos la esperanza de la vida eterna. Resucitó después de tres días y está sentado al diestro de su Padre. Algún día, vendrá de nuevo para juntar a los fieles, quienes reinarán con él para siempre.

La historia verdadera es siempre mejor que la leyenda. Que pasen lindas fiestas.

Gracia y paz,
Timothy

Foto por Moroder (Obra propia) [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Conocer a Dios

Publicado por - Oct. 22, 2008 | categorías Vida eterna

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

Era la noche de la traición, en Getsemaní. Jesús oró la oración más larga que tenemos registrada (obviamente oró oraciones más largas, pero el contenido no se nos ha revelado). En esa oración, nuestro Señor nos dejó una definición de vida eterna.

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

Conocer a Dios.  Por medio de su Hijo. Esa es la esencia de la vida eterna.

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

Jesús nos dice que se trata de una relación. De hecho, si lees toda la Biblia, te das cuenta de que Dios se trata de una relación. El creó al hombre para estar en una relación con él. Eligió a la familia de Abraham para estar en una relación con él. Dio leyes a su pueblo para que puideran tener una relación con El. Les dijo una y otra vez que se enfocaran en la relación, no en cumplir leyes. Y finalmente, envió a su Hijo a morir, para que pudieramos reconciliarnos con El y tener esa relación, y que fuera una relación eterna.

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

El mandamiento más grande es amar a Dios. Todos los demás mandamientos son secundarios. Recuerda lo que Jesús dijo, “El que me ama, hace caso de mi palabra.” El amor viene primero. El amor trae obediencia, pero la obediencia no necesariamente trae amor.

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

Entonces ¿cómo anda tu vida eterna? Es decir, ¿cómo anda tu relación con Dios? ¿Te estás acercando a él, amándolo más, y buscándolo más en tu vida diaria? ¿Estás intentando conocerlo más y más?

Las relaciones no suceden así nomás. Requieren esfuerzo. Tienes que querer hacerlas funcionar. ¿Estás intentando mejorar tu relación con Dios? El mandamiento más grande es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, y fuerza. ¿Estás haciendo un esfuerzo por amar a Dios más?

“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”

Deseo que nuestros domingos juntos sean más un tiempo de alabanza. Deseo que conozcamos a Dios mejor, que lo amemos más, y que andemos más cerca de su lado.

Unete a mí en este esfuerzo. Hagamos nuestra meta el acercarnos más a Dios. Trabajemos juntos para adorarle, buscar su rostro, y experimentar su presencia en nuestras vidas.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy


La Vida

Publicado por - Apr. 22, 2008 | categorías Fe, Vida eterna

Jim Eliot había decidido ir a Ecuador como misionero, llevando el evangelio a los indígenas que nunca habían escuchado de Jesucristo. Desafortunadamente perdió su vida en este esfuerzo, asesinado por los mismos indios a quienes quería enseñar. Sin embargo, más tarde su viuda, Elisabeth, pudo ir a esos mismos aborígenes y enseñarles de Jesús.

Años antes de ir a Ecuador, Jim había escrito en su diario unas palabras intrigantes: “No es ningún tonto el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder. ”Si lo piensas, es un dicho con mucho poder. No es tonto renunciar a esta vida (que no podemos retener) para ganar la que no podemos perder (la vida eterna). Lo que tengamos que hacer en esta vida para obtener la vida eterna ciertamente vale la pena.

Jesús lo afirmó en términos más fuertes. No sólo no es tonto renunciar a esta vida para obtener la vida eterna, es necesario. Escucha cómo Lucas lo explica: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23-25). Jesús dijo que la única manera de salvar nuestra vida es perdiéndola. Es decir, la única manera de obtener la vida eterna es soltando esta vida.

Jesús describe este proceso como “cargar la cruz.” En el primer siglo, cuando un hombre cargaba una cruz, iba en camino a su propia ejecución. Los romanos obligaban a los condenados a llevar su propia cruz hasta el lugar de crucifixión. Un hombre llevando una cruz era un “hombre muerto caminando.”

El apóstol Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). En otra carta, escribió: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más exce-lente y eterno peso de gloria;” (2 Corintios 4:17). Lo que está diciendo es que cualquier sufrimiento que pasemos en esta vida no es nada comparado con una eternidad en la presencia de Dios. Piensa en esto. ¿Qué tal si pudiéramos trazar una línea extendida por toda la eternidad? (Obviamente imposible, pero usa tu imaginación). En esa línea sin fin, ¿cuánto espacio dedicaríamos a nuestra vida en la tierra? Si dibujáramos el punto más ínfimo, un simple punto en esa línea, sería demasiado grande. Esta vida no es nada comparada con la que viene.

Desafortunadamente, estamos abrumados por lo que vemos y sentimos a nuestro alrededor. Hay un dicho en Argentina: “Mas vale malo conocido que bueno por conocer.” Conocemos esta vida y nos es familiar. Parece ser la vida verdadera; una vida eterna parece una fantasía. Esta vida y las cosas de este mundo nos pueden dominar tanto que podemos olvidarnos que esta vida no es nada comparada con la que viene. Alguien escribió una parábola para ilustrar esto:

Había una vez unos mellizos concebidos en el mismo vientre. Pasaron las semanas y se iban desarrollando. Al ir creciendo en conciencia, reían de gozo: “¿No es maravilloso que fuimos concebidos? ¿No es grandioso estar vivos?”

Juntos, los niños exploraron su mundo. Cuando encontraron el cordón umbilical que les daba la vida, cantaron felices: “Qué grande que es el amor de nuestra madre, que comparte su propia vida con nosotros!”

Al pasar los meses, notaron cuánto habían cambiado. “¿Qué significa esto?” preguntó uno. “Significa que nuestra estadía en este mundo se acaba,” dijo el otro. “Yo quiero quedarme aquí siempre, no me quiero ir,” dijo el primero. “No tenemos opción,” dijo el otro. “¡Pero quizás haya vida después del alumbramiento!”

“Pero, ¿cómo puede ser? Se nos caerá el cordón, y ¿cómo es posible la vida sin él? Además, hemos visto evidencia de que hubo otros aquí y ninguno ha regresado para decirnos para decirnos que hay vida después del nacimiento. No, este es el fin.”

Entonces aquel se deprimió diciendo, “Si la concepción, termina con el nacimiento, ¿cuál es el propósito de la vida en el vientre? No tiene significado. Quizás ni siquiera haya madre tampoco.” “Pero tiene que haber,” protestó el otro. “¿De qué otra manera llegamos aquí? ¿Cómo permanecemos vivos?

“¿Alguna vez has visto a nuestra madre?” dijo uno. “Quizás vive sólo en nuestras mentes. Quizás la inventamos, porque nos hacía sentir bien.

Y así los últimos días en el vientre fueron llenos de cuestionamientos y temor.

Finalmente llegó el momento del naci-miento. Cuando los mellizos pasaron de su mundo, abrieron sus ojos. Lloraron. Porque lo que vieron había excedido sus más grandes sueños.

Gracia y paz,
Timothy Archer



Copyright © 2010 - Hope For Life: Todos los derechos reservados

Mapa del Sitio | Contáctanos