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Dignos de sufrir por él

Publicado por - Apr. 08, 2009 | categorías Sufrimiento

Vuelvo a decirles que nadie piense que estoy loco; pero si así lo piensan, déjenme que les hable como un loco, para que también yo pueda gloriarme un poco, aunque esta manera de gloriarme sea más bien una locura y no palabras que el Señor apruebe. ¡Ya que hay tantos que se glorían de sus propios méritos, también yo me gloriaré! Ustedes son muy sabios, pero soportan de buena gana a los locos, y soportan también a aquellos que los obligan a servir, que los explotan, que los engañan, que los tratan con desprecio o que los golpean en la cara. Aunque me da vergüenza decirlo, ¡nosotros fuimos demasiado débiles para portarnos así! Pero si los otros se atreven a jactarse, también yo me atreveré, aunque esto sea una locura. ¿Son ellos hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. ¿Son siervos de Cristo? Yo lo soy más que ellos, aunque al decir esto hablo como un loco. Yo he trabajado más que ellos, me han encarcelado más veces que a ellos, he sido azotado más que ellos, y muchas veces he estado en peligro de muerte. En cinco ocasiones los judíos me castigaron con los treinta y nueve azotes. Tres veces me apalearon, y una me apedrearon. En tres ocasiones se hundió el barco en que yo viajaba, y, a punto de ahogarme, pasé una noche y un día en alta mar. He viajado mucho, y me he visto en peligros de ríos, en peligros de ladrones, y en peligros entre mis paisanos y entre los extranjeros. También me he visto en peligros en la ciudad, en el campo y en el mar, y en peligros entre falsos hermanos. He pasado trabajos y dificultades; muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed; muchas veces no he comido; he sufrido por el frío y por la falta de ropa. Además de estas y otras cosas, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias. Si alguien enferma, también yo enfermo; y si hacen caer a alguno, yo me indigno. Si de algo hay que gloriarse, me gloriaré de las cosas que demuestran mi debilidad. El Dios y Padre del Señor Jesús, que es digno de alabanza por siempre, sabe que digo la verdad. Cuando estuve en Damasco, el gobernador que servía al rey Aretas puso guardias a las puertas de la ciudad, para que me arrestaran; pero hubo quienes me bajaron en un canasto por una ventana de la muralla de la ciudad, y así escapé de sus manos.” (2 Corintios 11:16-33)

Los que creen que la vida cristiana es una vida libre del sufrimiento deben leer este pasaje. Los que predican un mensaje de prosperidad deben leer este pasaje. Todos debemos leer este pasaje, pues nos enseña mucho acerca de cómo era la vida de un apóstol. Nosotros podemos pensar que lo más importante es que tengamos salud o dinero o una casa o muchas otras cosas. Pablo no lo veía así. Consideraba el poder sufrir por el evangelio como un privilegio. Lo que Pablo predicaba, lo predicaba por convicción, no por conveniencia.

En Hechos 14, cuando Pablo y Bernabé hablaban con los nuevos cristianos en las iglesias que habían plantado, les decía: “para entrar en el reino de Dios hay que sufrir muchas aflicciones.” A los romanos, Pablo les dijo:  “Y puesto que somos sus hijos, también tendremos parte en la herencia que Dios nos ha prometido, la cual compartiremos con Cristo, puesto que sufrimos con él para estar también con él en su gloria.” En esta misma carta de 2 Corintios, Pablo les dijo: “Tenemos una esperanza firme en cuanto a ustedes, porque nos consta que, así como tienen parte en los sufrimientos, también tienen parte en el consuelo.” El sufrimiento es parte de la vida cristiana. Es señal de que vamos por buen camino, que estamos en lo correcto. Tal como Cristo sufrió aquí en el mundo, sus seguidores tendrán momentos difíciles. A los filipenses, Pablo les dijo: “Pues por causa de Cristo, ustedes no solo tienen el privilegio de creer en él, sino también de sufrir por él.” Es un privilegio sufrir por Cristo. No se achiquen. No huyan del sufrimiento. Den gracias a Dios que les considere dignos de sufrir por él.

Gracia y paz,
Timothy Archer


Llegar a la meta

Publicado por - Aug. 12, 2008 | categorías La meta, Sufrimiento

pileta
Tenía unos 9 años. Estaba aprendiendo natación en una pileta municipal. Llegó el día en que me tomaban la prueba para ver si pasaría al curso intermedio. Eramos unos 15 que teníamos que cruzar la pileta y volver, haciendo distintos ejercicios en el camino. Veía que mis compañeros fracasaban, uno por uno. Luego me tocaba a mí fracasar, es decir, me tocaba intentar aprobar el examen. Estaba a la mitad de la pileta cuando sentí un ardor que me señalaba que me había entrado agua clorada en mi nariz. Paré de inmediato y fui a la orilla, dando por terminado el examen.

Uno de los instructores estaba ahí, un estudiante universitario con pelo largo. “¿Por qué paraste?” me gritó, con muy poca compasión.

“Me entró agua en la nariz,” fue mi explicación.

Y en ese momento ese joven desaliñado me enseñó una lección importante, sin querer. Se me asomó y me gritó: “¿Y qué?”

¿Y qué? Me sorprendió la pregunta. Me parecía lógico que la respuesta al dolor era eliminar lo que provocaba el dolor. Mi cerebro con sus 9 años no había captado el hecho de que una meta significante vale la pena lograr aunque tengamos que pasar por incomodidad para lograrla. Dándome cuenta de esa verdad, no encontraba razón por no terminar el examen. De hecho, lo hice con facilidad en mi próximo intento. Al verme hacerlo, casi todos los demás lo hicieron también.

A veces creo que Jesús dice “¿Y qué” con ternura al ver las cosas que me parecen tan importantes. Los obstáculos, las pruebas, las barreras que aparecen por mi camino no pueden compararse con la meta que me espera. El apóstol Pablo escribió: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después.” (Romanos 8:18) El plan de Dios para nosotros no es eliminar todo sufrimiento de nuestras vidas sino de enseñarnos a mirar más allá. Cuando Pablo y su compañero Bernabé visitaban las iglesias que habían comenzado, dijeron a los nuevos cristianos: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22). La noche antes de su crucifixión, Jesús les dijo a sus discípulos: “Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).

Si Ud. no es cristiano, debe saber que el camino no siempre será fácil en la vida cristiana. Pero le aseguro que la meta vale mucho más que cualquier dificultad que podamos encontrar. Tenemos que vivir la vida con los ojos puestos en la meta.



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