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La sanidad verdadera

Publicado por - Apr. 03, 2008 | categorías Bautismo, Fe, Sanidad

Mujer gozosa
Era domingo, 9 de marzo del 2008. Steve Ridgell y yo habíamos viajado a Cuba con los ministerios de Heraldo de la Verdad. Estábamos predicando en una reunión de la iglesia de Cristo en Matanzas. Utilicé el texto que había escogido de antemano, Marcos 2:1-12. La primera parte del texto describía la escena: “se juntó tanta gente que ni siquiera cabían frente a la puerta.” Había más de 400 personas cuando solamente había asientos para 300. Pero me sentía incómodo con otras partes del texto. Leía de la curación del paralítico, estando consciente de las personas en sillas de rueda en la parte de atrás. Me preguntaba cómo se sentían. Como hice en otros momentos al hablar de este pasaje, enfatizaba que Jesús ponía mucho más énfasis en perdonar los pecados de este hombre de lo que puso en sanarlo físicamente. Yo explicaba que nuestras necesidades físicas no pueden compararse con nuestras necesidades espirituales. Me preguntaba cómo recibirían mis palabras estas personas con necesidades físicas extraordinarias.

Después del sermón, uno de los hermanos cubanos extendió la invitación y nueve personas respondieron, listas para nacer de nuevo en las aguas del bautismo. Una persona me llamó la atención. Se acercaba en silla de ruedas, ayudada por una amiga tal como ese hombre de Marcos 2 fue ayudado por sus amigos. Estaba con suero. Le faltaba una pierna. Tenía grandes necesidades físicas.

Fue la primera en bautizarse. Esperé dentro del agua y alguien me la alcanzó. Ella profesó su fe en Jesús y yo la sumergí. Cuando salió del agua, nadie se fijo en su pierna. Todos miraron su cara. El gozo que se reflejaba ahí era algo que llamaba la atención. Gozo puro. No podía caminar. Todavía le faltaba la pierna. Seguía con sus enfermedades físicas. Pero sus pecados habían sido perdonados. Mi sermón en cuanto a la diferencia entre la sanidad física y la espiritual ya se olvidó. El sermón sin palabras que predicó esta mujer no se olvidará jamás. Ella lo vivió. Todos vieron que la sanidad física ya no importaba; ella había recibido sanidad espiritual. Fue curada en la manera que realmente tiene valor.



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