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Quemado por el sol

Publicado por - Sep. 14, 2012 | categorías salvación

Mi cabeza se quema por el sol. Antes no, pero ahora tengo que cuidarme. Si salgo sin sombrero un día de sol, pasaré los próximos días con un picazón terrible. Por algún motivo, mi cabeza se quema más fácilmente que antes.

Quisiera decir que es por el efecto invernadero o por la capa de ozono, pero la verdad es… tengo menos pelo que antes. Con el paso de los años, mi cuerpo se va desgastando. Necesito anteojos para leer, me duelen las rodillas, y se me quema la cabeza.
Tengo lo que la Biblia llama un cuerpo corruptible. Se va desgastando. Pero la Biblia también dice que algún día voy a tener un cuerpo incorruptible, un cuerpo que no se desgastará nunca. Dios quería que tuviéramos siempre un cuerpo así, pero el hombre se rebeló contra Dios y el pecado nos afectó.

Según la Biblia, lo mismo pasa con esta tierra. Dice: “Porque la creación perdió su verdadera finalidad, no por su propia voluntad, sino porque Dios así lo había dispuesto; pero le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” (Romanos 8:20–21) Hoy en día vemos terremotos, tsunamis e inundaciones.

Algún día, todo eso desaparecerá. La creación será liberada. Los cristianos también. Recibiremos cuerpos que no se pondrán viejos ni débiles. Viviremos en un mundo perfecto. Y no se me quemará la cabeza.


Es lindo ser escogido

Publicado por - Jan. 03, 2011 | categorías Dios, Hijos de Dios, salvación

Sin duda, la materia preferida mía de la primaria era el recreo. Me encantaban los deportes. Disfruté de cada momento que pasamos en las canchas alrededor de nuestra escuela.

Bueno, no de cada momento. Hubo momentos de tortura y humillación, de ansiedad y vergüenza: los momentos cuando eligieron los equipos.

Me encantaban los deportes, pero me faltaba la coordinación ojo mano. Era malo como deportista. Malísimo. Como era alto, podía defenderme en el básquet, pero en los otros deportes, solían escoger a las chicas antes que a mí. Esos momentos de esperar ser escogido eran momentos de angustia.

Luego, cuando tenía unos 12 años, pasó algo maravilloso. Mis habilidades alcanzaron mi altura. Llegué a estar entre los mejores deportistas de mi grado. De repente, la elección de equipos llegó a ser uno de los momentos que más disfrutaba. Es lindo ser escogido.

Al pasar por la vida, veo que siguen habiendo momentos cuando espero ser escogido. A veces, es cuando me he presentado para algún trabajo. Otras veces, son momentos sociales, cuando busco engancharme en alguna conversación. A veces se trata de la formación de algún comité o grupo de trabajo. Hasta el día de hoy, esos momentos pueden ser momentos ansiosos. ¿Me escogerán?

“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales. Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia.” (Efesios 1:3-4)

Dios nos escogió antes de la creación del mundo. No hacen falta los nervios. No hay que esperar ansiosamente. Hemos sido escogidos. Escogidos por Dios. El mundo puede aprobarnos o no. La gente puede seleccionarnos o no. No importa. Hemos sido escogidos por Dios.

Dios te escogió. Quiere que estés en su equipo. Más que eso, quiere que formes parte de su familia. Es lindo ser escogido.


La historia verdadera

Publicado por - Dec. 17, 2008 | categorías Jesucristo, Navidad, salvación, Vida eterna

Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Lo sabías, ¿no? Bueno, por lo menos, es muy poco probable. La iglesia primitiva usó esa fecha porque los romanos hacían una fiesta pagana ese día y ellos querían reemplazarla con algo más santo.

Los reyes magos no eran tres. Lo sabías ¿no? O tal vez sí. La Biblia habla de tres regalos pero los reyes pueden haber sido dos o tres o cien por lo que sabemos.

Y los reyes no fueron al pesebre. Lo sabías ¿no? Según la Biblia, ellos encontraron a la familia en una casa, probablemente meses después del nacimiento de Jesús.

Pero todo eso pierde importancia ante el hecho de que Dios vino a nuestro mundo. Se hizo carne. Nació en la forma de un niño judío. Vivió como hombre normal, pero era el Hijo de Dios. Murió en una cruz para darnos la esperanza de la vida eterna. Resucitó después de tres días y está sentado al diestro de su Padre. Algún día, vendrá de nuevo para juntar a los fieles, quienes reinarán con él para siempre.

La historia verdadera es siempre mejor que la leyenda. Que pasen lindas fiestas.

Gracia y paz,
Timothy

Foto por Moroder (Obra propia) [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

El Tesoro

Publicado por - Sep. 26, 2008 | categorías Dios, salvación

manto
Tras los años, me ha gustado un programa en la televisión sobre las antigüedades. En este programa, viajan por el mundo, y expertos en muebles, monedas, arte, ropa, etc., evaluan las cosas que la gente trae. Todo, desde la basura hasta los tesoros inesperados. Muchas veces, la gente que se acerca no tiene idea del valor de los artículos que traen. Algunos vienen por curiosidad; otros por querer mostrar alguna relíquia familiar. Algunos llegan desperados, esperado escuchar que tiene algo de mucho valor.

En un capítulo, un ancianito trajo un manto que había estado en la casa de su abuela. La tradición familiar decía que este manto había pertenecido a un vaquero famoso, Kit Carson. El experto, un señor llamado Don Ellis, le dijo al señor de edad avanzada que ese manto podría valer medio millón de dólares, no por la conexión con Carson, sino porque tenía gran valor histórico como ejemplo de artesanía indígena. Ellis lo llamó “un tesoro nacional.”

El dueño del manto, llamado Ted, se puso a llorar. Dijo, “Mis abuelos y mis padres eran tan pobres…” Estaba contento saber que tenía algo de valor, pero lamentaba el hecho de que su familia había pasado tanto tiempo sin saber lo que tenían. Vivían en la pobreza, mientras tenían un tesoro en su casa.

Yo veo a muchas personas que viven de esa forma todos los días. Tanto dolor, tanto sufrimiento, tan poca esperanza, mientras Dios ofrece lo que necesitan y lo ofrece gratuitamente. Ellos luchan para encontrar las fuerzas para enfrentar el día, mientras Dios quiere darles poder sin medida. Buscan sentido y propósito en la vida, mientras Dios espera con una perspectiva eterna que da sentido a todo. Estas personas luchan con culpa, remordimiento y vergüenza, mientras Dios ofrece perdón y un nuevo comienzo. El tesoro está disponible. Lo único que tienen que hacer es reconocer el valor de lo que Dios ofrece.

El apóstol Pablo escribió: “Porque ya saben ustedes que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos.” (2 Corintios 8:9). Dios nos ofrece riquezas increibles, no en lo material, pero en lo espiritual, riquezas que no se gastarán nunca. Lo único que tenemos que hacer es aceptar lo que El ofrece.

Tengo más para contarte. Deja un comentario aquí, dándome tu dirección, y te hablaré del tesoro que Dios ofrece.

Gracia y paz,
Timothy


Llegando a ser ciudadano

Publicado por - Jun. 23, 2008 | categorías Bautismo, salvación

pasaporteHace poco, una amiga llegó a ser ciudadana de los Estados Unidos. Después de vivir en Texas por varios años, decidió hacerse ciudadana. Llenó los formularios, tomó los exámenes, juró lealtad, y, por supuesto, pagó las tarifas necesarias. Es un trámite complicado.

Yo hice lo mismo de una manera más simple: soy ciudadano por nacimiento. Ningún formulario, ni examen, ni juramento, ni tarifa. Lo único que hice fue nacer en el lugar indicado. Mis hijos me ganaron. Ellos nacieron como ciudadanos de dos países, Estados Unidos y Argentina. Dos muchachos, cuatro pasaportes.

No son los únicos con nacionalidad doble. Aunque no tenga el pasaporte para demostrarlo, soy ciudadano de otra jurisdicción. Soy ciudadano del reino de Dios. No soy ciudadano naturalizado; nací en ese reino. De hecho, no existen ciudadanos naturalizados en el reino de Dios.

Durante el ministerio público de Jesús, un hombre llamado Nicodemo vino a verlo. Mientras hablaban, Jesús le dijo: “Te aseguro que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5) Hace falta un segundo nacimiento para llegar a ser ciudadano del reino de Dios, un nacimiento que incluye el agua y el Espíritu. El apóstol Pablo habló de este nuevo nacimiento cuando escribió: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4). Cuando un creyente en Jesús se bautiza, es sepultado bajo el agua y sale con una vida nueva. Es un nuevo nacimiento. Al escribirle a Tito, Pablo llamó este acto “el lavamiento de la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Regeneración… nueva vida… nacer de nuevo… es el mismo concepto.

Hace años nací en este mundo como ciudadano de los Estados Unidos. Unos 13 años después, nací una segunda vez al ser bautizado en agua, llegando a ser ciudadano del reino de Dios. Aunque no tengo pasaporte nuevo, esta segunda ciudadanía es tan real como la primera y mucho más importante. Cuando todos los pasaportes se habrán convertido en polvo, todavía tendré mi ciudadanía celestial.

Si Ud. quiere ser ciudadano del reino de Dios, no hay formularios para llenar, ni exámenes para rendir, ni dinero para pagar. No hay ciudadanos naturalizados en el reino de Dios. La única forma es nacer de nuevo, naciendo del agua y el Espíritu.

Gracia y paz,
Timothy


Ganando Un Premio

Publicado por - Jun. 19, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo, salvación

Hace poco, mi señora viajó a la Argentina. Ese viaje nos hubiera costado más de lo que podríamos pagar, pero resultó ser muy accesible. Pudimos pagar el viaje con kilómetros que habíamos acumulado con otros viajes (viajo mucho por mi trabajo). En el lenguaje de las lineas aéreas, habíamos ganado un premio.

Es un concepto popular. Muchas empresas nos ofrecen incentivos sobre las compras que hacemos. Viajamos y ganamos un viaje gratis. Nos quedamos en un hotel y acumulamos puntos. Usamos una tarjeta de crédito y nos dan premios. Compramos flores, visitamos la ferretería, alquilamos videos, comemos pizza… hay muchas cosas que nos ofrecen incentivos.

A mí me gusta recibir premios. Pero veo un problema cuando entendemos a Dios de la misma manera. Si hacemos cosas buenas, creemos que Dios está obligado a recompensarnos. Mucha gente lo ve así. Asegúrate de hacer suficientes cosas buenas y tu futuro estará garantizado.

Dios no funciona así. No espera que nosotros ganemos el premio que tiene para nosotros. No hay nada que podamos hacer para obligarle a Dios a nada. Lo que El da, lo da por gracia, no por obligación. Lo que El ofrece, lo ofrece gratuitamente, no por un precio. No hay plan de incentivos para llegar al cielo. Todo depende de Dios. El apóstol Pablo escribió: “ Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

No existe ningún Plan de Oradores Frecuentes, ni Miembros Eclesiásticos Dorados. Solamente está Jesús y Su sacrificio. Por aceptar lo que El hizo con una fe obediente, recibimos el premio que El ganó. Ese sí que es un plan maravilloso.

Gracia y paz,
Timothy


Invitados a Entrar En La Familia

Publicado por - May. 05, 2008 | categorías Dios, Jesucristo, salvación

Has sido invitado a llegar a ser un miembro de la familia de Dios. Sé que suena extraño: seres humanos comunes entrando en una relación con el Dios que los creó. Sin embargo, eso es exactamente lo que Dios nos ha ofrecido. Vas a escuchar hablar de esto en distintas maneras: salvación, nacer de nuevo, venir a Jesús, hacerse cristiano, etc. Aunque muchos otros términos son apropiados, me identifico mejor con la idea de entrar en la familia de Dios.

Es que como ves, Dios es un Dios de relaciones. Fue él quien vino buscando al hombre, no viceversa. La Biblia nos dice que fue el amor lo que motivó a Dios a alcanzar al hombre. Fue Dios el primero en hacer el gesto de intentar reparar nuestra relación quebrada.

“Pues de tal manera amó Dios al mundo que Dios a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

¿Pero qué pasó con nuestra relación con Dios? ¿Por qué necesitaba ser arreglada? Si El nos creó, ¿por qué no podemos simplemente estar con El? Como yo lo veo, todo se resume en la naturaleza de Dios. Por ejemplo, Dios es luz, entonces la oscuridad no puede estar donde él está. Dios es verdad, entonces todo lo que no sea verdad está lejos de él. Dios es vida, entonces la muerte es alejada de su presencia. Y Dios es santo, Dios es puro, Dios no puede ser tocado por el mal. Entonces cualquiera que ha hecho algo malo no puede vivir con Dios. Y ya que todos nosotros hemos hecho mal, ya que todos hemos pecado (para usar el término apropiado), no calificamos para estar dentro de la familia de Dios.

“…por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23)

¿Qué pasa si no entramos en una relación con Dios? Viene el día en que Dios separará para siempre a los que son suyos de los que no lo son. Los que estén con Dios disfrutarán de todo lo que El es: vida, luz, gozo, etc. Quienes han elegido no seguir a Dios no estarán con él y no tendrán ninguna de esas cosas. Un lugar sin Dios y sin las cosas que lo caracterizan será un lugar que sólo tendrá oscuridad, sufrimiento, y muerte.

Las manchas que deja el pecado duran toda la vida… Y más allá. Alguien que nunca ha pecado es el único que puede quitarlas. Es por eso que Dios envió a Su hijo Jesús. Jesús vino al mundo y vivió una vida sin pecado. Su muerte injusta nos abrió el camino para recibir el perdón de pecados. Su sangre inocente es capaz de lavar las manchas del pecado, haciendo posible que seamos santos como Dios, y que seamos adoptados en la familia de Dios. Estas son las buenas nuevas que Dios tiene para la humanidad: que a través de Jesucristo y su muerte, Dios ha provisto la manera por la cual la humanidad puede tener una plena relación con El.

“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5)

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)

“…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:19)

La Biblia dice que cualquiera que cree en Jesucristo puede llegar a ser hijo de Dios. También nos dice que quienes creen en El pueden tener vida eterna. Obviamente esto significa mucho más que simplemente creer que Jesús existió; la clase de creencia que nos da esperanza implica creer que Jesús es quien dice ser y que él está permitiendo que sobre esa base nuestra vida tome forma.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…” (Juan 1:12)

Esta clase de creencia se llama fe. La fe lleva a la acción. Yo puedo creer que un hombre es doctor, pero no tener fe en él. Pero si tengo fe en un doctor, entonces voy a seguir sus instrucciones. No me enorgullezco de hacer lo que el doctor me dice que haga, simplemente es un símbolo de la fe que tengo en él.

Yo pensaba que la fe era simplemente creer. Hay un famoso ejemplo en la Biblia que nos ayuda a entender más sobre la fe y la obediencia. Muchos han oído la historia de Noé y el arca, cómo Dios advirtió a Noé de un diluvio inminente y le dijo que construyera un gran bote, un arca, para salvarse a sí mismo, a su familia, y a ejemplares de cada especie de animal.

Dios salvó a Noé por su misericordia. Noé de ninguna manera se ganó su salvación. Fue salvo por su fe en Dios. Sin embargo, ¿lo hubiera salvado esa fe si no hubiera construido el arca? No. ¿Hubiera alguno sido salvo sólo por construir un gran bote, aunque no creyeran en Dios? No. Sólo la fe, una fe obediente, puede salvar.

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)

Vemos en la Biblia que nuestra fe en Jesús nos llevará a hacer ciertas cosas. Abierta y públicamente confesaremos nuestra fe en él. Admitiremos nuestros pecados y haremos todo lo que podamos para no repetirlos (se hace referencia a esto como “arrepentimiento”). También seremos inmersos en agua, siendo bautizados, para simbolizar la sepultura de nuestra vida vieja y el comienzo de nuestra nueva vida como miembro de la familia de Dios.

“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:3-4)

Como miembros de la familia de Dios, se espera de nosotros que intentemos vivir de la manera que Dios quiere. El sabe que todavía cometeremos errores, y siempre está dispuesto a perdonarnos cuando lo hagamos. La familia de Dios no es perfecta para nada, pero se supone que debemos estar imitando a nuestro hermano mayor: Jesús. Puesto que El vivió una vida sin pecado, hacemos todo lo posible por eliminar el pecado de nuestra vida.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” (1 Juan 3:1)

Espero que aprendas más en cuanto a la familia de Dios, lo que significa ser parte de su familia, y las cosas que necesitas hacer para ser adoptado en esa familia.

Que Dios te bendiga.


Cuando No Conocemos el Camino

Publicado por - Mar. 06, 2008 | categorías Jesucristo, salvación

Confieso que me entró el pánico. Estaba en Brasil, viajando con dos amigos, uno de ellos brasilero. Me sentía seguro viajando con alguien que conocía el idioma y que sabía exactamente adonde íbamos. Tomábamos un vuelo de San Pablo a Rio de Janeiro. Al momento de abordar, para llegar al avión, tuvimos que llegar hasta el en un bus. Mis dos colegas subieron en un bus, pero yo tuve que esperar el segundo. No me preocupaba, porque sabía que íbamos al mismo lugar. Los vi partir y subí tranquilamente al segundo bus.

Cuando llegamos al avión y fui a buscar nuestros asientos, ¡mis amigos no estaban! Tenían que estar, pues habían salido antes, pero no estaban en el avión. Ahí sí que sentí miedo. Pregunté, en castellano, a una de las azafatas si el avión iba a Rio de Janeiro. Hablar en castellano era un acto de desesperación, pero ella me entendió y me aseguró que yo estaba en el vuelo correcto. Me seguía dando información en portugués, pero ya no escuchaba pues mis amigos estaban entrando en la nave. Por algún motivo, su bus había tardado en llegar. Yo estaba en el lugar correcto.

La noche en que Jesús fue traicionado, les dijo a sus discípulos que El iba a prepararles un lugar. Les dijo que ellos sabían el camino adonde El iba. Tomás respondió: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” Y fue en ese momento que Jesús dijo estas palabras famosas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:3-6)

No conocer el camino es una sensación fea. Está bien cuando podemos depender de otra persona, pero cuando estamos solos, estar perdidos no es lindo. Afortunadamente, cuando se trata de nuestras vidas espirituales, siempre podemos conocer el camino. Cristo es el camino. Podemos confiar en El, sabiendo que El siempre nos llevará al lugar donde necesitamos estar. Para no sentirnos perdidos, lo único que necesitamos es conocer a Jesús.


¿Quién No Quieres Que Se Salve?

Publicado por - Mar. 03, 2008 | categorías Gracia, salvación

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¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Para Jonás sí había. Muchos nos recordamos de Jonás, cómo huyó de Dios y terminó siendo tragado por una gran pez. Pero a veces nos olvidamos de por qué Jonás huyó de Dios. Dios le había dicho que fuera a Níneve para predicar, para anunciar la destrucción de la ciudad. Nínive era la ciudad capital del imperio asirio, el país más poderoso del mundo. Eran enemigos de Jonás y sus compatriotas, los israelitas. Jonás no quiso ir, y por eso huyó.

Y ¿por qué no quiso ir? ¿Tenía miedo de los asirios? O ¿será que tenía miedo de fracasar? No. Jonás tenía miedo del éxito. Tenía miedo de que si anunciara a los ninivitas su próxima destrucción, ellos se arrepentiría y Dios los perdonaría. ¡Y eso es lo que pasó! Luego, la Biblia nos dice: “A Jonás le cayó muy mal lo que Dios había hecho, y se disgustó mucho. Así que oró al Señor, y le dijo: —Mira, Señor, esto es lo que yo decía que iba a pasar cuando aún me encontraba en mi tierra. Por eso quise huir de prisa a Tarsis, pues yo sé que tú eres un Dios tierno y compasivo, que no te enojas fácilmente, y que es tanto tu amor que anuncias un castigo y luego te arrepientes. Por eso, Señor, te ruego que me quites la vida. Más me vale morir que seguir viviendo.” (Jonás 4:1-3)

Jonás estaba enojado con Dios, tan enojado que quería morir. ¿Por qué? Porque Dios es un Dios misericordioso. Jonás no quería ver la salvación de sus enemigos, no quería quedar mal, anunciando algo que no sucedería.

Vuelvo a preguntar. ¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Quiero decirles que para Dios, no hay nadie así. Pablo escribió a Timoteo: “Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad … Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad … Porque él se entregó a la muerte como rescate por la salvación de todos …” (1 Timoteo 2:1-6) Hay que orar por todos porque Dios quiere que todos se salvan. Por eso Cristo murió por la salvación de todos. Todos. Eso incluye al más depravado como al más piadoso. Incluye a los terroristas y los asesinos y los corruptos y … a todos. Dios quiere a todos y quiere que todos se salven.

Si Dios es así, ¿no debemos ser así también?



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