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La tolerancia

Publicado por - Oct. 02, 2008 | categorías Pecado

Escuchamos mucho hoy en cuanto a la tolerancia. Parece que si te animas a pararte y decir que algo está mal, te arriesgas a ser llamado “intolerante” (y en la sociedad de hoy, es una de las peores cosas que te pueden llamar). Sin embargo, si lo piensas, para “tolerar” algo debes haber hecho un juicio negativo de eso. Puedo tolerar algo que no apruebo, pero si es algo que apruebo, no necesito tolerancia.

Lo que la gente hoy quiere que hagamos es dejar de usar nuestro razonamiento crítico. Quieren que dejemos de evaluar si lo que hacen otros es correcto, si no queremos ser llamados intolerantes del aborto, los homosexuales, o drogadictos. La sociedad no nos llama a ser tolerantes, nos llama a no pensar, y aceptar ciegamente toda clase de “alternativa.”

Nuestro Dios es un Dios tolerante, en el verdadero sentido de la tolerancia. El ama y acepta a la gente imperfecta. Pero este Dios tolerante también ha declarado que el tiempo se acerca cuando la gente será juzgada por sus acciones. El no tolerará la existencia del pecado en Su presencia; aquellos cuyos pecados no han sido lavados en la sangre de Jesús serán hechados de Su presencia a la condenación eterna.

Debemos amar a todos los hombres, pero no todo el pecado. Esa es la tolerancia que debemos enseñar. Amemos y aceptemos a los pecadores, pero no dudemos en rechazar al pecado.


La Gracia y Las Obras

Publicado por - Aug. 19, 2008 | categorías Buenas obras, Dios, Gracia, Pecado, Perdón

Efesios 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Se cuenta la historia de un hombre que quería ilustrar lo que es la gracia. Formó un círculo derramando combustible en el suelo y lo encendió. Luego puso una lombriz dentro del círculo. La lombriz buscó alejarse del calor, pero cada movimiento la llevaba más cerca. Al fin se quedó quieta y se resignó a morir. En ese momento, el hombre la sacó del círculo, miró a la audiencia y dijo, “Eso es gracia.”

Pero la ilustración en realidad no alcanza. La Biblia dice que estábamos muertos sin Cristo. Muertos en nuestros pecados. No sólo no teníamos esperanza, sino que tampoco podíamos hacer nada.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La gracia de Dios nos alcanzó cuando ya no podíamos alcanzarlo a El. ¿Por qué? Por el gran amor de Dios. Nos salvó, no por nuestra bondad, sino por Su bondad.

No sólo nos salvó de la muerte, sino que ahora nos trata como realeza, dándonos un lugar de honor junto a Su Hijo. A nosotros, que en realidad merecíamos la muerte, no sólo se nos ofrece la remisión, sino que somos elevados más allá de nuestra imaginación.

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe

Si hay algo que Dios no tolera, es el orgullo humano. Continuamente obra de manera que la única posibilidad de gloriarse sea por Dios y Sus obras maravillosas. Por esto, nuestra salvación es independiente de nuestras obras. Somos salvos por la gracia de Dios, por la fe. Es una fe activa y obediente, pero es fe. No podemos hacer nada para ganarnos la salvación; somos salvos por la gracia de Dios.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Y esta es la ironía: no somos salvos por las obras sino para hacer obras. Si nuestras obras pudieran darnos salvación, podríamos presentarnos ante Dios y gloriarnos de nuestros logros. Pablo escribe en Romanos 4:2: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. ” Si la salvación no fuera por gracia, en el día final el hombre se presentaría ante Dios y se gloriaría por lo que ha hecho. Pero, como Pablo escribió a los romanos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” (Romanos 3:27)

Algunos temen que predicar sobre la gracia va a hacer que la gente tenga una fe inactiva. Pero como leemos en Efesios 2, quienes hemos sido salvados por fe hemos sido salvados para que podamos dedicarnos a hacer buenas obras. El hombre que se da cuenta de la enormidad de lo que Dios ha hecho por él puede responder con una fe activa. Pablo lo describe así:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. ” (I Corintios 15:10).

Una vez que comprendemos que la salvación de Dios es un don maravilloso que nunca se puede comprar, sino que el hombre debe recibir, entonces podemos comenzar a servirle con un corazón puro. Nuestro servicio no es un intento por obtener algo de El, es un intento de responder a lo que se nos ha dado gratuitamente.


Cuando Vemos a Dios

Publicado por - Feb. 26, 2008 | categorías Misión, Pecado, Perdón, Santidad

Uzías era un rey espectacular. Reinó por 52 años. ¡52 años! Según la Biblia, en 2 Crónicas 26, tenía éxisto en lo militar, lo económico y lo tecnológico. Sobre todo, era un hombre piadoso, que buscaba a Dios y hacía lo correcto. Hasta el día en que su orgullo lo dominó y entró en el templo de Dios para hacer sacrificios, aunque Dios había dicho que solamente los sacerdotes podían hacer eso. Fue castigado con una enfermedad terrible y murió en la vergüenza.

¿Qué haces cuando tu héroe cae? ¿Qué haces cuando se revela que el ejemplo tuyo es un hombre como cualquier otro? Puede ser que sea un atleta. Un político. Un familiar. O puede ser que sea un cristiano respetado. ¿Cómo te reaccionas? Si no te ha pasado todavía, ese día viene.

Algunos rechazan a todos. “Ya no se puede confiar en nadie.” Cuando se trata de un cristiano, muchos culpan a la iglesia o le culpan a Dios mismo. A vez las personas pierden su fe a causa de las acciones de otras personas.

Y algunos reaccionan como el profeta Isaías: “El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor” (Isaías 6:1) Pienso que no era casual. Isaías era un joven. Habrá respetado mucho a Uzías. Le habrá dolido mucho saber del pecado y deshonra de Uzías. Pero en vez de amargarse, fijó su atención en Dios.

Y ¿qué pasó cuando Isaías vio a Dios?

  1. Vio la santidad de Dios: “Y se decían el uno al otro: “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.” (Isaías 6:3)
  2. Vio su propio pecado: “Y pensé: “¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Señor todopoderoso; yo, que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros.” (Isaías 6:5)
  3. Recibió el perdón de Dios: “Tu maldad te ha sido quitada, tus culpas te han sido perdonadas.” (Isaías 6:7)
  4. Recibió el encargo de predicar a otros: “Entonces oí la voz del Señor, que decía: “¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?” Yo respondí: “Aquí estoy yo, envíame a mí.” (Isaías 6:8)

Cuando alguien te falla, piensa en el ejemplo de Isaías. Aprovecha del momento para acercarte más a Dios.


La Enfermedad

Publicado por - Feb. 13, 2008 | categorías Jesucristo, Pecado, Perdón

DoctorComenzó con una mancha blanca. Nada doloroso, pero era para preocuparse. La ley era clara: Ud. tenía que hacerse revisar para ver si tenía La Enfermedad. Fue y le revisaron. El especialista le miró y le dijo: “Lo lamento. Lo tiene. Tiene que irse.” De repente, su vida dejó de existir en la forma que había existido. Tuvo que dejar su familia sin decir adiós, los amigos se enteraron con el tiempo que se había ido; dejó casa, trabajo, todo lo conocido. Se fue a vivir con otros que tenían La Enfermedad.

La Enfermedad, en los tiempos bíblicos, era lepra. Era una enfermedad contagiosa que se temía sobre todo. La lepra moderna no es la misma enfermedad, aunque es una enfermedad terrible. La gente tenía tanto miedo de la enfermedad antigua que tomaba medidas extremas para evitarla. Sobre todo, eso quiso decir aislamiento total para los que se habían enfermado. Ningún contacto, especialmente el contacto físico.

Los maestros del día conectaban la lepra con el pecado. Uno no estaba enfermo; estaba inmundo. No se sanaba; se limpiaba. Al limpiarse de la lepra, se hacía una ceremonia grande para mostrar a todos que ya no era un marginado. Pero ese día casi nunca llegó; si no llegaba, uno vivía el resto de su vida lejos de todo lo conocido, todo lo amado. JAMAS sentiría el toque de otro ser humano.

Jesucristo llegó y comenzó a sanar todas las enfermedades. Una de las primeras historias acerca de Jesús nos habla de un hombre con lepra que fue buscando sanidad. De rodillas, rogó a Cristo que lo sanara. Y lo hizo. Pero no sólo lo sanó, según los evangelios, Cristo tocó al leproso (Marcos 1:41). Por la primera vez en mucho tiempo, alguien tocó este hombre. No hacía falta tocarle para sanarle. En otras ocasiones, Cristo sanó desde cierta distancia. Pero Jesús sabía que este hombre necesitaba más que la sanidad… necesitaba ser tocado.

Cristo sigue tocando a los que tienen La Enfermedad. La Enfermedad para nosotros no es lepra. Es pecado. El pecado mutila… mata… aisla a la gente. Destruye vidas y separa a las personas. Tal como hizo ese día, Jesús hace más que sanar. Nos toca. Toca la necesidad más allá de la necesidad. Toca a los intocables. Borra no solamente la culpa del pecado, pero quita el aislamiento y dolor que causa. Nos hace volver de una vida de separación.

Vivo mi vida hablando con otros acerca del toque del Maestro y lo que significa para nosotros. Quisiera compartir esa noticia con Ud.

Gracia y paz,
Timothy



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