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La oración en las escuelas públicas

Publicado por - Sep. 12, 2008 | categorías Oración

Existe un rumor desde hace años que dice que la oración ha sido quitada de nuestras escuelas públicas aquí en Estados Unidos. Como tantos rumores, se ha repetido tanto que ya lo creemos. Y como tantos rumores, ha llegado a ser algo así como una profecía auto-cumplida.

¿Qué se ha quitado? Las oraciones organizadas y obligatorias. Nadie puede decir a nuestros niños cuándo ni cómo orar. Y no tengo problema con eso. No me gusta la forma en que esta prohibición surgió ni el razonamiento que se usó para legislarla. Pero no quiero que cualquiera le enseñe a mis hijos en cuanto a la oración. Piensa en toda la gente en este país, ¿qué porcentaje de esa gente querrías que le enseñe algo a tu hijo en cuanto a religión?

Pero la oración en la escuela debería estar viva. Deberíamos enseñar a nuestros niños a orar en toda situación. Deberíamos tener oraciones en la escuela, en los buses, en los gimnasios. Nuestros niños no deberían tener que esperar que alguien les diga que está bien orar; se les debería enseñar a orar por su propia iniciativa. La oración debería ser una parte normal y natural de sus vidas, aún si no se hace a través de un altoparlante.

Y aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar a nuestros niños deberían estar entre aquellos que se aseguren de que haya oraciones en las eseuclas. No intentando presionar a los niños a que cumplan con los pasos de la oración, sino ofreciendo oraciones fervientes por todos los que los rodean, tanto estudiantes como colegas.

Quienes no estamos directamente involucrados en el proceso de educación aún deberíamos pasar tiempo orando por nuestras escuelas. Se pelean batallas en los pasillos de nuestras escuelas que necesitan de la oración para ganarse. No batallas físicas (aunque también pueden ocurrir a veces), sino batallas espirituales por las mentes y los corazones de nuestros niños. Debemos despertar al hecho de que la oración debe rodear nuestras escuelas, o esas batallas se pueden perder.

Pero es muy difícil que haya oración en las escuelas a no ser que haya oración en nuestros hogares, en nuestros trabajos, y en nuestra vida diaria. Una razón por la cual no hemos hecho un buen trabajo enseñando a nuestros niños en cuanto a la oración es que no la hemos estado enseñando nosotros mismos. ¿Cómo podemos esperar que vivan un estilo de vida de oración si no lo hacemos nosotros? ¿Cómo podemos esperar que tomen la iniciativa para orar si nos sentamos a esperar que otros nos digan cuando y dónde orar?

Arraiguemos firmemente la oración en nuestro sistema educativo. No a través de litigación o legislación, sino por el ejemplo. No necesitamos el permiso de nadie para orar. No necesitamos esperar que alguien nos diga cuándo y dónde. Debemos llegar a ser gente de oración: en nuestras escuelas, en nuestros trabajos y en nuestros hogares. Eso es algo que ninguna corte puede quitarnos.


El Poder Para Cambiar

Publicado por - Feb. 22, 2008 | categorías Dios, Fe, Oración, Transformación

villa miseriaNorma venía a la iglesia algunos domingos, acompañada por sus seis hijos. Otros domingos alguien iba para visitarla a ella. Norma vivía en una”villa miseria” en la Argentina, donde viven los más humildes de los humildes. Esta villa se ubicaba al lado de un canal de irrigación en las afueras de la ciudad. Lo más que se alejaba del asfalto, lo más humilde que eran las casas. La casa de Norma era la última, básicamente unas chapas y algunos cartones arreglados para formar una casita.

Su marido, Fernando, era un hombre fuerte que bebía casi todo lo que ganaba. Al emborracharse, volvía a casa y golpeaba a Norma y los niños. Después de un tiempo, los hombres de nuestra iglesia decidieron intervenir. Nos reunimos para hablar de cómo sacar a Norma de esa situación. Pero durante la reunión, alguien sugirió que estábamos mirando la situación de una perspectiva equivocada. Hablábamos de Fernando como si fuera el enemigo, cuando la verdad es que él era víctima de nuestro enemigo—Satanás. Pasamos tiempo ese sábado por la noche orando por Fernando, orando que Dios le tocaría el corazón.

El día siguiente, domingo, cuando uno de los cristianos fue a visitar a Norma, Fernando salió a su encuentro. Se le caían las lágrimas. Rogaba que este hermano le ayudara a cambiar su vida. Dentro de poco, Fernando nació de nuevo en las aguas del bautismo, entregando su vida a Cristo. El cambio no era inmediato, pero Fernando comenzó a tratar de vivir de la forma indicada.

Me da vergüenza confesar que estábamos sorprendidos. No sé por qué lo estábamos. ¿No era exactamente lo que habíamos pedido en oración? Temo que a veces hablamos más allá de nuestra creencia, que oramos más allá de lo que pensamos que Dios hará. Pero la verdad es, Dios sigue tocando vidas. Sigue ayudando a las personas a realizar un cambio en sus vidas si ellas se lo permiten.

No todas las historias son tan dramáticas, pero el poder es el mismo. Dios quiere comenzar una obra en tu vida y continuarla hasta el final. Dios sigue cambiando vidas. Dios sigue tocando corazones. El quiere obrar en tu vida y las vidas de las personas que te rodean, las vidas de tus seres queridos.



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