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¿Qué Pide el Señor?

Publicado por - Mar. 19, 2008 | categorías Dios, Obediencia

Si le hubieras preguntado a alguien común en tiempos del Antiguo Testamento qué era lo que Dios quería de él, ¿qué hubiera respondido? Cuando pensamos en el antiguo pacto, pensamos en reglas y leyes, mandamientos y preceptos, sacrificios y leyes de alimentación. Lo imaginamos como un sistema de salvación por medio de guardar reglas. Y así pensaba mucha gente que vivió bajo ese sistema.

¿Lo veía Dios así? Veamos en Deuteronomio, un libro lleno de reglas y regulaciones. Lee capítulo 10 y verso 12: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;” ¿Lo viste? Sí, las reglas están ahí, pero están bajo la sombra de un elemento clave: una relación. Dios buscaba (y busca) una relación con Su gente.

El salmista sabía esto cuando escribió en el Salmo 51: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” A través del profeta Jeremías, Dios intentó recordar a la gente de que ese había sido Su mensaje desde el principio: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien” (Jeremías 7:22-23).

Aún así, les era mucho más fácil enfocarse en sacrificios y leyes de alimentación. Era más fácil “hacer cosas justas” que vivir las implicancias de una relación real con Dios. Porque esa relación te obliga a tratar correctamente con tu prójimo. Es más feacil vivir como quieras en tu vida diaria, pensando que todo se puede arreglar “siendo religioso” en el momento justo. Esta actitud llevó a Dios a exlamar: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amós 5:21-24). Básicamente dijo lo mismo en Isaías 1:10-15. Dios aborrece la actividad religiosa que no proviene del corazón. Rechaza la adoración que no va acompañada de una vida de amor hacia nuestro prójimo.

Entonces, ¿que pidió Dios a Su pueblo en la antiguedad? Lo dice claramente, a través de Miqueas el profeta: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8).

El apóstol Pablo nos dice que el error de los judíos era actuar como si de alguna manera pudieran obtener la justicia por medio de sus obras. Escribe: “¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:30-32). Ellos no se dieron cuenta de que su relación con Dios se basaba en la fe y no en las obras. Y que el punto de la Ley era la relación entre Dios y Su pueblo.
No cometamos el mismo error. Mantengamos nuestro enfoque en Dios y hagamos de nuestra relación con El lo más importante en nuestras vidas. Nos aseguremos de que nuestra religión esté basada en una vida justa y no en rituales, en fe y no en obras. Lo útlimo que queremos es presentar una adoración a Dios que es detestable a El. ¿De qué serviría?

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios

¿Qué quiere Dios? Lo ha dicho muy claro.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy Archer


La obediencia de la fe

Publicado por - Feb. 15, 2008 | categorías Fe, Obediencia

BibliaSi digo que tengo fe en un médico ¿qué significa? ¿Que creo que su diploma es de verdad? ¿Que creo que se recibió en una universidad? ¿O estoy diciendo algo más? Digamos que yo vengo un día con dolor de la garganta. Le digo a Ud. que mi médico me dice que tengo placas en la garganta y que me recetó cierto medicamento. Proclamo mi fe en ese médico, hablando de sus bondades, pero cuando me pregunta Ud. si voy a tomar el medicamento, le contesto: “¿Para qué? No servirá de nada.” ¿Qué opinaría de la fe que tengo en ese médico?

La fe verdadera no es intelectual. La fe afecta la creencia y las acciones. Una fe que no actúa no es fe. O como dice la Biblia: “Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.” (Santiago 2:17) Si creemos de verdad en Dios, si realmente tenemos fe, haremos lo que El nos dice. Si nuestras vidas no son vidas de obediencia, tampoco son vidas de fe.

Para mí, la historia de Noé y el arca demuestra eso. Dios habló con Noé y le dijo que hiciera un barco grande, una arca, para salvarse a él y su familia. Noé creyó en Dios. ¿Cómo sabemos? Porque hizo el arca que Dios le dijo que hiciera. ¿Qué hubiera pasado si Noé se hubiera parado en una colina, proclamando su fe en Dios en vez de construir el arca? Yo creo que hubiera perecido. La fe que no se vive no es fe.

Jesucristo preguntó: ¿Por qué me dicen Señor, Señor, pero no hacen lo que les digo? (Lucas 6:46). Creer en Dios no es suficiente. Si esa creencia no nos lleva a hacer lo que El quiere, es un ejercicio intelectual. Y no es fe.

Necesitamos poner la fe en práctica. Fe se expresa en acciones. El cristianismo no son las opiniones que tenemos, es la vida que vivimos. El apóstol Pablo habla de “la obediencia de la fe” (Romanos 1:5). Si ha llegado a creer en Jesús, es el primer paso. Ahora debe convertir esa creencia en fe, aprendiendo lo que Jesús quiere y cumpliendo Su voluntad. Si tiene preguntas, hágalas. Juntos, podemos aprender a vivir la vida de fe.



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