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Enojado por el Exito

Publicado por - May. 28, 2008 | categorías Gracia, misericordia

Algunos predicadores en la Biblia no se considerarían exitosos según los modelos de hoy. Hombres como Noé, que predicaba y predicaba pero nunca convirtió a nadie. Hombres como Elías, que llegaba a pocos y vivió sin conocer a los que Dios había convertido.

Luego están los hombres como Jonás. Jonás fue a la ciudad pagana de Nínive y predicó allí. Con valor proclamó el mensaje de Dios de que Nínive estaba a punto de ser destruída por sus pecados. Cuando estos paganos, estos enemigos del pueblo de Dios, estos idólatras, escucharon el mensaje de Jonás, creyeron. No sólo creyeron, sino que respondieron de tal manera que Dios cambió de parecer en cuanto al castigo que había pronunciado sobre esa ciudad. El rey mismo lideró un reavivamiento, ordenando que la población de mas de 100,000 personas en Nínive participaran en un ayuno al Señor.
Entonces, ¿cómo reaccionó Jonás ante este gran éxito? ¿Abrazó cálidamente a sus nuevos hermanos, gozándose en el calor de la nueva religión de ellos? No. Cuando Jonás vio que Dios no había destruido a Nínive, se enojó. “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.” (Jonás 4:1-3) ¡Estaba tan enojado que Dios no haya destruido a esta gente, que le pidió a Dios que lo destruyera a él! Parece que lo que más le importaba era que había pasado por tonto. Había pronunciado destrucción pero esto no había sucedido. Y pero aún, se había perdido el placer de observar cómo Dios destruía a sus enemigos.

Pero Jonás no perdió las esperanzas. Quizás este Dios de amor, de perdón, aún haría llover azufre sobre la ciudad. “Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida.” Jonás 4:5-8) El buen Jonás otra vez pide morir. Esta vez está molesto porque su sombra maravillosa le había sido quitada.

Aunque podemos comprender esta sensación en esta época del año, creo que podemos decir que Jonás está reaccionando exageradamente. Y Dios le dice esto. “Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4:9-11) Dios le dice que así como Jonás se preocupó por la planta, Dios tiene derecho de preocuparse por estas personas a quién El creó.

La Biblia nos dice que Dios quiere salvar a todos (1 Timoteo 2:4). De hecho, El amó tanto al mundo que Dios a Su único Hijo para salvarlo (Juan 3:16). Lo que tengo que preguntarme a veces es si amo al mundo así. ¿Me importan los perdidos? Cuando veo a gente a mi alrededor que están lejos de Dios, ¿me duele? ¿O soy como Jonás, y sólo quiero que Dios se ocupe de mí y de los que son como yo?
Jonás estaba enojado porque Dios es un Dios de amor y perdón. Pero en Su esencia, en el centro de Su ser, ese es Dios. Como escribió el salmista, “Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.” (Salmo 103:13-14) Dios nos sorprenderá una y otra vez con Su amor y Su misericordia. Así es El. El mismo Salmo dice: “Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.” (8-10)

Reaccionemos ante la misericordia y el perdón de Dios con alabanza y acción de gracias. No nos resintamos ante la gracia que muestra a otros, porque es por esta gracia que tenemos la esperanza de salvación.

Gracia y paz,
Timothy Archer



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