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Llegar a la meta
Publicado por Timothy Archer - Ago. 12, 2008 | categorías La meta, Sufrimiento

Tenía unos 9 años. Estaba aprendiendo natación en una pileta municipal. Llegó el día en que me tomaban la prueba para ver si pasaría al curso intermedio. Eramos unos 15 que teníamos que cruzar la pileta y volver, haciendo distintos ejercicios en el camino. Veía que mis compañeros fracasaban, uno por uno. Luego me tocaba a mí fracasar, es decir, me tocaba intentar aprobar el examen. Estaba a la mitad de la pileta cuando sentí un ardor que me señalaba que me había entrado agua clorada en mi nariz. Paré de inmediato y fui a la orilla, dando por terminado el examen.
Uno de los instructores estaba ahí, un estudiante universitario con pelo largo. “¿Por qué paraste?” me gritó, con muy poca compasión.
“Me entró agua en la nariz,” fue mi explicación.
Y en ese momento ese joven desaliñado me enseñó una lección importante, sin querer. Se me asomó y me gritó: “¿Y qué?”
¿Y qué? Me sorprendió la pregunta. Me parecía lógico que la respuesta al dolor era eliminar lo que provocaba el dolor. Mi cerebro con sus 9 años no había captado el hecho de que una meta significante vale la pena lograr aunque tengamos que pasar por incomodidad para lograrla. Dándome cuenta de esa verdad, no encontraba razón por no terminar el examen. De hecho, lo hice con facilidad en mi próximo intento. Al verme hacerlo, casi todos los demás lo hicieron también.
A veces creo que Jesús dice “¿Y qué” con ternura al ver las cosas que me parecen tan importantes. Los obstáculos, las pruebas, las barreras que aparecen por mi camino no pueden compararse con la meta que me espera. El apóstol Pablo escribió: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después.” (Romanos 8:18) El plan de Dios para nosotros no es eliminar todo sufrimiento de nuestras vidas sino de enseñarnos a mirar más allá. Cuando Pablo y su compañero Bernabé visitaban las iglesias que habían comenzado, dijeron a los nuevos cristianos: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22). La noche antes de su crucifixión, Jesús les dijo a sus discípulos: “Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).
Si Ud. no es cristiano, debe saber que el camino no siempre será fácil en la vida cristiana. Pero le aseguro que la meta vale mucho más que cualquier dificultad que podamos encontrar. Tenemos que vivir la vida con los ojos puestos en la meta.


