Blog

Categorías » Jesucristo

Jesús tiene lo que necesitas

Publicado por - Jun. 21, 2010 | categorías Jesucristo

Cerca del final del primer siglo, la ciudad de Laodicea era un próspero centro comercial. Era una ciudad muy rica, una de las pocas municipalidades que rechazaron la ayuda del gobierno romano después del terremoto fuerte que sacudió la zona. Era un centro bancario al nivel mundial. La ropa que se fabricaba en Laodicea se vendía en todas partes del imperio, sobre todo las preciosas prendas de lana negra. Ubicada en la unión de tres rutas comerciales, la ciudad estaba en un sitio ideal para el comercio.

Además, una de las mejores escuelas de medicina se encontraba en Laodicea, famosa por el tratamiento de enfermedades ópticas. Ahí se preparaba un ungüento para los ojos que se enviaba a tierras lejanas.

Los de Laodicea tenían motivo de ser orgulloso, y parece que lo eran. Por eso, las palabras de Jesús a los cristianos en aquella ciudad habrán golpeado fuerte:

“Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.” (Apocalipsis 3:17-18).

¡Qué duro! Aunque Laodicea era famosa por su riqueza, Jesús les dice a los cristianos que son pobres. A los fabricantes de ropa negra, les dice que necesitan comprar la ropa blanca que él provee. A pesar de su fama en el tratamiento de problemas de ojos, Jesús les dice que son ciegos, necesitando la medicina que él puede dar.

¿Qué me diría a mí? ¿Cuáles puntos de orgullo señalaría, mostrando las fallas que tengo en lo que yo percibo como puntos fuertes? ¿Qué diría de mis posesiones, mis logros, mi jactancia? ¿Qué diría de mi autosuficiencia?

Yo sé lo qué diría. La verdad. Jesús ve mi yo verdadero. No ve la máscara que presento al mundo. Me ve a mí. Me conoce a mí.

Te conoce a ti también. Puedes engañar a todos lo que te rodean, pero Jesús te ve como eres de verdad. Sabe lo que necesitas. Yo no puedo conocerte perfectamente, pero puedo decirte que Jesús tiene lo que necesitas. Puede eliminar tu pobreza espiritual, cubrir tu desnudez emocional, sanar tu ceguera interior.

La gente de Laodicea necesitaba a Jesús. Les hacía falta lo que él tenía para ofrecerles, aunque no lo sabían. Aunque no lo sepas, tú lo necesitas también. Tal como yo. Que lo busquemos juntos.

Gracia y paz,
Timothy


La historia verdadera

Publicado por - Dec. 17, 2008 | categorías Jesucristo, Navidad, salvación, Vida eterna

Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Lo sabías, ¿no? Bueno, por lo menos, es muy poco probable. La iglesia primitiva usó esa fecha porque los romanos hacían una fiesta pagana ese día y ellos querían reemplazarla con algo más santo.

Los reyes magos no eran tres. Lo sabías ¿no? O tal vez sí. La Biblia habla de tres regalos pero los reyes pueden haber sido dos o tres o cien por lo que sabemos.

Y los reyes no fueron al pesebre. Lo sabías ¿no? Según la Biblia, ellos encontraron a la familia en una casa, probablemente meses después del nacimiento de Jesús.

Pero todo eso pierde importancia ante el hecho de que Dios vino a nuestro mundo. Se hizo carne. Nació en la forma de un niño judío. Vivió como hombre normal, pero era el Hijo de Dios. Murió en una cruz para darnos la esperanza de la vida eterna. Resucitó después de tres días y está sentado al diestro de su Padre. Algún día, vendrá de nuevo para juntar a los fieles, quienes reinarán con él para siempre.

La historia verdadera es siempre mejor que la leyenda. Que pasen lindas fiestas.

Gracia y paz,
Timothy

Foto por Moroder (Obra propia) [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Ganando Un Premio

Publicado por - Jun. 19, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo, salvación

Hace poco, mi señora viajó a la Argentina. Ese viaje nos hubiera costado más de lo que podríamos pagar, pero resultó ser muy accesible. Pudimos pagar el viaje con kilómetros que habíamos acumulado con otros viajes (viajo mucho por mi trabajo). En el lenguaje de las lineas aéreas, habíamos ganado un premio.

Es un concepto popular. Muchas empresas nos ofrecen incentivos sobre las compras que hacemos. Viajamos y ganamos un viaje gratis. Nos quedamos en un hotel y acumulamos puntos. Usamos una tarjeta de crédito y nos dan premios. Compramos flores, visitamos la ferretería, alquilamos videos, comemos pizza… hay muchas cosas que nos ofrecen incentivos.

A mí me gusta recibir premios. Pero veo un problema cuando entendemos a Dios de la misma manera. Si hacemos cosas buenas, creemos que Dios está obligado a recompensarnos. Mucha gente lo ve así. Asegúrate de hacer suficientes cosas buenas y tu futuro estará garantizado.

Dios no funciona así. No espera que nosotros ganemos el premio que tiene para nosotros. No hay nada que podamos hacer para obligarle a Dios a nada. Lo que El da, lo da por gracia, no por obligación. Lo que El ofrece, lo ofrece gratuitamente, no por un precio. No hay plan de incentivos para llegar al cielo. Todo depende de Dios. El apóstol Pablo escribió: “ Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

No existe ningún Plan de Oradores Frecuentes, ni Miembros Eclesiásticos Dorados. Solamente está Jesús y Su sacrificio. Por aceptar lo que El hizo con una fe obediente, recibimos el premio que El ganó. Ese sí que es un plan maravilloso.

Gracia y paz,
Timothy


Invitados a Entrar En La Familia

Publicado por - May. 05, 2008 | categorías Dios, Jesucristo, salvación

Has sido invitado a llegar a ser un miembro de la familia de Dios. Sé que suena extraño: seres humanos comunes entrando en una relación con el Dios que los creó. Sin embargo, eso es exactamente lo que Dios nos ha ofrecido. Vas a escuchar hablar de esto en distintas maneras: salvación, nacer de nuevo, venir a Jesús, hacerse cristiano, etc. Aunque muchos otros términos son apropiados, me identifico mejor con la idea de entrar en la familia de Dios.

Es que como ves, Dios es un Dios de relaciones. Fue él quien vino buscando al hombre, no viceversa. La Biblia nos dice que fue el amor lo que motivó a Dios a alcanzar al hombre. Fue Dios el primero en hacer el gesto de intentar reparar nuestra relación quebrada.

“Pues de tal manera amó Dios al mundo que Dios a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

¿Pero qué pasó con nuestra relación con Dios? ¿Por qué necesitaba ser arreglada? Si El nos creó, ¿por qué no podemos simplemente estar con El? Como yo lo veo, todo se resume en la naturaleza de Dios. Por ejemplo, Dios es luz, entonces la oscuridad no puede estar donde él está. Dios es verdad, entonces todo lo que no sea verdad está lejos de él. Dios es vida, entonces la muerte es alejada de su presencia. Y Dios es santo, Dios es puro, Dios no puede ser tocado por el mal. Entonces cualquiera que ha hecho algo malo no puede vivir con Dios. Y ya que todos nosotros hemos hecho mal, ya que todos hemos pecado (para usar el término apropiado), no calificamos para estar dentro de la familia de Dios.

“…por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23)

¿Qué pasa si no entramos en una relación con Dios? Viene el día en que Dios separará para siempre a los que son suyos de los que no lo son. Los que estén con Dios disfrutarán de todo lo que El es: vida, luz, gozo, etc. Quienes han elegido no seguir a Dios no estarán con él y no tendrán ninguna de esas cosas. Un lugar sin Dios y sin las cosas que lo caracterizan será un lugar que sólo tendrá oscuridad, sufrimiento, y muerte.

Las manchas que deja el pecado duran toda la vida… Y más allá. Alguien que nunca ha pecado es el único que puede quitarlas. Es por eso que Dios envió a Su hijo Jesús. Jesús vino al mundo y vivió una vida sin pecado. Su muerte injusta nos abrió el camino para recibir el perdón de pecados. Su sangre inocente es capaz de lavar las manchas del pecado, haciendo posible que seamos santos como Dios, y que seamos adoptados en la familia de Dios. Estas son las buenas nuevas que Dios tiene para la humanidad: que a través de Jesucristo y su muerte, Dios ha provisto la manera por la cual la humanidad puede tener una plena relación con El.

“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5)

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)

“…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:19)

La Biblia dice que cualquiera que cree en Jesucristo puede llegar a ser hijo de Dios. También nos dice que quienes creen en El pueden tener vida eterna. Obviamente esto significa mucho más que simplemente creer que Jesús existió; la clase de creencia que nos da esperanza implica creer que Jesús es quien dice ser y que él está permitiendo que sobre esa base nuestra vida tome forma.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…” (Juan 1:12)

Esta clase de creencia se llama fe. La fe lleva a la acción. Yo puedo creer que un hombre es doctor, pero no tener fe en él. Pero si tengo fe en un doctor, entonces voy a seguir sus instrucciones. No me enorgullezco de hacer lo que el doctor me dice que haga, simplemente es un símbolo de la fe que tengo en él.

Yo pensaba que la fe era simplemente creer. Hay un famoso ejemplo en la Biblia que nos ayuda a entender más sobre la fe y la obediencia. Muchos han oído la historia de Noé y el arca, cómo Dios advirtió a Noé de un diluvio inminente y le dijo que construyera un gran bote, un arca, para salvarse a sí mismo, a su familia, y a ejemplares de cada especie de animal.

Dios salvó a Noé por su misericordia. Noé de ninguna manera se ganó su salvación. Fue salvo por su fe en Dios. Sin embargo, ¿lo hubiera salvado esa fe si no hubiera construido el arca? No. ¿Hubiera alguno sido salvo sólo por construir un gran bote, aunque no creyeran en Dios? No. Sólo la fe, una fe obediente, puede salvar.

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)

Vemos en la Biblia que nuestra fe en Jesús nos llevará a hacer ciertas cosas. Abierta y públicamente confesaremos nuestra fe en él. Admitiremos nuestros pecados y haremos todo lo que podamos para no repetirlos (se hace referencia a esto como “arrepentimiento”). También seremos inmersos en agua, siendo bautizados, para simbolizar la sepultura de nuestra vida vieja y el comienzo de nuestra nueva vida como miembro de la familia de Dios.

“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:3-4)

Como miembros de la familia de Dios, se espera de nosotros que intentemos vivir de la manera que Dios quiere. El sabe que todavía cometeremos errores, y siempre está dispuesto a perdonarnos cuando lo hagamos. La familia de Dios no es perfecta para nada, pero se supone que debemos estar imitando a nuestro hermano mayor: Jesús. Puesto que El vivió una vida sin pecado, hacemos todo lo posible por eliminar el pecado de nuestra vida.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” (1 Juan 3:1)

Espero que aprendas más en cuanto a la familia de Dios, lo que significa ser parte de su familia, y las cosas que necesitas hacer para ser adoptado en esa familia.

Que Dios te bendiga.


Piedras Vivas

Publicado por - Apr. 14, 2008 | categorías Jesucristo

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:42-43)

Los buenos materiales son esenciales para una buena construcción. El mejor constructor puede construir una estructura decente con materiales baratos, pero ésta no va a pasar la prueba del tiempo. Los constructores usan lo mejor.

En el mundo antiguo, la piedra más importante era la piedra angular. Los constructores elegían con cuidado un pedazo sólido de roca sobre la cual basar el resto de la construcción.

En el pasaje que Jesús cita del Salmo 118, una piedra que ha sido desechada hasta para el uso más básico en la construcción, ahora se ha convertido en la piedra más importante, la piedra angular. Jesús sigue diciendo que, a causa de este rechazo, el reino de Dios pronto sería transferido a otro grupo de gente. Pero para entender lo que dice sobre la piedra, es útil ver el comentario de Pedro en Hechos 4:8-12: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Pedro explica que “los edificadores” son los líderes judíos y dice que crucificar a Jesús fue el rechazo de esa piedra.

La resurrección de Jesús de entre los muertos elevó a Jesús a la posición de piedra angular, haciendo posible la salvación en El y sólo en El.

Más adelante en su vida, Pedro vuelve a estas palabras y a esta imagen cuando escribe su epístola: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:4-9)

Jesús no sólo llegó a ser piedra angular, también nos ha hecho a nosotros piedras vivas. No sólo fue declarado digno, también nos ha hecho a nosotros dignos y útiles. Podemos ser edificados en un templo de Dios si dejamos que nuestras vidas sean moldeadas en la Suya. Como piedras edificadas juntas sobre la Piedra Angular, podemos llegar a ser mucho más que si estuviéramos separados de El. Podemos llegar a ser un sacerdocio santo, una nación santa, un pueblo escogido por Dios. Como dijo Jesús, llegaremos a ser un reino de gente que produce los frutos del reino. Dios nos usará para traer gloria a Su santo nombre.

Muchos tropiezan sobre esta roca, muchos fallan en ver que no hay otro nombre debajo del cielo por el cual podemos ser salvos. Muchos tratan de edificar sus vidas ellos mismos, buscando una piedra angular sólida sobre la cual edificar, buscando la manera de sostener las cosas sin la ayuda del Maestro Constructor.

Pero nosotros somos piedras vivas. Somos el sacerdocio santo de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales de servicio a El. Buscamos declarar Sus alabanzas y producir el fruto de Su reino. Y dejamos que El nos edifique y nos transforme en la casa espiritual que El quiere que seamos.


No es para todo el mundo

Publicado por - Mar. 25, 2008 | categorías Cansancio, Jesucristo

desesperacion
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.” (Mateo 11:28-11:30)

Esta invitación de Jesús no es para todo el mundo. No digo que El no recibiría a todos ni que Su sacrificio tenía líimites. Digo que Jesús está llamando a los cansados. Los que sienten el peso del mundo. Los que no se conforman con las cosas como son.

Si nunca pasó por mal momento, si nunca se decepcionó, si nunca ha sufrido una pérdida, la invitación de Cristo no le llamará la atención. Si le gustan las guerras y el sufrimiento y el hambre y la enfermedad y todas las cosas que flagelan a nuestro mundo, no tendrá interés en el descanso que Jesús ofrece. Si no ha sentido el peso de la culpa o del remordimiento, un yugo livian no le sonará bien. No podrá apreciar lo que ofrece Cristo.

Pero la mayoría conocemos el cansancio. El agotamiento. Sabemos lo que es sentirnos oprimidos, sea por el peso de la preocupación o del pecado o de la enfermedad. Sabemos lo que es anhelar el descanso. Descanso para nuestras almas. Aunque sea un yugo que ofrece Jesús, es un yugo liviano. Estamos listos. Queremos aceptarlo. ¿Dónde firmamos?

A nosotros, Jesús dice: Vengan. Nos pondrá su yugo, nos enseñará y lo hará de una manera paciente y humilde. Vengan, El dice. Suelten sus cargas. Vengan. Conozcan el descanso y la paz. Encuentren el perdón y la gracia. Aprendan lo que es servir a un Amo paciente, quien busca aliviar nuestras cargas y hacer descansar a nuestras almas.

Esta invitación no es para todo el mundo. Pero es para mí. Y quizás sea para Ud. también.


Piedras Vivas

Publicado por - Mar. 15, 2008 | categorías Iglesia, Jesucristo

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:42-43)

Los buenos materiales son esenciales para una buena construcción. El mejor constructor puede construir una estructura decente con materiales baratos, pero ésta no va a pasar la prueba del tiempo. Los constructores usan lo mejor.

En el mundo antiguo, la piedra más importante era la piedra angular. Los constructores elegían con cuidado un pedazo sólido de roca sobre la cual basar el resto de la construcción.

En el pasaje que Jesús cita del Salmo 118, una piedra que ha sido desechada hasta para el uso más básico en la construcción, ahora se ha convertido en la piedra más importante, la piedra angular.

Jesús sigue diciendo que, a causa de este rechazo, el reino de Dios pronto sería transferido a otro grupo de gente. Pero para entender lo que dice sobre la piedra, es útil ver el comentario de Pedro en Hechos 4:8-12: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Pedro explica que “los edificadores” son los líderes judíos y dice que crucificar a Jesús fue el rechazo de esa piedra.
La resurrección de Jesús de entre los muertos elevó a Jesús a la posición de piedra angular, haciendo posible la salvación en El y sólo en El.

Más adelante en su vida, Pedro vuelve a estas palabras y a esta imagen cuando escribe su epístola: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:4-9)

Jesús no sólo llegó a ser piedra angular, también nos ha hecho a nosotros piedras vivas. No sólo fue declarado digno, también nos ha hecho a nosotros dignos y útiles. Podemos ser edificados en un templo de Dios si dejamos que nuestras vidas sean moldeadas en la Suya. Como piedras edificadas juntas sobre la Piedra Angular, podemos llegar a ser mucho más que si estuviéramos separados de El. Podemos llegar a ser un sacerdocio santo, una nación santa, un pueblo escogido por Dios. Como dijo Jesús, llegaremos a ser un reino de gente que produce los frutos del reino. Dios nos usará para traer gloria a Su santo nombre.

Muchos tropiezan sobre esta roca, muchos fallan en ver que no hay otro nombre debajo del cielo por el cual podemos ser salvos. Muchos tratan de edificar sus vidas ellos mismos, buscando una piedra angular sólida sobre la cual edificar, buscando la manera de sostener las cosas sin la ayuda del Maestro Constructor.

Pero nosotros somos piedras vivas. Somos el sacerdocio santo de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales de servicio a El. Buscamos declarar Sus alabanzas y producir el fruto de Su reino. Y dejamos que El nos edifique y nos transforme en la casa espiritual que El quiere que seamos.


Cuando No Conocemos el Camino

Publicado por - Mar. 06, 2008 | categorías Jesucristo, salvación

Confieso que me entró el pánico. Estaba en Brasil, viajando con dos amigos, uno de ellos brasilero. Me sentía seguro viajando con alguien que conocía el idioma y que sabía exactamente adonde íbamos. Tomábamos un vuelo de San Pablo a Rio de Janeiro. Al momento de abordar, para llegar al avión, tuvimos que llegar hasta el en un bus. Mis dos colegas subieron en un bus, pero yo tuve que esperar el segundo. No me preocupaba, porque sabía que íbamos al mismo lugar. Los vi partir y subí tranquilamente al segundo bus.

Cuando llegamos al avión y fui a buscar nuestros asientos, ¡mis amigos no estaban! Tenían que estar, pues habían salido antes, pero no estaban en el avión. Ahí sí que sentí miedo. Pregunté, en castellano, a una de las azafatas si el avión iba a Rio de Janeiro. Hablar en castellano era un acto de desesperación, pero ella me entendió y me aseguró que yo estaba en el vuelo correcto. Me seguía dando información en portugués, pero ya no escuchaba pues mis amigos estaban entrando en la nave. Por algún motivo, su bus había tardado en llegar. Yo estaba en el lugar correcto.

La noche en que Jesús fue traicionado, les dijo a sus discípulos que El iba a prepararles un lugar. Les dijo que ellos sabían el camino adonde El iba. Tomás respondió: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” Y fue en ese momento que Jesús dijo estas palabras famosas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:3-6)

No conocer el camino es una sensación fea. Está bien cuando podemos depender de otra persona, pero cuando estamos solos, estar perdidos no es lindo. Afortunadamente, cuando se trata de nuestras vidas espirituales, siempre podemos conocer el camino. Cristo es el camino. Podemos confiar en El, sabiendo que El siempre nos llevará al lugar donde necesitamos estar. Para no sentirnos perdidos, lo único que necesitamos es conocer a Jesús.


La Enfermedad

Publicado por - Feb. 13, 2008 | categorías Jesucristo, Pecado, Perdón

DoctorComenzó con una mancha blanca. Nada doloroso, pero era para preocuparse. La ley era clara: Ud. tenía que hacerse revisar para ver si tenía La Enfermedad. Fue y le revisaron. El especialista le miró y le dijo: “Lo lamento. Lo tiene. Tiene que irse.” De repente, su vida dejó de existir en la forma que había existido. Tuvo que dejar su familia sin decir adiós, los amigos se enteraron con el tiempo que se había ido; dejó casa, trabajo, todo lo conocido. Se fue a vivir con otros que tenían La Enfermedad.

La Enfermedad, en los tiempos bíblicos, era lepra. Era una enfermedad contagiosa que se temía sobre todo. La lepra moderna no es la misma enfermedad, aunque es una enfermedad terrible. La gente tenía tanto miedo de la enfermedad antigua que tomaba medidas extremas para evitarla. Sobre todo, eso quiso decir aislamiento total para los que se habían enfermado. Ningún contacto, especialmente el contacto físico.

Los maestros del día conectaban la lepra con el pecado. Uno no estaba enfermo; estaba inmundo. No se sanaba; se limpiaba. Al limpiarse de la lepra, se hacía una ceremonia grande para mostrar a todos que ya no era un marginado. Pero ese día casi nunca llegó; si no llegaba, uno vivía el resto de su vida lejos de todo lo conocido, todo lo amado. JAMAS sentiría el toque de otro ser humano.

Jesucristo llegó y comenzó a sanar todas las enfermedades. Una de las primeras historias acerca de Jesús nos habla de un hombre con lepra que fue buscando sanidad. De rodillas, rogó a Cristo que lo sanara. Y lo hizo. Pero no sólo lo sanó, según los evangelios, Cristo tocó al leproso (Marcos 1:41). Por la primera vez en mucho tiempo, alguien tocó este hombre. No hacía falta tocarle para sanarle. En otras ocasiones, Cristo sanó desde cierta distancia. Pero Jesús sabía que este hombre necesitaba más que la sanidad… necesitaba ser tocado.

Cristo sigue tocando a los que tienen La Enfermedad. La Enfermedad para nosotros no es lepra. Es pecado. El pecado mutila… mata… aisla a la gente. Destruye vidas y separa a las personas. Tal como hizo ese día, Jesús hace más que sanar. Nos toca. Toca la necesidad más allá de la necesidad. Toca a los intocables. Borra no solamente la culpa del pecado, pero quita el aislamiento y dolor que causa. Nos hace volver de una vida de separación.

Vivo mi vida hablando con otros acerca del toque del Maestro y lo que significa para nosotros. Quisiera compartir esa noticia con Ud.

Gracia y paz,
Timothy


Nadar o No Nadar

Publicado por - Jan. 30, 2008 | categorías Gracia, Iglesia, Jesucristo

nataciónHace unos meses, comencé a ir a nadar, porque sentía que estaba fuera de estado. Unas semanas después, dejé la natación por la misma razón.

Mientras yo luchaba para cruzar la pileta, estaba muy consciente de los otros. Cuando llegaba a la orilla, me aferraba del costado, desesperadamente tratando de respirar. Ellos llegaban, hacían piruetas perfectas y seguían. Vuelta tras vuelta. Era doloroso para mí nadar y doloroso para ver. Ellos ejecutaban cada movimiento con perfección. En otras palabras, yo tenía vergüenza. Honestamente, a ellos no les importaba lo que hacía yo. Pero yo tenía tanta vergüenza que dejé la pileta, retirándome a la seguridad de la cinta caminadora y las bicicletas fijas. “Cuando esté en condición,” me dije, “Volveré a la pileta.”

Muchos de nosotros nos sentimos así cuando vamos a la iglesia o cuando pensamos en ir a la iglesia. Todos los demás se ven tan perfectos mientras nosotros nos damos cuenta de nuestras fallas. Otras personas ni se acercan a Dios por la misma razón. Pensamos que nos vamos a poner bien espiritualmente antes de ir a Dios. Si te has sentido así, tienes que darte cuenta que la iglesia es el lugar donde las personas van para enderezar sus vidas, no porque tienen vidas perfectas. En los tiempos de Jesucristo, muchos decían: “Hazte digno, y luego ven a Dios.” El mensaje de Cristo era todo lo contrario: “Ven a Dios y El te hará digno.” Dios arregla las vidas rotas. Jesucristo dijo, “No vino para llamar a los justos sino a los pecadores.” El busca a personas que necesitan ayuda en lo espiritual, no a personas que ya son perfectas.

Si no te sientes digno de nadar en la pileta de Dios, quiero invitarte a probar el agua de nuevo. Dios quiere ayudarme a estar en forma espiritualmente, y El quiere hacer lo mismo por ti. Está buscando a personas imperfectas, como nosotros.



Copyright © 2010 - Hope For Life: Todos los derechos reservados

Mapa del Sitio | Contáctanos