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La Gracia y Las Obras

Publicado por - Aug. 19, 2008 | categorías Buenas obras, Dios, Gracia, Pecado, Perdón

Efesios 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Se cuenta la historia de un hombre que quería ilustrar lo que es la gracia. Formó un círculo derramando combustible en el suelo y lo encendió. Luego puso una lombriz dentro del círculo. La lombriz buscó alejarse del calor, pero cada movimiento la llevaba más cerca. Al fin se quedó quieta y se resignó a morir. En ese momento, el hombre la sacó del círculo, miró a la audiencia y dijo, “Eso es gracia.”

Pero la ilustración en realidad no alcanza. La Biblia dice que estábamos muertos sin Cristo. Muertos en nuestros pecados. No sólo no teníamos esperanza, sino que tampoco podíamos hacer nada.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La gracia de Dios nos alcanzó cuando ya no podíamos alcanzarlo a El. ¿Por qué? Por el gran amor de Dios. Nos salvó, no por nuestra bondad, sino por Su bondad.

No sólo nos salvó de la muerte, sino que ahora nos trata como realeza, dándonos un lugar de honor junto a Su Hijo. A nosotros, que en realidad merecíamos la muerte, no sólo se nos ofrece la remisión, sino que somos elevados más allá de nuestra imaginación.

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe

Si hay algo que Dios no tolera, es el orgullo humano. Continuamente obra de manera que la única posibilidad de gloriarse sea por Dios y Sus obras maravillosas. Por esto, nuestra salvación es independiente de nuestras obras. Somos salvos por la gracia de Dios, por la fe. Es una fe activa y obediente, pero es fe. No podemos hacer nada para ganarnos la salvación; somos salvos por la gracia de Dios.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Y esta es la ironía: no somos salvos por las obras sino para hacer obras. Si nuestras obras pudieran darnos salvación, podríamos presentarnos ante Dios y gloriarnos de nuestros logros. Pablo escribe en Romanos 4:2: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. ” Si la salvación no fuera por gracia, en el día final el hombre se presentaría ante Dios y se gloriaría por lo que ha hecho. Pero, como Pablo escribió a los romanos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” (Romanos 3:27)

Algunos temen que predicar sobre la gracia va a hacer que la gente tenga una fe inactiva. Pero como leemos en Efesios 2, quienes hemos sido salvados por fe hemos sido salvados para que podamos dedicarnos a hacer buenas obras. El hombre que se da cuenta de la enormidad de lo que Dios ha hecho por él puede responder con una fe activa. Pablo lo describe así:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. ” (I Corintios 15:10).

Una vez que comprendemos que la salvación de Dios es un don maravilloso que nunca se puede comprar, sino que el hombre debe recibir, entonces podemos comenzar a servirle con un corazón puro. Nuestro servicio no es un intento por obtener algo de El, es un intento de responder a lo que se nos ha dado gratuitamente.


Agricultura y Fe

Publicado por - Jul. 07, 2008 | categorías Buenas obras, Fe, Gracia

Comencé a leer un libro muy recomendado titulado La Vida en la Viña por Philip D. Kenneson. Leí una cita interesante que quiero compartir:

“Todo agricultor sabe que siempre hay más trabajo para hacer que tiempo para hacerlo; sin embargo, también comprende que mucho de lo que sucede con los cultivos está fuera de su control. Hay mucho que el agricultor debe hacer, pero él no puede hacer que la semilla brote, que brille el sol, o que llueva. De hecho, el agricultor emprende esta empresa desafiante y riesgosa de la agricultura porque confía en que estas buenas dádivas continuarán siendo dadas. La gracia y el esfuerzo, la dádiva y el trabajo: estas deben ir de la mano. Desafortunadamente, los cristianos a menudo ponen uno en contra del otro o enfatizan uno excluyendo al otro. La sabiduría del agricultor nos recuerda que ambos son necesarios, en toda su plenitud, para hacer crecer algo que valga la pena cosechar. Lo mismo sucede con la vida del Espíritu. Siempre hay suficiente trabajo para hacer, pero nadie que emprende esa obra debería hacerlo sin darse cuenta de que el crecimiento en el Espíritu es primeramente una dádiva de Dios.”

Es un punto excelente. Quienes están en la agricultura probablemente lo pueden apreciar más que yo. Aceptamos este equilibrio de gracia y obras en lo que se refiere a la agricultura, pero nos resistimos cuando se aplica a nuestras propias vidas.

Es la tensión entre saber que no puedo hacer nada para salvarme, pero si no hago nada, no seré salvo. La tensión entre saber que sólo Dios puede en verdad hacerme santo, pero este mismo Dios me dio el mandamiento: “Sed santos.”

Hay un viejo dicho que dice: “Oramos como si todo dependiera de Dios y trabajamos como si todo dependiera de nosotros.” Hay verdad allí. Un pasaje muy querido en Isaías 40:31 dice: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Notemos que no dice “se sentarán y no se cansarán; se acostarán y no se fatigarán.” Aún esperando en el Señor nos seguimos moviendo hacia adelante. Confiar en Dios no es sentarse y esperar que El haga toda la obra.

Pablo habló de esta tensión en Efesios 2:8-10: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Nuestras obras no ganan nuestra salvación. Es un regalo de Dios. Pero fuimos salvos con el propósito de hacer buenas obras. Para eso fuimos creados. Mantengamos la fe. Y las buenas obras.

Gracia y paz,
Timothy


Ganando Un Premio

Publicado por - Jun. 19, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo, salvación

Hace poco, mi señora viajó a la Argentina. Ese viaje nos hubiera costado más de lo que podríamos pagar, pero resultó ser muy accesible. Pudimos pagar el viaje con kilómetros que habíamos acumulado con otros viajes (viajo mucho por mi trabajo). En el lenguaje de las lineas aéreas, habíamos ganado un premio.

Es un concepto popular. Muchas empresas nos ofrecen incentivos sobre las compras que hacemos. Viajamos y ganamos un viaje gratis. Nos quedamos en un hotel y acumulamos puntos. Usamos una tarjeta de crédito y nos dan premios. Compramos flores, visitamos la ferretería, alquilamos videos, comemos pizza… hay muchas cosas que nos ofrecen incentivos.

A mí me gusta recibir premios. Pero veo un problema cuando entendemos a Dios de la misma manera. Si hacemos cosas buenas, creemos que Dios está obligado a recompensarnos. Mucha gente lo ve así. Asegúrate de hacer suficientes cosas buenas y tu futuro estará garantizado.

Dios no funciona así. No espera que nosotros ganemos el premio que tiene para nosotros. No hay nada que podamos hacer para obligarle a Dios a nada. Lo que El da, lo da por gracia, no por obligación. Lo que El ofrece, lo ofrece gratuitamente, no por un precio. No hay plan de incentivos para llegar al cielo. Todo depende de Dios. El apóstol Pablo escribió: “ Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

No existe ningún Plan de Oradores Frecuentes, ni Miembros Eclesiásticos Dorados. Solamente está Jesús y Su sacrificio. Por aceptar lo que El hizo con una fe obediente, recibimos el premio que El ganó. Ese sí que es un plan maravilloso.

Gracia y paz,
Timothy


Enojado por el Exito

Publicado por - May. 28, 2008 | categorías Gracia, misericordia

Algunos predicadores en la Biblia no se considerarían exitosos según los modelos de hoy. Hombres como Noé, que predicaba y predicaba pero nunca convirtió a nadie. Hombres como Elías, que llegaba a pocos y vivió sin conocer a los que Dios había convertido.

Luego están los hombres como Jonás. Jonás fue a la ciudad pagana de Nínive y predicó allí. Con valor proclamó el mensaje de Dios de que Nínive estaba a punto de ser destruída por sus pecados. Cuando estos paganos, estos enemigos del pueblo de Dios, estos idólatras, escucharon el mensaje de Jonás, creyeron. No sólo creyeron, sino que respondieron de tal manera que Dios cambió de parecer en cuanto al castigo que había pronunciado sobre esa ciudad. El rey mismo lideró un reavivamiento, ordenando que la población de mas de 100,000 personas en Nínive participaran en un ayuno al Señor.
Entonces, ¿cómo reaccionó Jonás ante este gran éxito? ¿Abrazó cálidamente a sus nuevos hermanos, gozándose en el calor de la nueva religión de ellos? No. Cuando Jonás vio que Dios no había destruido a Nínive, se enojó. “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.” (Jonás 4:1-3) ¡Estaba tan enojado que Dios no haya destruido a esta gente, que le pidió a Dios que lo destruyera a él! Parece que lo que más le importaba era que había pasado por tonto. Había pronunciado destrucción pero esto no había sucedido. Y pero aún, se había perdido el placer de observar cómo Dios destruía a sus enemigos.

Pero Jonás no perdió las esperanzas. Quizás este Dios de amor, de perdón, aún haría llover azufre sobre la ciudad. “Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida.” Jonás 4:5-8) El buen Jonás otra vez pide morir. Esta vez está molesto porque su sombra maravillosa le había sido quitada.

Aunque podemos comprender esta sensación en esta época del año, creo que podemos decir que Jonás está reaccionando exageradamente. Y Dios le dice esto. “Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4:9-11) Dios le dice que así como Jonás se preocupó por la planta, Dios tiene derecho de preocuparse por estas personas a quién El creó.

La Biblia nos dice que Dios quiere salvar a todos (1 Timoteo 2:4). De hecho, El amó tanto al mundo que Dios a Su único Hijo para salvarlo (Juan 3:16). Lo que tengo que preguntarme a veces es si amo al mundo así. ¿Me importan los perdidos? Cuando veo a gente a mi alrededor que están lejos de Dios, ¿me duele? ¿O soy como Jonás, y sólo quiero que Dios se ocupe de mí y de los que son como yo?
Jonás estaba enojado porque Dios es un Dios de amor y perdón. Pero en Su esencia, en el centro de Su ser, ese es Dios. Como escribió el salmista, “Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.” (Salmo 103:13-14) Dios nos sorprenderá una y otra vez con Su amor y Su misericordia. Así es El. El mismo Salmo dice: “Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.” (8-10)

Reaccionemos ante la misericordia y el perdón de Dios con alabanza y acción de gracias. No nos resintamos ante la gracia que muestra a otros, porque es por esta gracia que tenemos la esperanza de salvación.

Gracia y paz,
Timothy Archer


Cambiar el Pasado

Publicado por - Apr. 08, 2008 | categorías Gracia, Perdón

tiempoAlfredo se había dedicado a la ciencia de la guerra. Un científico e inventor talentoso, estudiaba las formas de crear mejores armas. Especialista en explosivos, había creado la dinamita. Se podría creer que le gustaba la guerra, pero la verdad es otra. Creía que si pudiera perfeccionar los instrumentos de guerra, sería imposible para los hombres pelearse. Dijo una vez, “Mi dinamita nos llevará a la paz más pronto que mil convenciones mundiales. Cuando los hombres ven que en un instante se pueden destruir ejércitos enteros, morarán en paz dorada.”

La primera guerra mundial hizo pedazos los sueños de paz. La dinamita y otras inventos de Alfredo fueron usados para matar más gente, más rápidamente. Pero Alfredo no dejó su esfuerzos por lograr la paz.

Un día se levantó Alfredo para encontrar en el diario el relato de su muerte. Por error, un diario francés había publicado el anuncio de la muerte de Alfredo. Fue una sensación terrible para este amante de la paz ver que el diario lo llamaba “El Comerciante de la Muerte,” describiéndolo como el responsable por miles de muertes. Alfredo no quería ser recordado así. Decidió dedicar los últimos años de su vida a crear una fundación que otorgaría premios anuales de química, física, medicina y literatura. Hoy si hablamos de Alfredo Nobel, son pocos lo que lo llaman “El Comerciante de la Muerte” o conectar su nombre con la dinamita. Nosotros pensamos en los premios Nobel, sobre todo el premio de la paz.

Quizás no podamos cambiar nuestro legado tan dramáticamente, pero podemos hacer algo mejor. Podemos tomar nuestros errores pasados, nuestras vidas pasadas, nuestra culpa y nuestro remordimiento y borrar todo. Dios prometió separarnos de nuestros pecados tan lejos como el oriente del occidente (Salmo 103:12) … lo cual es bastante lejos. Dios nos verá como si nunca hubiéramos hecho nada malo. “Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.” (2 Corintios 5:17)

Deje que Dios cambie su pasado.


¿Quién No Quieres Que Se Salve?

Publicado por - Mar. 03, 2008 | categorías Gracia, salvación

señalar


¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Para Jonás sí había. Muchos nos recordamos de Jonás, cómo huyó de Dios y terminó siendo tragado por una gran pez. Pero a veces nos olvidamos de por qué Jonás huyó de Dios. Dios le había dicho que fuera a Níneve para predicar, para anunciar la destrucción de la ciudad. Nínive era la ciudad capital del imperio asirio, el país más poderoso del mundo. Eran enemigos de Jonás y sus compatriotas, los israelitas. Jonás no quiso ir, y por eso huyó.

Y ¿por qué no quiso ir? ¿Tenía miedo de los asirios? O ¿será que tenía miedo de fracasar? No. Jonás tenía miedo del éxito. Tenía miedo de que si anunciara a los ninivitas su próxima destrucción, ellos se arrepentiría y Dios los perdonaría. ¡Y eso es lo que pasó! Luego, la Biblia nos dice: “A Jonás le cayó muy mal lo que Dios había hecho, y se disgustó mucho. Así que oró al Señor, y le dijo: —Mira, Señor, esto es lo que yo decía que iba a pasar cuando aún me encontraba en mi tierra. Por eso quise huir de prisa a Tarsis, pues yo sé que tú eres un Dios tierno y compasivo, que no te enojas fácilmente, y que es tanto tu amor que anuncias un castigo y luego te arrepientes. Por eso, Señor, te ruego que me quites la vida. Más me vale morir que seguir viviendo.” (Jonás 4:1-3)

Jonás estaba enojado con Dios, tan enojado que quería morir. ¿Por qué? Porque Dios es un Dios misericordioso. Jonás no quería ver la salvación de sus enemigos, no quería quedar mal, anunciando algo que no sucedería.

Vuelvo a preguntar. ¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Quiero decirles que para Dios, no hay nadie así. Pablo escribió a Timoteo: “Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad … Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad … Porque él se entregó a la muerte como rescate por la salvación de todos …” (1 Timoteo 2:1-6) Hay que orar por todos porque Dios quiere que todos se salvan. Por eso Cristo murió por la salvación de todos. Todos. Eso incluye al más depravado como al más piadoso. Incluye a los terroristas y los asesinos y los corruptos y … a todos. Dios quiere a todos y quiere que todos se salven.

Si Dios es así, ¿no debemos ser así también?


Nadar o No Nadar

Publicado por - Jan. 30, 2008 | categorías Gracia, Iglesia, Jesucristo

nataciónHace unos meses, comencé a ir a nadar, porque sentía que estaba fuera de estado. Unas semanas después, dejé la natación por la misma razón.

Mientras yo luchaba para cruzar la pileta, estaba muy consciente de los otros. Cuando llegaba a la orilla, me aferraba del costado, desesperadamente tratando de respirar. Ellos llegaban, hacían piruetas perfectas y seguían. Vuelta tras vuelta. Era doloroso para mí nadar y doloroso para ver. Ellos ejecutaban cada movimiento con perfección. En otras palabras, yo tenía vergüenza. Honestamente, a ellos no les importaba lo que hacía yo. Pero yo tenía tanta vergüenza que dejé la pileta, retirándome a la seguridad de la cinta caminadora y las bicicletas fijas. “Cuando esté en condición,” me dije, “Volveré a la pileta.”

Muchos de nosotros nos sentimos así cuando vamos a la iglesia o cuando pensamos en ir a la iglesia. Todos los demás se ven tan perfectos mientras nosotros nos damos cuenta de nuestras fallas. Otras personas ni se acercan a Dios por la misma razón. Pensamos que nos vamos a poner bien espiritualmente antes de ir a Dios. Si te has sentido así, tienes que darte cuenta que la iglesia es el lugar donde las personas van para enderezar sus vidas, no porque tienen vidas perfectas. En los tiempos de Jesucristo, muchos decían: “Hazte digno, y luego ven a Dios.” El mensaje de Cristo era todo lo contrario: “Ven a Dios y El te hará digno.” Dios arregla las vidas rotas. Jesucristo dijo, “No vino para llamar a los justos sino a los pecadores.” El busca a personas que necesitan ayuda en lo espiritual, no a personas que ya son perfectas.

Si no te sientes digno de nadar en la pileta de Dios, quiero invitarte a probar el agua de nuevo. Dios quiere ayudarme a estar en forma espiritualmente, y El quiere hacer lo mismo por ti. Está buscando a personas imperfectas, como nosotros.


El DESHACER de la vida

Publicado por - Jan. 28, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo, Perdón

UNDO¿Se acuerda del líquido corrector? Liquid Paper. Al escribir a máquina, uno cometía errores y los cubría con ese líquido mágico. Abracadabra, el error ya no estaba. Sí, quedaba una mancha blanca, pero no se veía el error.

Luego conocí a las computadoras. Y aprendí el comando DESHACER. Uno escribía… se equivocaba… invocaba el comando DESHACER…el error ya no estaba. Y nadie se daba cuenta. Luego vinieron los programas con DESHACER multiple y DESHACER ilimitado. Era más y más fácil de encubrir las equivocaciones. Ahora no soporto los programas que no tienen DESHACER. Cuando cometo un error, quiero poder hacerlo desaparecer.

¿No sería lindo si la vida viniera con DESHACER? Algo para volver en el tiempo y borrar los errores, corregir las faltas. Bueno, existe tal cosa. Hay una forma de hacer desaparecer las cosas feas de nuestro pasado. La Biblia me dice que Dios está dispuesto a tomar mis errores y alejarlos de mí, “tan lejos como el oriente del occidente.” Por medio de Jesús y su gracia, puede recibir perdón continuo por los errores que cometo. Cuando soy parte de la familia de Dios, cuando me identifiqué por completo con Jesús, el Hijo de Dios, puedo tener plena confianza que El deshará todos mis errores. Quizás tenga que vivir con las consecuencias de mis acciones, pero la culpa ya no las tengo que llevar conmigo. Es una sensación hermosa.

Deje que Dios le de un nuevo comienzo. Si es cristiano pero sigue viviendo con culpa, aprenda como recibir ese perdón continuo que Jesús ofrece. Si no es cristiano, haga lo que necesite hacer para serlo. Es una decisión que nunca querrá DESHACER.

Gracia y paz,
Timothy


Confesiones de un perfeccionista

Publicado por - Jan. 25, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo

blancoYo soy perfeccionista. Odio equivocarme. Cuando termino un proyecto, pocas veces estoy satisfecho. Siempre sé que lo podría mejorar. Siempre hay “una cosita más” que podría hacerse.

Una forma de soportar eso es decir “está suficientemente bien”. Podría dedicarle más tiempo y esfuerzo, pero esto es suficiente. “Suficiente” funciona para las cosas que no tienen importancia, ¿pero qué pasa con las cosas que sí importan? ¿Queremos que el cirujano se conforme con “suficientemente bien” cuando nos opera? ¿O qué el mecánico que revisa nuestro avión busca hacer “lo suficiente” en su trabajo?

Ese es el dilema que veo en mi vida. Quiero ser perfecto, pero no lo soy. A la vez, no quiero conformarme con “suficiente”. Quiero excelencia, pero me doy cuenta que no la alcanzo. Esa una lucha antigua. La única esperanza que encontré yo es el poder de Jesucristo. El puede ayudarme vivir como debo, y puede cubrir las fallas que cometo. Por medio de El y solamente por El puede este perfeccionista encontrar la paz. En Cristo, no tengo que ser perfecto. Jesús me hace perfecto. No solamente me dice lo que debo hacer; me ayuda hacerlo. Y cuando resisto e insisto en hacer las cosas a mi manera, El está ahí para perdonarme y arreglar mis errores.

Por fin encontré la perfección. Tengo que dejar de intentar ser perfecto por mi cuenta y dejar que Jesús me perfeccione. Fácil ¿no? Sé que algún día Cristo terminará su obra en mí y yo seré lo que siempre quise ser: perfecto.

Gracia y paz,
Timothy



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