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La Degustación

Publicado por Timothy Archer - ene. 23, 2009 | categorías Dios

comida
A mí me gusta probar comidas nuevas. Cuando viajo a otro país, siempre me interesa probar comida típica del lugar. Si puedo comer algo que otras personas comen con gusto, quiero hacerlo.

Conozco a otras personas que no son así. Un amigo viajó a Jamaica en su luna de miel y no comío en ningún sitio que no fuera McDonald’s. Otro amigo siempre quiere saber cuáles son los ingredientes antes de arriesgarse. El caso peor que conocí fue una mujer que vivía en el extranjero y me dijo: “Yo no invito a la gente de aquí a mi casa, porque luego me invitarían a mí y yo tendría que comer cosas que no me gustan.” No hace falta decir que su estadía fue corta y desagradable.

Espero que a Ud. le guste probar otras comidas, pero mucho más importante es que tenga la mente abierta cuando se trata de Dios y lo que El puede hacer. En el libro de los Salmos en la Biblia, podemos leer: “Prueben y vean que el Señor es bueno” (Salmo 34:8) Es una degustación que Ud. debe hacer. No dependa de lo que otras personas digan de Dios. No dependa de lo que yo diga. Deje atrás a las ideas preconcebidas y pruebe a Dios. Pruebe su plan para su vida. Dios puede darle significado a su vida, darle esperanza en medio de la desesperanza, y mostrarle una vida de la cual puede sentirse orgulloso. Pero tiene que probarlo. Hay que intentar vivir a la manera de Dios. Solamente así puede saber si Dios es bueno o no.

No todos saben saborear a Dios, no todos saben experimentar su presencia. Si no sabe por dónde comenzar, quiero ayudarle. Escríbame a timothy@nuestraesperanza.com o deje un comentario aquí. No rechace lo que no ha probado. “Prueben y vean que el Señor es bueno.” No se arrepentirá.


El Tesoro

Publicado por Timothy Archer - sep. 26, 2008 | categorías Dios, salvación

manto
Tras los años, me ha gustado un programa en la televisión sobre las antigüedades. En este programa, viajan por el mundo, y expertos en muebles, monedas, arte, ropa, etc., evaluan las cosas que la gente trae. Todo, desde la basura hasta los tesoros inesperados. Muchas veces, la gente que se acerca no tiene idea del valor de los artículos que traen. Algunos vienen por curiosidad; otros por querer mostrar alguna relíquia familiar. Algunos llegan desperados, esperado escuchar que tiene algo de mucho valor.

En un capítulo, un ancianito trajo un manto que había estado en la casa de su abuela. La tradición familiar decía que este manto había pertenecido a un vaquero famoso, Kit Carson. El experto, un señor llamado Don Ellis, le dijo al señor de edad avanzada que ese manto podría valer medio millón de dólares, no por la conexión con Carson, sino porque tenía gran valor histórico como ejemplo de artesanía indígena. Ellis lo llamó “un tesoro nacional.”

El dueño del manto, llamado Ted, se puso a llorar. Dijo, “Mis abuelos y mis padres eran tan pobres…” Estaba contento saber que tenía algo de valor, pero lamentaba el hecho de que su familia había pasado tanto tiempo sin saber lo que tenían. Vivían en la pobreza, mientras tenían un tesoro en su casa.

Yo veo a muchas personas que viven de esa forma todos los días. Tanto dolor, tanto sufrimiento, tan poca esperanza, mientras Dios ofrece lo que necesitan y lo ofrece gratuitamente. Ellos luchan para encontrar las fuerzas para enfrentar el día, mientras Dios quiere darles poder sin medida. Buscan sentido y propósito en la vida, mientras Dios espera con una perspectiva eterna que da sentido a todo. Estas personas luchan con culpa, remordimiento y vergüenza, mientras Dios ofrece perdón y un nuevo comienzo. El tesoro está disponible. Lo único que tienen que hacer es reconocer el valor de lo que Dios ofrece.

El apóstol Pablo escribió: “Porque ya saben ustedes que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos.” (2 Corintios 8:9). Dios nos ofrece riquezas increibles, no en lo material, pero en lo espiritual, riquezas que no se gastarán nunca. Lo único que tenemos que hacer es aceptar lo que El ofrece.

Tengo más para contarte. Deja un comentario aquí, dándome tu dirección, y te hablaré del tesoro que Dios ofrece.

Gracia y paz,
Timothy


Buscar a Dios

Publicado por Timothy Archer - sep. 16, 2008 | categorías Dios

Tortugas tomando solDos tortugas sobre una roca. Nada fuera de lo común, por lo menos cuando se trata de tortugas. Siendo reptiles, las tortugas, como la mayoría de los animales de sangre fría, buscan tomar sol. El problema era que estas dos tortugas estaban en una laguna artificial en el interior de un hotel en Varadero, Cuba. A pesar de lo que les decían sus instintos, no iban a encontrar el sol ese día ni ningún otro. Lo mejor que podrían esperar era calentarse por el ambiente.

Me parecía que estaba viendo una metáfora. Estos animales estaban programados para salir del agua regularmente para buscar el sol y su calor. Antiguas fuerzas naturales les llevaban a repetir ese ejercicio inútil, aunque su experiencia les decía que no. No pude sino pensar en nosotros, la humanidad, y la necesidad innata que tenemos de buscar a Dios y su calor, aunque muchos de nosotros no nos damos cuenta que estamos buscando en el lugar equivocado. Las tortugas han sido encerradas contra su voluntad, pero nosotros nos alejamos de la luz de Dios por elección propia. Dios nos busca y algo dentro de nostros responde a él, pero nos encerramos detrás de muros que nos impiden llegar a El, muros que hemos construido nosotros mismos. Algunos sufren detrás de muros de orgullo intelectual. Otros son bloqueados por algún pecado, algún vicio que no quieren dejar. Para algunos, es algún dolor del pasado, para otros, es el temor del futuro. Buscamos a Dios por instinto, pero nos conformamos con algún sustituto, algo que realmente no nos satisface.

Hace miles de años un poeta hebreo escribió: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá los deseos de tu corazón.” (Salmo 37:4). Me llevó años darme cuenta que la segunda parte de ese versículo depende de la primera parte. Cuando aprendemos a deleitarnos en el Señor, El llega a ser el deseo principal de nuestro corazón. El llega a ser lo que más buscamos. Ese es el secreto de la felicidad. Cuando buscamos a Dios por encima de todo, o recibimos las otras cosas que queremos o descubrimos que esas cosas eran meros sustitutos que jamás podrán satisfacer los deseos de nuestro corazón.

Tal como esas tortugas buscan el sol, nosotros necesitamos a Dios. Pero mientras las tortugas son incapaces de ponerse en la posición de encontrar lo que buscan, nosotros podemos no solo buscar a Dios sino encontrarlo también. Quiero ayudarte a encontrar el calor del amor de Dios. Solamente ponte en contacto conmigo. No tienes que pasar la vida buscando en los lugares equivocados.


La Gracia y Las Obras

Publicado por Timothy Archer - ago. 19, 2008 | categorías Buenas obras, Dios, Gracia, Pecado, Perdón

Efesios 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Se cuenta la historia de un hombre que quería ilustrar lo que es la gracia. Formó un círculo derramando combustible en el suelo y lo encendió. Luego puso una lombriz dentro del círculo. La lombriz buscó alejarse del calor, pero cada movimiento la llevaba más cerca. Al fin se quedó quieta y se resignó a morir. En ese momento, el hombre la sacó del círculo, miró a la audiencia y dijo, “Eso es gracia.”

Pero la ilustración en realidad no alcanza. La Biblia dice que estábamos muertos sin Cristo. Muertos en nuestros pecados. No sólo no teníamos esperanza, sino que tampoco podíamos hacer nada.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La gracia de Dios nos alcanzó cuando ya no podíamos alcanzarlo a El. ¿Por qué? Por el gran amor de Dios. Nos salvó, no por nuestra bondad, sino por Su bondad.

No sólo nos salvó de la muerte, sino que ahora nos trata como realeza, dándonos un lugar de honor junto a Su Hijo. A nosotros, que en realidad merecíamos la muerte, no sólo se nos ofrece la remisión, sino que somos elevados más allá de nuestra imaginación.

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe

Si hay algo que Dios no tolera, es el orgullo humano. Continuamente obra de manera que la única posibilidad de gloriarse sea por Dios y Sus obras maravillosas. Por esto, nuestra salvación es independiente de nuestras obras. Somos salvos por la gracia de Dios, por la fe. Es una fe activa y obediente, pero es fe. No podemos hacer nada para ganarnos la salvación; somos salvos por la gracia de Dios.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Y esta es la ironía: no somos salvos por las obras sino para hacer obras. Si nuestras obras pudieran darnos salvación, podríamos presentarnos ante Dios y gloriarnos de nuestros logros. Pablo escribe en Romanos 4:2: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. ” Si la salvación no fuera por gracia, en el día final el hombre se presentaría ante Dios y se gloriaría por lo que ha hecho. Pero, como Pablo escribió a los romanos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” (Romanos 3:27)

Algunos temen que predicar sobre la gracia va a hacer que la gente tenga una fe inactiva. Pero como leemos en Efesios 2, quienes hemos sido salvados por fe hemos sido salvados para que podamos dedicarnos a hacer buenas obras. El hombre que se da cuenta de la enormidad de lo que Dios ha hecho por él puede responder con una fe activa. Pablo lo describe así:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. ” (I Corintios 15:10).

Una vez que comprendemos que la salvación de Dios es un don maravilloso que nunca se puede comprar, sino que el hombre debe recibir, entonces podemos comenzar a servirle con un corazón puro. Nuestro servicio no es un intento por obtener algo de El, es un intento de responder a lo que se nos ha dado gratuitamente.


Invitados a Entrar En La Familia

Publicado por Timothy Archer - may. 05, 2008 | categorías Dios, Jesucristo, salvación

Has sido invitado a llegar a ser un miembro de la familia de Dios. Sé que suena extraño: seres humanos comunes entrando en una relación con el Dios que los creó. Sin embargo, eso es exactamente lo que Dios nos ha ofrecido. Vas a escuchar hablar de esto en distintas maneras: salvación, nacer de nuevo, venir a Jesús, hacerse cristiano, etc. Aunque muchos otros términos son apropiados, me identifico mejor con la idea de entrar en la familia de Dios.

Es que como ves, Dios es un Dios de relaciones. Fue él quien vino buscando al hombre, no viceversa. La Biblia nos dice que fue el amor lo que motivó a Dios a alcanzar al hombre. Fue Dios el primero en hacer el gesto de intentar reparar nuestra relación quebrada.

“Pues de tal manera amó Dios al mundo que Dios a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

¿Pero qué pasó con nuestra relación con Dios? ¿Por qué necesitaba ser arreglada? Si El nos creó, ¿por qué no podemos simplemente estar con El? Como yo lo veo, todo se resume en la naturaleza de Dios. Por ejemplo, Dios es luz, entonces la oscuridad no puede estar donde él está. Dios es verdad, entonces todo lo que no sea verdad está lejos de él. Dios es vida, entonces la muerte es alejada de su presencia. Y Dios es santo, Dios es puro, Dios no puede ser tocado por el mal. Entonces cualquiera que ha hecho algo malo no puede vivir con Dios. Y ya que todos nosotros hemos hecho mal, ya que todos hemos pecado (para usar el término apropiado), no calificamos para estar dentro de la familia de Dios.

“…por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23)

¿Qué pasa si no entramos en una relación con Dios? Viene el día en que Dios separará para siempre a los que son suyos de los que no lo son. Los que estén con Dios disfrutarán de todo lo que El es: vida, luz, gozo, etc. Quienes han elegido no seguir a Dios no estarán con él y no tendrán ninguna de esas cosas. Un lugar sin Dios y sin las cosas que lo caracterizan será un lugar que sólo tendrá oscuridad, sufrimiento, y muerte.

Las manchas que deja el pecado duran toda la vida… Y más allá. Alguien que nunca ha pecado es el único que puede quitarlas. Es por eso que Dios envió a Su hijo Jesús. Jesús vino al mundo y vivió una vida sin pecado. Su muerte injusta nos abrió el camino para recibir el perdón de pecados. Su sangre inocente es capaz de lavar las manchas del pecado, haciendo posible que seamos santos como Dios, y que seamos adoptados en la familia de Dios. Estas son las buenas nuevas que Dios tiene para la humanidad: que a través de Jesucristo y su muerte, Dios ha provisto la manera por la cual la humanidad puede tener una plena relación con El.

“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” (1 Juan 3:5)

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)

“…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:19)

La Biblia dice que cualquiera que cree en Jesucristo puede llegar a ser hijo de Dios. También nos dice que quienes creen en El pueden tener vida eterna. Obviamente esto significa mucho más que simplemente creer que Jesús existió; la clase de creencia que nos da esperanza implica creer que Jesús es quien dice ser y que él está permitiendo que sobre esa base nuestra vida tome forma.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…” (Juan 1:12)

Esta clase de creencia se llama fe. La fe lleva a la acción. Yo puedo creer que un hombre es doctor, pero no tener fe en él. Pero si tengo fe en un doctor, entonces voy a seguir sus instrucciones. No me enorgullezco de hacer lo que el doctor me dice que haga, simplemente es un símbolo de la fe que tengo en él.

Yo pensaba que la fe era simplemente creer. Hay un famoso ejemplo en la Biblia que nos ayuda a entender más sobre la fe y la obediencia. Muchos han oído la historia de Noé y el arca, cómo Dios advirtió a Noé de un diluvio inminente y le dijo que construyera un gran bote, un arca, para salvarse a sí mismo, a su familia, y a ejemplares de cada especie de animal.

Dios salvó a Noé por su misericordia. Noé de ninguna manera se ganó su salvación. Fue salvo por su fe en Dios. Sin embargo, ¿lo hubiera salvado esa fe si no hubiera construido el arca? No. ¿Hubiera alguno sido salvo sólo por construir un gran bote, aunque no creyeran en Dios? No. Sólo la fe, una fe obediente, puede salvar.

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)

Vemos en la Biblia que nuestra fe en Jesús nos llevará a hacer ciertas cosas. Abierta y públicamente confesaremos nuestra fe en él. Admitiremos nuestros pecados y haremos todo lo que podamos para no repetirlos (se hace referencia a esto como “arrepentimiento”). También seremos inmersos en agua, siendo bautizados, para simbolizar la sepultura de nuestra vida vieja y el comienzo de nuestra nueva vida como miembro de la familia de Dios.

“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:3-4)

Como miembros de la familia de Dios, se espera de nosotros que intentemos vivir de la manera que Dios quiere. El sabe que todavía cometeremos errores, y siempre está dispuesto a perdonarnos cuando lo hagamos. La familia de Dios no es perfecta para nada, pero se supone que debemos estar imitando a nuestro hermano mayor: Jesús. Puesto que El vivió una vida sin pecado, hacemos todo lo posible por eliminar el pecado de nuestra vida.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” (1 Juan 3:1)

Espero que aprendas más en cuanto a la familia de Dios, lo que significa ser parte de su familia, y las cosas que necesitas hacer para ser adoptado en esa familia.

Que Dios te bendiga.


¿Qué Pide el Señor?

Publicado por Timothy Archer - mar. 19, 2008 | categorías Dios, Obediencia

Si le hubieras preguntado a alguien común en tiempos del Antiguo Testamento qué era lo que Dios quería de él, ¿qué hubiera respondido? Cuando pensamos en el antiguo pacto, pensamos en reglas y leyes, mandamientos y preceptos, sacrificios y leyes de alimentación. Lo imaginamos como un sistema de salvación por medio de guardar reglas. Y así pensaba mucha gente que vivió bajo ese sistema.

¿Lo veía Dios así? Veamos en Deuteronomio, un libro lleno de reglas y regulaciones. Lee capítulo 10 y verso 12: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;” ¿Lo viste? Sí, las reglas están ahí, pero están bajo la sombra de un elemento clave: una relación. Dios buscaba (y busca) una relación con Su gente.

El salmista sabía esto cuando escribió en el Salmo 51: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” A través del profeta Jeremías, Dios intentó recordar a la gente de que ese había sido Su mensaje desde el principio: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien” (Jeremías 7:22-23).

Aún así, les era mucho más fácil enfocarse en sacrificios y leyes de alimentación. Era más fácil “hacer cosas justas” que vivir las implicancias de una relación real con Dios. Porque esa relación te obliga a tratar correctamente con tu prójimo. Es más feacil vivir como quieras en tu vida diaria, pensando que todo se puede arreglar “siendo religioso” en el momento justo. Esta actitud llevó a Dios a exlamar: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amós 5:21-24). Básicamente dijo lo mismo en Isaías 1:10-15. Dios aborrece la actividad religiosa que no proviene del corazón. Rechaza la adoración que no va acompañada de una vida de amor hacia nuestro prójimo.

Entonces, ¿que pidió Dios a Su pueblo en la antiguedad? Lo dice claramente, a través de Miqueas el profeta: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8).

El apóstol Pablo nos dice que el error de los judíos era actuar como si de alguna manera pudieran obtener la justicia por medio de sus obras. Escribe: “¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:30-32). Ellos no se dieron cuenta de que su relación con Dios se basaba en la fe y no en las obras. Y que el punto de la Ley era la relación entre Dios y Su pueblo.
No cometamos el mismo error. Mantengamos nuestro enfoque en Dios y hagamos de nuestra relación con El lo más importante en nuestras vidas. Nos aseguremos de que nuestra religión esté basada en una vida justa y no en rituales, en fe y no en obras. Lo útlimo que queremos es presentar una adoración a Dios que es detestable a El. ¿De qué serviría?

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios

¿Qué quiere Dios? Lo ha dicho muy claro.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy Archer


¿Es Todo Lo Que Hay?

Publicado por Timothy Archer - mar. 13, 2008 | categorías Dios, Satisfacción

miradaYo me acuerdo de aquel juego que tanto quería. Un juego de futbol americano “computarizado,” en una época cuando no había computadoras en las casas. Había una foto de mi jugador preferido en la caja, asegurándome que era tan bueno que los profesionales podían entrenar con ese juego. Sabía que el juego sería una marvilla.

Soñaba con tener ese juego, de lo divertido que sería. Me imaginaba pasando horas y horas con este simulacro del juego real. Después de rogar por meses y meses, recibí el juego. Lo saqué de la caja con emoción y descubrí que me habían engañado. No había nada computarizado en este juego. Consistía de una luz conectado a dos palos; iluminaba distintos resultados según la posición de los palos. Nada más. Miraba y pensaba: “¿Es todo lo que hay?”

Quisiera poder decir que fue la única vez en mi vida que pasó algo así, pero no sería cierto. He sentido esa sensación vez tras vez. Veo algo que deseo, que me atrapa la imaginación. Espero con ganas la satisfacción que tendré cuando lo obtenga. Luego lo recibo y termino pensando: “¿Es todo lo que hay?”

Si nos descuidamos, pasamos la vida entera pensando “¿Es todo lo que hay? ¿No hay nada más?” Escuchamos la publicidad, la propuesta de venta, las promesas, la tentación sin fin: compra esto y estarás feliz; entra en una relación con esta persona y se te cumplirán los sueños; obtiene aquel trabajo y vivirás siempre feliz. Llegamos a casa y descubrimos que hemos comprado dos palos conectados a una luz. ¿Es todo lo que hay?

En el libro de Génesis, un hombre llamado Jacob describe su vida así: In the book of Genesis, a man named Jacob describes his life as follows: “Ya tengo ciento treinta años de ir de un lado a otro. Han sido pocos y malos años” (Génesis 47:9). 130 años, y Jacob los llama “pocos y malos.” Le escucho decir “¿Es todo lo que hay?”

Solamente Dios puede satisfacer nuestras necesidades más profundas, solamente El puede satisfacer ese anhelo eterno. Cuando recibimos Sus dones, nunca decimos: “¿Es todo lo que hay?” Cuando nos da el don de la salvación, cuando derrama Su gracia en nuestras vidas, nunca saldremos a buscar más. Dios cumple sus promesas. Sus regalos no tienen par. Nadie puede satisfacer nuestros deseos como El.


El Poder Para Cambiar

Publicado por Timothy Archer - feb. 22, 2008 | categorías Dios, Fe, Oración, Transformación

villa miseriaNorma venía a la iglesia algunos domingos, acompañada por sus seis hijos. Otros domingos alguien iba para visitarla a ella. Norma vivía en una”villa miseria” en la Argentina, donde viven los más humildes de los humildes. Esta villa se ubicaba al lado de un canal de irrigación en las afueras de la ciudad. Lo más que se alejaba del asfalto, lo más humilde que eran las casas. La casa de Norma era la última, básicamente unas chapas y algunos cartones arreglados para formar una casita.

Su marido, Fernando, era un hombre fuerte que bebía casi todo lo que ganaba. Al emborracharse, volvía a casa y golpeaba a Norma y los niños. Después de un tiempo, los hombres de nuestra iglesia decidieron intervenir. Nos reunimos para hablar de cómo sacar a Norma de esa situación. Pero durante la reunión, alguien sugirió que estábamos mirando la situación de una perspectiva equivocada. Hablábamos de Fernando como si fuera el enemigo, cuando la verdad es que él era víctima de nuestro enemigo—Satanás. Pasamos tiempo ese sábado por la noche orando por Fernando, orando que Dios le tocaría el corazón.

El día siguiente, domingo, cuando uno de los cristianos fue a visitar a Norma, Fernando salió a su encuentro. Se le caían las lágrimas. Rogaba que este hermano le ayudara a cambiar su vida. Dentro de poco, Fernando nació de nuevo en las aguas del bautismo, entregando su vida a Cristo. El cambio no era inmediato, pero Fernando comenzó a tratar de vivir de la forma indicada.

Me da vergüenza confesar que estábamos sorprendidos. No sé por qué lo estábamos. ¿No era exactamente lo que habíamos pedido en oración? Temo que a veces hablamos más allá de nuestra creencia, que oramos más allá de lo que pensamos que Dios hará. Pero la verdad es, Dios sigue tocando vidas. Sigue ayudando a las personas a realizar un cambio en sus vidas si ellas se lo permiten.

No todas las historias son tan dramáticas, pero el poder es el mismo. Dios quiere comenzar una obra en tu vida y continuarla hasta el final. Dios sigue cambiando vidas. Dios sigue tocando corazones. El quiere obrar en tu vida y las vidas de las personas que te rodean, las vidas de tus seres queridos.



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