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¿Es eso una paja en tu ojo?

Publicado por - Aug. 22, 2008 | categorías Comunión, Criticar

¿Alguna vez has notado lo fácil que es descubrir las faltas de otros? Puedo ver tan claramente cuando alguien está equivocado. Y honestamente, no sólo es fácil, sino también divertido. Parte de mí disfruta secretamente (a veces no tan secretamente) ver en qué se equivocan los demás. Debería agregar que no sólo es fácil y divertido… a menudo es pecado. La Biblia no dice muchas cosas buenas del que se sienta a ver las faltas de otros. De hecho, Jesús lo llamó hipocresía. Escucha Sus palabras: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:3-5) Es fácil y divertido señalar las fallas de otros, pero difícil y no placentero tener que enfrentar nuestros propios errores. Pablo escribió: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” (Romanos 2:1) Cada uno es llamado a evaluar su propia obra, no la de su hermano (Gálatas 6:4)

Una de las cosas más tristes en el cristianismo de hoy son las publicaciones en las que algunos hermanos se sienten con la obligación de decirle al mundo lo que otros hermanos están haciendo mal. Esta práctica está muy lejos de lo que hicieron los escritores del Nuevo Testamento. Mira el libro de Gálatas, un libro que escribió Pablo con mucha emoción al enfrentar falsas enseñanzas. Pablo nunca llama a los falsos maestros por nombre. ¡Ni una sola vez! Y Pablo escribió a los gálatas en cuanto a los problemas de la iglesia en Galacia, no los problemas de la iglesia en Corinto. Si Pablo escribiera hoy a nuestra congregación, no sería para advertirnos en cuanto a lo que alguna iglesia está haciendo en otra ciudad; sería para advertirnos en cuanto a los problemas que tenemos aquí.

Pero he aquí lo irónico: aún mientras escribo estas líneas, me acerco a caer en la tentación de hacer lo mismo. Cuando veo el nombre de ciertos autores, suspiro por dentro. “¡Oh, no!” pienso, “Otra denuncia sin amor en contra de hermanos en Cristo.” ¿Y ves lo que estoy haciendo? Estoy mostrando el mismo espíritu de juicio sin amor que estoy condenando en ellos.

Pienso en la iglesia en Efeso de la cual habló Jesús en Apocalipsis 2. Trabajaban duro, eran celosos, defendían la sana doctrina y eran enemigos de falsos maestros. Y estaban a punto de perder su derecho de ser llamados iglesia del Señor. ¿Por qué? Porque habían perdido su amor. Si no recuperaban ese amor, Cristo los iba a desheredar.

Reconozco que soy llamado a corregir a mi hermano cuando lo veo en error. Pero, debo hacerlo con amor y humildad, reconociendo que yo también estoy siguiendo a mi Señor imperfectamente. Somos llamados a hablar la verdad, pero en amor (Efesios 4:15). Nuestro hablar debe tener verdad y debe tener amor, o no es cristiano.

Busquemos el bien de otros hoy y cada día.



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