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El Poder De Una Vida

Publicado por - Nov. 05, 2008 | categorías Buenas obras, Vida

Se cuenta la historia de Gordon Maxwell, misionero en India, que cuando le pidió a un estudioso hindú que le enseñara su idioma, el hindú respondió: “No, Sahib, no te enseñaré mi idioma, porque me convertirías en un cristiano.”

Gordon Maxwell respondió, “Me malentendiste. Simplemente quiero que me enseñes tu idioma.”

De nuevo el hindú respondió, “No, Sahib, no te enseñaré. Ningún hombre puede vivir contigo sin llegar a ser cristiano.” ¡Qué testimonio poderoso de la vida de este hombre!”

Jesús, en Su Sermón del Monte, dijo, “Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo” (Mateo 5:14-16)

Pedro también escribió en cuanto al efecto de nuestras acciones sobre otros: “Queridos hermanos, les ruego, como a extranjeros de paso por este mundo, que no den lugar a los deseos humanos que luchan contra el alma. Condúzcanse bien entre los paganos. Así ellos, aunque ahora hablen contra ustedes como si ustedes fueran malhechores, verán el bien que ustedes hacen y alabarán a Dios el día en que él pida cuentas a todos.” (I Pedro 2:11-12)

¿Has escuchado la vieja expresión: “Practica lo que predicas”? Para quienes nos rodean,es crucial. Decimos que Dios es amor; ¿vivimos en amor? Hablamos de nuestra devoción a Cristo; ¿mostramos esa devoción en nuestra vida diaria?

Otro viejo dicho dice:“A nadie le importa lo que sabes hasta que sabe que le importas.” Predicamos a la gente cada día con nuestras acciones. Nos ven y miran quiénes somos antes de que abramos la boca para declarar quiénes somos.

Cuando estudiaba comunicación en la universidad, aprendimos en cuanto a la comunicación no verbal,lo que hacemos que comunica sin palabras. El tono de voz, los gestos, las expresiones faciales… todo esto es parte de la comunicación no verbal. Aprendimos algo interesante. Cuando los mensajes verbales y los no verbales no concuerdan, la gente cree los mensajes no verbales. Probé esto con mis alumnos cuando era ayudante graduado. Dije a uno, “Estoy tan enojado contigo,” mientras que le di una gran sonrisa y un abrazo. Toda la clase estuvo de acuerdo en que yo no parecía enojado. Luego me di vuelta, y temblando de enojo grité: “¡No estoy enojado!” Nuevamente toda la clase escuchó el mensaje de la ira. Lo mismo sucede con nuestra vida cristiana. Podemos decirle a la gente del amor de Dios, pero si les mostramos otra cosa, desacreditamos nuestro mensaje. Es a lo que Pablo se refería cuando dijo en Romanos 2:24:“Con razón dice la Escritura: “Los paganos ofenden a Dios por culpa de ustedes.” Lo que hacemos puede acercar a la gente a Dios o llevarlos a hablar mal del cristianismo.

Que hagamos brillar la luz del evangelio en el mundo. Que nos vean como personas que nos amamos, que amamos a Dios, y que de verdad amamos a nuestros prójimos. Que vean vidas tan buenas que la única respuesta posible sea, “Ciertamente Dios está entre ellos.”

Gracia y paz,
Timothy


La Gracia y Las Obras

Publicado por - Aug. 19, 2008 | categorías Buenas obras, Dios, Gracia, Pecado, Perdón

Efesios 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Se cuenta la historia de un hombre que quería ilustrar lo que es la gracia. Formó un círculo derramando combustible en el suelo y lo encendió. Luego puso una lombriz dentro del círculo. La lombriz buscó alejarse del calor, pero cada movimiento la llevaba más cerca. Al fin se quedó quieta y se resignó a morir. En ese momento, el hombre la sacó del círculo, miró a la audiencia y dijo, “Eso es gracia.”

Pero la ilustración en realidad no alcanza. La Biblia dice que estábamos muertos sin Cristo. Muertos en nuestros pecados. No sólo no teníamos esperanza, sino que tampoco podíamos hacer nada.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La gracia de Dios nos alcanzó cuando ya no podíamos alcanzarlo a El. ¿Por qué? Por el gran amor de Dios. Nos salvó, no por nuestra bondad, sino por Su bondad.

No sólo nos salvó de la muerte, sino que ahora nos trata como realeza, dándonos un lugar de honor junto a Su Hijo. A nosotros, que en realidad merecíamos la muerte, no sólo se nos ofrece la remisión, sino que somos elevados más allá de nuestra imaginación.

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe

Si hay algo que Dios no tolera, es el orgullo humano. Continuamente obra de manera que la única posibilidad de gloriarse sea por Dios y Sus obras maravillosas. Por esto, nuestra salvación es independiente de nuestras obras. Somos salvos por la gracia de Dios, por la fe. Es una fe activa y obediente, pero es fe. No podemos hacer nada para ganarnos la salvación; somos salvos por la gracia de Dios.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Y esta es la ironía: no somos salvos por las obras sino para hacer obras. Si nuestras obras pudieran darnos salvación, podríamos presentarnos ante Dios y gloriarnos de nuestros logros. Pablo escribe en Romanos 4:2: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. ” Si la salvación no fuera por gracia, en el día final el hombre se presentaría ante Dios y se gloriaría por lo que ha hecho. Pero, como Pablo escribió a los romanos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” (Romanos 3:27)

Algunos temen que predicar sobre la gracia va a hacer que la gente tenga una fe inactiva. Pero como leemos en Efesios 2, quienes hemos sido salvados por fe hemos sido salvados para que podamos dedicarnos a hacer buenas obras. El hombre que se da cuenta de la enormidad de lo que Dios ha hecho por él puede responder con una fe activa. Pablo lo describe así:

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. ” (I Corintios 15:10).

Una vez que comprendemos que la salvación de Dios es un don maravilloso que nunca se puede comprar, sino que el hombre debe recibir, entonces podemos comenzar a servirle con un corazón puro. Nuestro servicio no es un intento por obtener algo de El, es un intento de responder a lo que se nos ha dado gratuitamente.


Agricultura y Fe

Publicado por - Jul. 07, 2008 | categorías Buenas obras, Fe, Gracia

Comencé a leer un libro muy recomendado titulado La Vida en la Viña por Philip D. Kenneson. Leí una cita interesante que quiero compartir:

“Todo agricultor sabe que siempre hay más trabajo para hacer que tiempo para hacerlo; sin embargo, también comprende que mucho de lo que sucede con los cultivos está fuera de su control. Hay mucho que el agricultor debe hacer, pero él no puede hacer que la semilla brote, que brille el sol, o que llueva. De hecho, el agricultor emprende esta empresa desafiante y riesgosa de la agricultura porque confía en que estas buenas dádivas continuarán siendo dadas. La gracia y el esfuerzo, la dádiva y el trabajo: estas deben ir de la mano. Desafortunadamente, los cristianos a menudo ponen uno en contra del otro o enfatizan uno excluyendo al otro. La sabiduría del agricultor nos recuerda que ambos son necesarios, en toda su plenitud, para hacer crecer algo que valga la pena cosechar. Lo mismo sucede con la vida del Espíritu. Siempre hay suficiente trabajo para hacer, pero nadie que emprende esa obra debería hacerlo sin darse cuenta de que el crecimiento en el Espíritu es primeramente una dádiva de Dios.”

Es un punto excelente. Quienes están en la agricultura probablemente lo pueden apreciar más que yo. Aceptamos este equilibrio de gracia y obras en lo que se refiere a la agricultura, pero nos resistimos cuando se aplica a nuestras propias vidas.

Es la tensión entre saber que no puedo hacer nada para salvarme, pero si no hago nada, no seré salvo. La tensión entre saber que sólo Dios puede en verdad hacerme santo, pero este mismo Dios me dio el mandamiento: “Sed santos.”

Hay un viejo dicho que dice: “Oramos como si todo dependiera de Dios y trabajamos como si todo dependiera de nosotros.” Hay verdad allí. Un pasaje muy querido en Isaías 40:31 dice: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Notemos que no dice “se sentarán y no se cansarán; se acostarán y no se fatigarán.” Aún esperando en el Señor nos seguimos moviendo hacia adelante. Confiar en Dios no es sentarse y esperar que El haga toda la obra.

Pablo habló de esta tensión en Efesios 2:8-10: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Nuestras obras no ganan nuestra salvación. Es un regalo de Dios. Pero fuimos salvos con el propósito de hacer buenas obras. Para eso fuimos creados. Mantengamos la fe. Y las buenas obras.

Gracia y paz,
Timothy



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