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Un Espíritu Como Los de Berea

Publicado por - Apr. 18, 2008 | categorías Biblia, Fe

Quiero invitarte a tomar tiempo para leer los primeros 15 versos de Hechos 17. Vamos, yo espero. (No voy a citar el texto por cuestiones de espacio.)

Bueno, si realmente tomaste tiempo para leer el pasaje, sigamos. Si no, por favor léelo y después continuamos.

Pablo se halla en lo que se conoce como su segundo viaje misionero. Habiéndose separado de Bernabé, comenzó a visitar de nuevo algunas iglesias establecidas. En un sueño, Pablo tuvo una visión de un hombre de Macedonia que le pedía ayuda. Llegando a Tesalónica, Pablo va a la sinagoga, como era su costumbre, y predica a la gente allí. Disfrutando algo de éxito, pronto lo corren de la ciudad los judíos celosos de los que él convertía. Pablo usaba las escrituras y la razón para convencer a los hombres, pero sus opositores recurrían a la violencia y a la acción en grupo.

Entonces Pablo viaja 50 millas al oeste al pueblo de Berea. Tan corta distancia, pero tan distintas actitudes. Notemos lo que dicen las Escrituras: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Como lo dijo un escritor, Pablo había ido de matones a pensadores. Había encontrado a personas dispuestas a examinar sus creencias a la luz de las Escrituras.

Notemos, sin embargo, que los malhechores no han terminado. Al enterarse que Pablo predica en Berea, viajan esas 50 millas e incitan a los judíos para que Pablo deba irse una vez más. Es interesante que los matones a menudo pueden imponerse por el momento pero son los de espíritu noble cuyo trabajo permanece detrás de ellos.

Al leer la Biblia, por lo general me identifico con los buenos. Me puedo ver con los pocos que escuchaban en Tesalónica atraídos por las palabras de Pablo. Me puedo ver como un noble de Berea, recibiendo el mensaje y examinándolo con cuidado. Pero me debo detener y observarme con cuidado, usando el espejo de la palabra de Dios para verme más claramente.

Muy a menudo uso las Escrituras para señalar a otros. ¿Cuánta gente “innoble” veo, gente que parece tan poco dispuesta a abrir sus mentes a mi razonamiento de la Palabra de Dios? Los demás no ven las cosas a mi manera porque no están dispuestos a ver las cosas correctamente.

Pero como tantas veces, la Palabra de Dios me detiene. ¿Qué pasa si no soy nada noble? ¿Qué tal si soy yo el matón, el cerrado, el que no quiere escudriñar las Escrituras? Es tan fácil encasillar a la gente y no escuchar lo que tienen para decir. “Es sólo un ______-ista; no vale la pena escuchar sus argumentos.” Me encuentro mirando quién es el autor de un artículo para ver si vale la pena leerlo, en vez de escuchar lo que tiene para decir. Prefiero leer cosas con las que sé que voy a estar de acuerdo.

¿Qué haces con ideas nuevas? ¿Qué haces cuando alguien expresa algo que no está de acuerdo con lo que ya crees? ¿Te tapas los oídos o abres tu mente? Los judíos en Tesalónica ya sabían lo que creían y no necesitaban escuchar los argumentos de Pablo para saber que estaba equivocado. Ya habían escudriñado las Escrituras y no veían la necesidad de volver a hacerlo. Los de Berea no eran gente ignorante. Seguramente habían estudiado estas cosas antes. Sin embargo, cuando Pablo desafió su manera de pensar, no lo amenazaron con piedras. Abrieron sus Biblias y buscaron de nuevo.

Tenemos una opción. Podemos ser matones o pensadores, nobles o innobles. Podemos con gusto abrir nuestras Biblias para reexaminar cada una de nuestras creencias, o podemos atacar a cualquiera que nos desafíe a hacerlo.

Que Dios nos guíe a tener en nuestros corazones un espíritu como los de Berea, un deseo noble de encontrar la verdad, una devota disposición para escudriñar las Escrituras para decidir si las nuestras son sanas creencias o no.

Gracia y paz,
Timothy Archer



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