Cuando comenzamos a preparar el sitio NuestraEspeanza.com, nos sentamos para hablar de lo que creemos en cuanto a la esperanza. Decidimos que nuestras ideas se podrían comunicar por medio de cuatro etapas de esperanza, cuatro pasos hacia una vida con propósito.
Yo creo que el primer paso es aceptar que la esperanza existe. Hay esperanza. Antes de decidir en qué vamos a creer, tenemos que entender que hay algo en qué creer. Algunas personas miran el mundo actual y se desesperan, optando por enfocar la casualidad y la suerte, el caos y el desorden. Yo he visto lo suficiente como para saber que están equivocadas. Hay esperanza. Existe. Se puede encontrar. Se puede alcanzar.
Yo creo que esa esperanza se encuentra en Dios. Muchos de los que se han dado por vencido lo han hecho porque han estado buscando en los lugares equivocados. Ponen su esperanza en otras personas, y luego son decepcionados. Ponen su confianza en las riquezas y las posesiones, y luego son desorientados por los problemas económicos. Otros buscan esperanza en la ciencia, pero lo que ofrece la ciencia es de corto plazo, sin ir más allá de este mundo. Solamente Dios ofrece esperanza para esta vida por ofrecer esperanza de una vida después de ésta.
Yo creo que Dios ofrece esperanza por medio de su hijo Jesús. No hay múltiples caminos a Dios; solamente existe Jesurcristo quien se proclamó “el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:6). Jesús nos ofrece la manera de vencer las cosas en nuestras vidas que nos separan de Dios. No solamente pide que vivamos bien; hace posible que hagamos exactamente eso. Nos trae la esperanza de la misericordia y el perdón, en vez del juicio.
Yo creo que todos podemos compartir esa vida de esperanza. Podemos acercarnos a Dios con una fe obediente, poner nuestra esperanza en él y formar parte de una comunidad de personas que han escogido su forma de vida.
Gracia y paz,
Timothy Archer
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Una de las cualidades del amor es que sabe soportar los defectos de otros. En 1 Corintios 13, Pablo escribió: “Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo” (1 Corintios 13:7).
A los colosenses Pablo escribió: “Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colosenses 3:13). “Sean humildes y amables; tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor,” escribió Pablo a los efesios (Efesios 4:2). ¿Por qué hablar tanto de “soportarse unos a otros”? Porque Pablo sabía lo que todos llegamos a saber tarde o temprano: no es fácil que la gente se lleve bien, aún para los cristianos. Somos diferentes, con hábitos diferentes, gustos diferentes, y opiniones diferentes. Hay algo en mí que tarde o temprano (¡probablemente temprano!) encontrarás que es irritante. Eso no es sólo un defecto de mi personalidad; es un hecho de la naturaleza humana. Lo descubren los matrimonios, lo aprenden los compañeros de habitación; muchos amigos lo experimentan en algún momento.Los humanos no nos llevamos bien naturalmente.
Entonces para amarnos de verdad, aprendamos a soportarnos, mirar más allá de las irritaciones y ofensas, amándonos unos a otros “con verrugas y todo.” Tal como el Padre Celestial nos ama a cada uno.
Intenta tenerme paciencia, y yo intentaré tenerte paciencia.
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Se cuenta la historia de Gordon Maxwell, misionero en India, que cuando le pidió a un estudioso hindú que le enseñara su idioma, el hindú respondió: “No, Sahib, no te enseñaré mi idioma, porque me convertirías en un cristiano.”
Gordon Maxwell respondió, “Me malentendiste. Simplemente quiero que me enseñes tu idioma.”
De nuevo el hindú respondió, “No, Sahib, no te enseñaré. Ningún hombre puede vivir contigo sin llegar a ser cristiano.” ¡Qué testimonio poderoso de la vida de este hombre!”
Jesús, en Su Sermón del Monte, dijo, “Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo” (Mateo 5:14-16)
Pedro también escribió en cuanto al efecto de nuestras acciones sobre otros: “Queridos hermanos, les ruego, como a extranjeros de paso por este mundo, que no den lugar a los deseos humanos que luchan contra el alma. Condúzcanse bien entre los paganos. Así ellos, aunque ahora hablen contra ustedes como si ustedes fueran malhechores, verán el bien que ustedes hacen y alabarán a Dios el día en que él pida cuentas a todos.” (I Pedro 2:11-12)
¿Has escuchado la vieja expresión: “Practica lo que predicas”? Para quienes nos rodean,es crucial. Decimos que Dios es amor; ¿vivimos en amor? Hablamos de nuestra devoción a Cristo; ¿mostramos esa devoción en nuestra vida diaria?
Otro viejo dicho dice:“A nadie le importa lo que sabes hasta que sabe que le importas.” Predicamos a la gente cada día con nuestras acciones. Nos ven y miran quiénes somos antes de que abramos la boca para declarar quiénes somos.
Cuando estudiaba comunicación en la universidad, aprendimos en cuanto a la comunicación no verbal,lo que hacemos que comunica sin palabras. El tono de voz, los gestos, las expresiones faciales… todo esto es parte de la comunicación no verbal. Aprendimos algo interesante. Cuando los mensajes verbales y los no verbales no concuerdan, la gente cree los mensajes no verbales. Probé esto con mis alumnos cuando era ayudante graduado. Dije a uno, “Estoy tan enojado contigo,” mientras que le di una gran sonrisa y un abrazo. Toda la clase estuvo de acuerdo en que yo no parecía enojado. Luego me di vuelta, y temblando de enojo grité: “¡No estoy enojado!” Nuevamente toda la clase escuchó el mensaje de la ira. Lo mismo sucede con nuestra vida cristiana. Podemos decirle a la gente del amor de Dios, pero si les mostramos otra cosa, desacreditamos nuestro mensaje. Es a lo que Pablo se refería cuando dijo en Romanos 2:24:“Con razón dice la Escritura: “Los paganos ofenden a Dios por culpa de ustedes.” Lo que hacemos puede acercar a la gente a Dios o llevarlos a hablar mal del cristianismo.
Que hagamos brillar la luz del evangelio en el mundo. Que nos vean como personas que nos amamos, que amamos a Dios, y que de verdad amamos a nuestros prójimos. Que vean vidas tan buenas que la única respuesta posible sea, “Ciertamente Dios está entre ellos.”
Gracia y paz,
Timothy
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Publicado por: Timothy en Miedo, Paz, tags: Miedo, Paz
¿Cuál es su miedo más grande? ¿Qué le quita el sueño? Hay muchas cosas para elegir. En Estados Unidos, hay gente angustiada por las elecciones que vienen. Están convencidos que todo se va a derrumbar si su candidato no sale victorioso. Para otros, el horror del día es la economía. Los bancos cierran, la bolsa cae, los gobiernos intervienen utilizando el dinero del pueblo… las noticias son peores cada día. Para otras personas, la destrucción causada por los desastres naturales todavía les afecta. Hemos tenido tormentas tropicales, huracanes, ciclones, terremotos, inundaciones, incendios y otros catástrofes. Para muchas personas, mañana no es el problema; no saben sobrevivir el día de hoy.
Muchos de nosotros tenemos nuestros terrores personales. Problemas de salud. La muerte de un ser querido. Problemas en nuestras relaciones. Adicciones. Problemas legales. Los problemas no tienen que salir en el diario para impactar nuestras vidas. Algunos son nuestra culpa, otros no. Pero todos nos afectan.
¿Cuál es su miedo más grande? ¿Qué le quita la paz? ¿De dónde vienen las nubes en su horizonte? Lo que sea, ¿no sería bueno deshacerse de él? No puedo resolver todos sus problemas, pero puedo decirle cómo recuperar la paz y quizás dormir mejor de noche. El apóstol Pablo escribió: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7)
“Claro,” usted me dice, “Fácil para Pablo. No enfrentaba lo que yo estoy enfrentando.” Es cierto, pero Pablo no vivía una vida fácil cuando escribió esas palabras. Estaba en cadenas en una celda romana. No servía una sentencia; esperaba la pena de muerte.
Atienda sus palabras. El sabe enfrentar le muerte. Como dijo Pablo, Dios le puede dar una paz más grande de lo que podemos entender. Nos puede enseñar a recoger nuestros problemas, envolverlos y entregárselos a El.
Paz más grande de lo que el hombre puede entender… y está disponible para todo el mundo.
¡Son buenas noticias!
Gracia y paz,
Timothy
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“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
Era la noche de la traición, en Getsemaní. Jesús oró la oración más larga que tenemos registrada (obviamente oró oraciones más largas, pero el contenido no se nos ha revelado). En esa oración, nuestro Señor nos dejó una definición de vida eterna.
“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
Conocer a Dios. Por medio de su Hijo. Esa es la esencia de la vida eterna.
“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
Jesús nos dice que se trata de una relación. De hecho, si lees toda la Biblia, te das cuenta de que Dios se trata de una relación. El creó al hombre para estar en una relación con él. Eligió a la familia de Abraham para estar en una relación con él. Dio leyes a su pueblo para que puideran tener una relación con El. Les dijo una y otra vez que se enfocaran en la relación, no en cumplir leyes. Y finalmente, envió a su Hijo a morir, para que pudieramos reconciliarnos con El y tener esa relación, y que fuera una relación eterna.
“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
El mandamiento más grande es amar a Dios. Todos los demás mandamientos son secundarios. Recuerda lo que Jesús dijo, “El que me ama, hace caso de mi palabra.” El amor viene primero. El amor trae obediencia, pero la obediencia no necesariamente trae amor.
“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
Entonces ¿cómo anda tu vida eterna? Es decir, ¿cómo anda tu relación con Dios? ¿Te estás acercando a él, amándolo más, y buscándolo más en tu vida diaria? ¿Estás intentando conocerlo más y más?
Las relaciones no suceden así nomás. Requieren esfuerzo. Tienes que querer hacerlas funcionar. ¿Estás intentando mejorar tu relación con Dios? El mandamiento más grande es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, y fuerza. ¿Estás haciendo un esfuerzo por amar a Dios más?
“Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.”
Deseo que nuestros domingos juntos sean más un tiempo de alabanza. Deseo que conozcamos a Dios mejor, que lo amemos más, y que andemos más cerca de su lado.
Unete a mí en este esfuerzo. Hagamos nuestra meta el acercarnos más a Dios. Trabajemos juntos para adorarle, buscar su rostro, y experimentar su presencia en nuestras vidas.
Bendiciones, gracia y paz,
Timothy
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Publicado por: Timothy en esperanza, tags: esperanza
Es una época de incertidumbre. Hay mucha gente que ha sido afecta por las tormentas tropicales y huracanes. Otras personas ven que su situación económica cada día es peor. Hay guerras. Hay enfermedades. ¿A dónde podemos ir en este mundo para encontrar esperanza?
“Unos cuentan con sus carros de guerra y otros cuentan con sus caballos; pero nosotros contamos con el Señor nuestro Dios. A ellos se les doblan las rodillas, y caen, pero nosotros seguimos firmes y en pie.” (Salmos 20:7-8)
Gracia y paz,
Timothy
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“Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche. Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca. Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”(Salmo 90:4-6, 12)
No me gusta “contar mis días.” No me gusta pensar que todos los planes que haga para el futuro tienen que hacerse con la calificación de “Si Dios quiere.” Para ser honesto, no me gusta pensar que soy mortal. No es que le tenga miedo a la muerte; simplemente no me gusta la inseguridad.
La muerte de Genaro García me recordó esto una vez más. Genaro era un joven de 19 años, fuerte y sano. Vino unas veces a nuestra clase de jóvenes de los miércoles. Su vida terminó de repente el lunes pasado cuando un arma se disparó inesperadamente.
Muchas veces vivimos nuestra vida como si no fuera a tener fin, dejando tantas cosas sin hacer, esperando “un momento más conveniente” para ocuparnos de los asuntos que tendrán importancia eterna.
¿Cuántas veces vivimos nuestra vida en el futuro en vez del presente? Los niños esperan ser adolescentes, los adolescentes esperan terminar la escuela, los jóvenes esperan comenzar una familia, los de edad media esperan retirarse, y así sucesivamente. Si vivimos hoy sólo pensando en el mañana, ¡qué tragedia será cuando el mañana no llegue!
No vivas tu vida pensando en el mañana, vive tu vida pensando en la eternidad. Aún si mañana no llega, la eternidad sí llegará. Aún si el sol no se levanta mañana, el Hijo reinará por siempre. Lo que importa hoy es lo que hago para estar listo para la vida eterna. Si podemos centrar nuestra vida en Cristo y Su Reino, nuestro futuro tomará una nueva seguridad. Pablo lo expresó tan bien estando en prisión ante la posibilidad de ser ejecutado: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filip. 1:21). Para la mayoría de la gente en este mundo, la muerte es el fin de todo. Es fracaso. Es derrota. Para el hombre que centra su vida en cristo, la muerte es ganancia. Es victoria. Es el comienzo de la vida verdadera, la vida eterna.
Al ir terminando otro año, a menudo nos detenemos a pensar cómo hemos vivido ese último año. Tomamos decisiones en cuanto a cómo viviremos el nuevo año. ¿Podría sugerir que no lo hagamos una vez al año, sino cada día? Decidamos cada día hacer de Cristo nuestra vida, vivir cada día a Su servicio, enfocarnos en las cosas que la muerte no puede quitar.
Que aprendamos a contar nuestros días. Que nos demos cuenta de que esta vida en la tierra no es sino un corto peregrinar y que nuestra vida verdadera está del otro lado.
Gracia y paz,
Timothy
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Publicado por: Timothy en Pecado, tags: Pecado, tolerancia
Escuchamos mucho hoy en cuanto a la tolerancia. Parece que si te animas a pararte y decir que algo está mal, te arriesgas a ser llamado “intolerante” (y en la sociedad de hoy, es una de las peores cosas que te pueden llamar). Sin embargo, si lo piensas, para “tolerar” algo debes haber hecho un juicio negativo de eso. Puedo tolerar algo que no apruebo, pero si es algo que apruebo, no necesito tolerancia.
Lo que la gente hoy quiere que hagamos es dejar de usar nuestro razonamiento crítico. Quieren que dejemos de evaluar si lo que hacen otros es correcto, si no queremos ser llamados intolerantes del aborto, los homosexuales, o drogadictos. La sociedad no nos llama a ser tolerantes, nos llama a no pensar, y aceptar ciegamente toda clase de “alternativa.”
Nuestro Dios es un Dios tolerante, en el verdadero sentido de la tolerancia. El ama y acepta a la gente imperfecta. Pero este Dios tolerante también ha declarado que el tiempo se acerca cuando la gente será juzgada por sus acciones. El no tolerará la existencia del pecado en Su presencia; aquellos cuyos pecados no han sido lavados en la sangre de Jesús serán hechados de Su presencia a la condenación eterna.
Debemos amar a todos los hombres, pero no todo el pecado. Esa es la tolerancia que debemos enseñar. Amemos y aceptemos a los pecadores, pero no dudemos en rechazar al pecado.
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 Tras los años, me ha gustado un programa en la televisión sobre las antigüedades. En este programa, viajan por el mundo, y expertos en muebles, monedas, arte, ropa, etc., evaluan las cosas que la gente trae. Todo, desde la basura hasta los tesoros inesperados. Muchas veces, la gente que se acerca no tiene idea del valor de los artículos que traen. Algunos vienen por curiosidad; otros por querer mostrar alguna relíquia familiar. Algunos llegan desperados, esperado escuchar que tiene algo de mucho valor.
En un capítulo, un ancianito trajo un manto que había estado en la casa de su abuela. La tradición familiar decía que este manto había pertenecido a un vaquero famoso, Kit Carson. El experto, un señor llamado Don Ellis, le dijo al señor de edad avanzada que ese manto podría valer medio millón de dólares, no por la conexión con Carson, sino porque tenía gran valor histórico como ejemplo de artesanía indígena. Ellis lo llamó “un tesoro nacional.”
El dueño del manto, llamado Ted, se puso a llorar. Dijo, “Mis abuelos y mis padres eran tan pobres…” Estaba contento saber que tenía algo de valor, pero lamentaba el hecho de que su familia había pasado tanto tiempo sin saber lo que tenían. Vivían en la pobreza, mientras tenían un tesoro en su casa.
Yo veo a muchas personas que viven de esa forma todos los días. Tanto dolor, tanto sufrimiento, tan poca esperanza, mientras Dios ofrece lo que necesitan y lo ofrece gratuitamente. Ellos luchan para encontrar las fuerzas para enfrentar el día, mientras Dios quiere darles poder sin medida. Buscan sentido y propósito en la vida, mientras Dios espera con una perspectiva eterna que da sentido a todo. Estas personas luchan con culpa, remordimiento y vergüenza, mientras Dios ofrece perdón y un nuevo comienzo. El tesoro está disponible. Lo único que tienen que hacer es reconocer el valor de lo que Dios ofrece.
El apóstol Pablo escribió: “Porque ya saben ustedes que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos.” (2 Corintios 8:9). Dios nos ofrece riquezas increibles, no en lo material, pero en lo espiritual, riquezas que no se gastarán nunca. Lo único que tenemos que hacer es aceptar lo que El ofrece.
Tengo más para contarte. Deja un comentario aquí, dándome tu dirección, y te hablaré del tesoro que Dios ofrece.
Gracia y paz,
Timothy
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Publicado por: Timothy en Dios
Dos tortugas sobre una roca. Nada fuera de lo común, por lo menos cuando se trata de tortugas. Siendo reptiles, las tortugas, como la mayoría de los animales de sangre fría, buscan tomar sol. El problema era que estas dos tortugas estaban en una laguna artificial en el interior de un hotel en Varadero, Cuba. A pesar de lo que les decían sus instintos, no iban a encontrar el sol ese día ni ningún otro. Lo mejor que podrían esperar era calentarse por el ambiente.
Me parecía que estaba viendo una metáfora. Estos animales estaban programados para salir del agua regularmente para buscar el sol y su calor. Antiguas fuerzas naturales les llevaban a repetir ese ejercicio inútil, aunque su experiencia les decía que no. No pude sino pensar en nosotros, la humanidad, y la necesidad innata que tenemos de buscar a Dios y su calor, aunque muchos de nosotros no nos damos cuenta que estamos buscando en el lugar equivocado. Las tortugas han sido encerradas contra su voluntad, pero nosotros nos alejamos de la luz de Dios por elección propia. Dios nos busca y algo dentro de nostros responde a él, pero nos encerramos detrás de muros que nos impiden llegar a El, muros que hemos construido nosotros mismos. Algunos sufren detrás de muros de orgullo intelectual. Otros son bloqueados por algún pecado, algún vicio que no quieren dejar. Para algunos, es algún dolor del pasado, para otros, es el temor del futuro. Buscamos a Dios por instinto, pero nos conformamos con algún sustituto, algo que realmente no nos satisface.
Hace miles de años un poeta hebreo escribió: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá los deseos de tu corazón.” (Salmo 37:4). Me llevó años darme cuenta que la segunda parte de ese versículo depende de la primera parte. Cuando aprendemos a deleitarnos en el Señor, El llega a ser el deseo principal de nuestro corazón. El llega a ser lo que más buscamos. Ese es el secreto de la felicidad. Cuando buscamos a Dios por encima de todo, o recibimos las otras cosas que queremos o descubrimos que esas cosas eran meros sustitutos que jamás podrán satisfacer los deseos de nuestro corazón.
Tal como esas tortugas buscan el sol, nosotros necesitamos a Dios. Pero mientras las tortugas son incapaces de ponerse en la posición de encontrar lo que buscan, nosotros podemos no solo buscar a Dios sino encontrarlo también. Quiero ayudarte a encontrar el calor del amor de Dios. Solamente ponte en contacto conmigo. No tienes que pasar la vida buscando en los lugares equivocados.
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