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Una mujer distraída

Publicado por - Feb. 13, 2013 | categorías La meta

Leí hace poco en las noticias el caso increíble de una señora belga. Esta mujer quiso ir a una estación de trenes a unos 50 kilómetros de su casa. Pero terminó viajando miles de kilómetros, equivocadamente, llegando a Croacia, unos 1500 kilómetros lejos de dónde quería estar.. La policía dice que la mujer viajó por Francia, Alemania, Austria y Slovenia antes de llegar a Croacia.

¿Cómo se equivocó tanto? Confiaba en su sistema de GPS. Seguía las instrucciones por dos días. “Andaba distraída,” explicó la mujer.

¿Distraída? Cruzó cinco países y viajó por dos días, ¿y dice que andaba distraída?

Veo en esta mujer lo que veo en muchas personas. Andan distraídas por esta vida, sin prestar atención al rumbo que están tomando. Confían en guías ciegas, falsos expertos que les dan consejos equivocados. Luego se sorprenden cuando se encuentran lejos de su destino.

Dios nos ha trazado un mapa perfecto. El estableció la ruta que debemos seguir. No tenemos que buscar ningún GPS espiritual ni andar pidiendo a otras personas que nos indiquen el camino. Nosotros tenemos la Palabra de Dios para guiarnos por esta vida.

Busque una Biblia. Léala y estúdiela. Nosotros podemos enviarle estudios guiados para ayudarle a entender lo que lee. Nosotros no tenemos todas las repuestas, pero Dios sí, y sabemos dónde buscarlas, dónde encontrar lo que Dios tiene para decirnos.

No ande distraído por esta vida. No se extravíe a causa de malas indicaciones. Deje que Dios le guíe a su destino.


Quemado por el sol

Publicado por - Sep. 14, 2012 | categorías salvación

Mi cabeza se quema por el sol. Antes no, pero ahora tengo que cuidarme. Si salgo sin sombrero un día de sol, pasaré los próximos días con un picazón terrible. Por algún motivo, mi cabeza se quema más fácilmente que antes.

Quisiera decir que es por el efecto invernadero o por la capa de ozono, pero la verdad es… tengo menos pelo que antes. Con el paso de los años, mi cuerpo se va desgastando. Necesito anteojos para leer, me duelen las rodillas, y se me quema la cabeza.
Tengo lo que la Biblia llama un cuerpo corruptible. Se va desgastando. Pero la Biblia también dice que algún día voy a tener un cuerpo incorruptible, un cuerpo que no se desgastará nunca. Dios quería que tuviéramos siempre un cuerpo así, pero el hombre se rebeló contra Dios y el pecado nos afectó.

Según la Biblia, lo mismo pasa con esta tierra. Dice: “Porque la creación perdió su verdadera finalidad, no por su propia voluntad, sino porque Dios así lo había dispuesto; pero le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” (Romanos 8:20–21) Hoy en día vemos terremotos, tsunamis e inundaciones.

Algún día, todo eso desaparecerá. La creación será liberada. Los cristianos también. Recibiremos cuerpos que no se pondrán viejos ni débiles. Viviremos en un mundo perfecto. Y no se me quemará la cabeza.


Dios utiliza a los miedosos

Publicado por - Aug. 04, 2011 | categorías Dios, Miedo, Perdón

A mí me gusta la historia de Gedeón en la Biblia. Gedeón era un israelita que vivía en tiempos en que una potencia extranjera invadía constantemente a su país. Estos invasores esperarían hasta que la cosecha estuviera lista, luego entrarían y llevarían todo el fruto de meses de trabajo. Eran tiempos terribles.

Dios utilizó a Gedeón para salvar a Su pueblo, usando un pequeño grupo de hombres armados con jarras y antorchas. Es una historia fascinante que puede leerse en los capítulos 6 y 7 del libro de Jueces, en la Biblia.

Hay un aspecto de esta historia que suele perderse. Gedeón era hombre miedoso. Vez tras vez, vemos que obra motivada por el miedo. La primera vez que lo vemos, está escondiéndose en un hoyo. Dios le dice que tira abajo un ídolo que se había erigido en su pueblo. Gedeón lo hace … de noche, porque tiene miedo.

Al día siguiente, la gente del pueblo viene a la casa de Gedeón, y Gedeón se esconde, mientras su papá convence a la multitud que no le hagan daño.

Más adelante en la historia, cuando Gedeón ha recibido unos cuantos mensajes de Dios, ha visto señales, ha levantado un ejército, Dios le dice que vaya al campamento del enemigo “si tienes miedo.” Gedeón va, porque todavía tiene miedo.

No estoy atacando a Gedeón. Estoy señalando todo esto para mostrar que Dios puede usar a cualquier de nosotros, aun a los miedosos. Dios transformó a Gedeón en el líder que su pueblo necesitaba.

Lo que me llama la atención son las primeras palabras que Dios tenía para Gedeón. Podemos leerlo en Jueces 6: “El ángel del Señor se le apareció y le dijo: —¡El Señor está contigo, hombre fuerte y valiente!” (Jueces 6:12)

¿Hombre valiente? ¿De veras? Este hombre estaba parado dentro de un hoyo. Escondiéndose. Un hombre que obraría de noche, por miedo. Un hombre que necesitaba a su padre para protegerlo. Un hombre que necesitaba milagros y señales a cada paso.

Me gusta. Me demuestra que Dios nos ve no cómo somos, sino cómo podremos ser. Me mira a mí, con todos mis miedos, y me dice: “Estoy contigo, hombre fuerte y valiente.” Me mira a mí, con todas mis fallas y flaquezas, y me dice: “Bien hecho, siervo fiel.” Me limpia de todo pecado, olvidándose de que me haya equivocado.

La historia de Gedeón es buena para gente como yo, gente que no es perfecta pero está dispuesta a permitir que Dios la haga perfecta. Tal vez sea buena para ti también.


Más Que Un Libro

Publicado por - Jun. 16, 2011 | categorías Iglesia

Me encantan los libros. Siempre me gustó leer. Mis hermanas me enseñaron a leer antes de que fuera al colegio. Desde entonces, he sido un lector veroz.

Los libros nos pueden enseñar mucho. Hubo libros que cambiaron la historia, para el bien y para el mal. Los libros pueden tener influencia duradera, mucho más allá de la vida del autor.

Tal vez a causa de ese amor para con los libros, yo creía que Dios había dicho: “Toma, humanidad… aquí tiene el libro que les enseñará todo lo que necesitan saber. Leánlo y hagan lo que dice.” Creía eso, hasta que leí el libro. Leí la Biblia. Descubrí que Dios no actuó así.

Dios nunca envió un libro solo. Siempre enviaba a seres humanos. Cuando quiso entregar Su Ley al pueblo en el Antiguo Testamento, no dejó caer un libro desde el cielo. Envió a un hombre llamado Moisés. Entró en relación con Moisés y el resto del pueblo. Luego dio leyes a Moisés para enseñar al pueblo.

Cuando el pueblo de Dios se desvió de la Ley, Dios no envió otro libro. No escribió ninguna carta. Dios envió a hombres, profetas, para hablar con el pueblo.

Cuando llegó el momento de ofrecer la salvación a todo el mundo, Dios no lo hizo con un libro. Lo hizo por medio de Su Hijo, Jesucristo.

Cuando Jesús quiso comunicar sus enseñanzas, no las escribió. Las enseñó a seres humanos para que ellos enseñaran a otros. Esos primeros seguidores sí escribieron libros, pero la mayor parte de su ministerio fue hablar directamente con otras personas.

Desde el principio, Dios obró así. Obra por medio de las personas. Ahora tenemos la Biblia, libro que el pueblo de Dios no tenía en el principio. Podemos estrudiarlo y aprender acerca de la naturaleza de Dios y de Su voluntad por nosotros. Sin embargo, Dios sigue obrando por medio de las personas, la comunidad de creyentes.

En los tiempos de la Biblia, cuando vemos a las personas estudiando la Palabra de Dios, lo hacían en compañía de otros, ayudándose mutuamente a entenderla.

Dios nos dio un libro. Debemos leerla y aprender de ella. Pero no debemos pasar por alto la necesidad que tenemos de esa comunidad de creyentes, la iglesia. Necesitamos la Palabra de Dios, pero necesitamos a Su pueblo también.


Buscar y encontrar

Publicado por - May. 06, 2011 | categorías Dios

Querían que fuera un logro monumental. Hace miles de años, un grupo de hombres decidió unirse y construir una ciudad, una gran ciudad con una torre que roscararía el cielo. Su plan era hacerse un nombre, dejar una huella imborrable sobre el mundo.

Trabajando juntos, creían que podrían hacer lo que fuera. Inteligencia humana. Tecnología humana. Logros humanos. Cosas que permitirían que tuvieran prosperidad y que fueran reconocidos para siempre.

Era el plan humano. Pero no era el plan divino. Dios quería que dependieran de El, no que se apoyaran los unos en los otros.

Entonces Dios hizo que hablaran idiomas distintos, lo cual les llevó a dispersarse y formar naciones según sus idiomas. La ciudad se llamó Babel, lo cual suena como la palabra hebrea “confundido.”

Por muchos años, yo leía esta historia y solamente veía el castigo de Dios, un acto casi caprichoso de celos e ira. Luego alguien me señaló un pasaje del Nuevo Testamento, donde Pablo hablaba con un grupo de eruditos griegos en Atenas. Pablo les dijo:

De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir, para que busquen a Dios, y quizá, como a tientas, puedan encontrarlo, aunque en verdad Dios no está lejos de cada uno de nosotros. (Hechos 17:26-27).

Dios hizo esto para que los hombres le buscaran, en vez de buscar su propia gloria. Lo hizo para que intentaran hallarlo, en vez de depender los unos de los otros. Dios hizo lo que hizo en Babel para que los hombres lo encontraran.

Es interesante notar que no sabemos los nombres de estos constructores de Babel. No se registraron. Pero en el capítulo que sigue en el libro Génesis, encontramos a un hombre que no construyó ninguna ciudad ni ninguna torre, un hombre cuya construcción se limitaba a la construcción de altares. Dios se acercó a él y le dijo: “Engrandeceré tu nombre.” Lo que buscaban los de Babel, lo recibió un hombre humilde.

Ese hombre era Abraham, por supuesto, padre de tres religiones mundiales: el judaísmo, el islam y el cristianismo.

Hoy en día, tenemos a personas que buscan ser conocidas y recordadas. Tenemos a personas que buscan depender de la sabiduría humana y los logros humanos. Y todavía tenemos a un Dios que quiere que los busquemos y que lo encontremos. Por medio de El, seremos conocidos y reconocidos para siempre.


Posesiones Preciadas

Publicado por - Apr. 07, 2011 | categorías Dios

Tengo que confesar que me gustan mucho las películas de Disney/Pixar. Me encantan ver lo que hacen con peces e insectos y cosas parecidas. Sobre todo, me gustan las películas de “Toy Story.”

Hay una imagen en las películas que me encanta. Hay escenas importantes donde los juguestes muestran que su dueño ha escrito su nombre en ellos, enfatizando los lazos que existían entre él y ellos. Eran sus juguetes, sus posesiones preciadas.

Una razón por la cual me gusta esa imagen es que me hace pensar en lo que la Biblia dice de nuestra relación con Dios. Hablando con cristianos en el Filadelfia, en el Medio Oriente, Jesús les promete: “En ellos escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que viene del cielo, de mi Dios; y también escribiré en ellos mi nombre nuevo.” (Apocalipsis 3:12)

Me encanta esa idea, que Dios querrá mostrar a todos que los cristianos le pertenecen. El escribirá su nombre en nosotros.

El apóstol Pedro escribió:

“Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes Dios no les tenía compasión, pero ahora les tiene compasión.” (1 Pedro 2:9-10)

Somos pueblo de Dios. No éramos pueblo, pero ahora pertenecemos a Dios. Dios escribió Su nombre en nostros para todos lo vean. Dios no escogió para su posesión.

¿A quién pertenece Ud.? Puede pertenecer a Dios, entregarse a El y dejar que El escriba Su nombre en Ud. Puede ser su posesión preciada.


Conectados

Publicado por - Mar. 14, 2011 | categorías Dios

Tengo amigos en Facebook, seguidores en Twitter y contactos en LinkedIn. Recibo textos y mensajes de correo electrónico, comentarios y tweets. Me han buscado y me han solicitado. He sido recomendado y he sido sugerido. De vez en cuando, me llegan cartas tradicionales.

Tengo un teléfono en mi casa y otro en mi oficina. Tengo un celular que va donde yo me vaya. Puedo hablar por medio de la computadora también.

Hoy en día, existen muchísimas formas de estar conectados. Pero la gente se encuentra más sola y más aislada. Cuando llega el momento de compartir las cosas que realmente tienen valor, no encuentran quién les escuche.

Podemos hablar con muchas personas acerca del tiempo o la política. Nuestros amigos quieren hablar de los viejos tiempos, nuestros día en el colegio. Pero cuando llega el momento de revelar lo que hay dentro de nuestros corazones, ¿a dónde podemos ir?

Sugiero que busques a Dios. Utilizo las palabras del Salmo 139 para explicar por qué:

Señor, tú me examinas, tú me conoces.
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento.
Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda. (Salmo 139:1-4).

Dios me conoce y me entiende. Sabe lo que quiero decir aun cuando no sé decirlo.

¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar,
aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!
Y si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío»,
ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz! (Salmo 139:7-12).

Esté dónde esté, no tengo que estar sólo. Dios está ahí. La distancia no significa nada para El. La oscuridad no le es problema. Dios siempre está ahí para mí.

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. (Salmo 139:13-16).

No tengo que preocuparme por mi apariencia. No tengo que bajar de peso para agradarle a Dios. No tengo que usar la ropa correcta ni tener mi cabello en el corte indicado. Dios me conoce mejor de lo que me conozco a mí mismo.

Dios me entiende. Y siempre está conmigo. Me ama tal como soy. Tal vez no lo encuentre en Facebook ni en Twitter. Pero puedo tener una relación con El que sobrepasará toda relación que tenga aquí sobre la tierra.


Es lindo ser escogido

Publicado por - Jan. 03, 2011 | categorías Dios, Hijos de Dios, salvación

Sin duda, la materia preferida mía de la primaria era el recreo. Me encantaban los deportes. Disfruté de cada momento que pasamos en las canchas alrededor de nuestra escuela.

Bueno, no de cada momento. Hubo momentos de tortura y humillación, de ansiedad y vergüenza: los momentos cuando eligieron los equipos.

Me encantaban los deportes, pero me faltaba la coordinación ojo mano. Era malo como deportista. Malísimo. Como era alto, podía defenderme en el básquet, pero en los otros deportes, solían escoger a las chicas antes que a mí. Esos momentos de esperar ser escogido eran momentos de angustia.

Luego, cuando tenía unos 12 años, pasó algo maravilloso. Mis habilidades alcanzaron mi altura. Llegué a estar entre los mejores deportistas de mi grado. De repente, la elección de equipos llegó a ser uno de los momentos que más disfrutaba. Es lindo ser escogido.

Al pasar por la vida, veo que siguen habiendo momentos cuando espero ser escogido. A veces, es cuando me he presentado para algún trabajo. Otras veces, son momentos sociales, cuando busco engancharme en alguna conversación. A veces se trata de la formación de algún comité o grupo de trabajo. Hasta el día de hoy, esos momentos pueden ser momentos ansiosos. ¿Me escogerán?

“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales. Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia.” (Efesios 1:3-4)

Dios nos escogió antes de la creación del mundo. No hacen falta los nervios. No hay que esperar ansiosamente. Hemos sido escogidos. Escogidos por Dios. El mundo puede aprobarnos o no. La gente puede seleccionarnos o no. No importa. Hemos sido escogidos por Dios.

Dios te escogió. Quiere que estés en su equipo. Más que eso, quiere que formes parte de su familia. Es lindo ser escogido.


Juntando riquezas

Publicado por - Dec. 01, 2010 | categorías Dios, Riquezas

Howard HughesSi leemos en cuanto a la primera parte de la vida de Howard Hughes es difícil no tenerle envidia. En 1966, fue identificado como la persona más rica del mundo. Su fortuna habrá sido el equivalente de 40 mil millones de dólares actuales.

En un viaje a Las Vegas, Hughes discutió con el dueño de uno de los casinos. ¿La solución? Hughes compró ese casino y varios más. Para él, el dinero era la respuesta para todo.

Hughes también era un gran mujeriego. Salía con varias de las actrices más hermosas de Hollywood, incluyendo a Ginger Rogers, Olivia de Havilland, y Katherine Hepburn.

En sus mejores épocas, Hughes era un aviador valiente e inventor incansable, logrando grandes avances en la ciencia de la aviación. Era industrialista, empresario y establecedor de récordes mundiales. Su avión de madera, el Spruce Goose, es el avión anfibio más grande de toda la historia, y es más alta y más ancha que cualquier otra aeronave.

Era un hombre que tenía todo. A pesar de eso, Hughes vivió los últimos veinte años de su vida como ermitaño. No salía en público. No permitía que se le sacaran fotos. Era hipocondríaco, con una fobia en cuanto a los gérmenes. No se cortaba ni el pelo ni la barba ni las uñas. Solamente veía a sus médicos y sus criados personales.

Llevaba una vida de miseria. Cuando murió, parecía un esqueleto. Murió sin la presencia de amigos ni familiares.

El dinero no es la repuesta para todo. No puede comprar la felicidad. No puede comprar la paz. Ni puede prolongar nuestras vidas.

Jesucristo dijo, “Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:20-21)

El apóstol Pablo dijo algo parecido:

“Mándales que hagan el bien, que se hagan ricos en buenas obras y que estén dispuestos a dar y compartir lo que tienen. Así tendrán riquezas que les proporcionarán una base firme para el futuro, y alcanzarán la vida verdadera.” (1 Timoteo 6:18-19)

Howard Hughes tenía dinero, pero no tenía riqueza. No tenía lo que Pablo llama “la vida verdadera.” Su vida era una pobre imitación de la vida, algo que nadie querría tener.

Si su vida se basa en el dinero y lo que el dinero puede comprar, nunca conocerá la vida verdadera. Si su riqueza no está en el cielo, perderá todo su valor algún día. Usted necesita a Dios y las riquezas que solamente El puede dar. Necesita construir su vida alrededor de las cosas que nunca pierden su valor, que nunca dejan de satisfacer.

Usted necesita a Dios.


Los Lazos que Nos Unen

Publicado por - Nov. 10, 2010 | categorías Comunidad, Familia

A mí me gusta mucho el fútbol internacional, sobre todo el Mundial. No me interesan mucho las distintas ligas que existen, pero los torneos internacionales me fascinan. Hay cierta emoción que los otros partidos no tienen.

Me acuerdo el Mundial de 1990. Vivía en Córdoba, Argentina. Nuestro ministerio tenía una oficina en el centro donde hablábamos con la gente en cuanto a la Biblia y el cristianismo. Siendo extranjeros, no tuvimos mejor idea que mantener la oficina abierta durante los partidos del Mundial, aunque no había nada de tráfico.

El 3 de julio, Argentina jugó con Italia en uno de los semifinales. Como no había nadie en la oficina, me escapé y fui al bar al lado. El lugar estaba lleno de gente, pero encontré una silla vacía. Todos mirábamos mientras los dos equipos lucharon, terminando en un empate al final de los dos tiempos. Nadie hizo gol en los tiempos extras y pasaron a los penales.

Intento tras intento, iban cambiando goles hasta que el arquero argentino terminó el partido con un hermoso atajo. El bar se llenó de regocijo. Me abrazaba con todos, aunque no conocía a nadie. No éramos desconocidos… formamos parte del equipo que jugaría el final del Mundial.

Es interesante ver los lazos que se crean con los deportes. Personas que no se conocen llegan a tratarse como viejos amigos por tener intereses comunes.

Mientras vivía aquí en la tierra, Jesucristo habló con sus discípulos acerca de algo parecido. Les dijo: “Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos, recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna.” (Marcos 10:29-30)

En mi vida, he visto que lo que Jesús dijo es muy cierto. Dios me ha permitido viajar mucho, y en todas partes del mundo he encontrado una casa y una familia. Personas que yo no conocía me dieron dónde dormir, dónde comer y me hicieron sentir como parte de la familia.

Ese sentido de comunidad que viví en aquel bar en Córdoba duró muy poco. Pasó la euforia y nos fuimos cada uno por su lado. Pero los lazos que se crean entre el pueblo de Dios no desaparecen nunca. Los cristianos no somos perfectos, y a veces no nos tratamos de la forma que debemos. Pero somos familia.

Has sido invitado a formar parte de esa familia. Dios te quiere adoptar. Quiere darte la vida eterna, una vida en familia. Lo único que tienes que hacer es aceptarlo.



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