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El galileo pálido

Publicado por Timothy Archer - Sep. 02, 2010 | categorías Gozo

Triunfastes, O galileo pálido; el mundo se ha tornado gris por tu aliento.

Así se expresó el poeta Algernon Charles Swinburne en su obra “Himno a Proserpina.” Swinburne, quien vivió en la Inglaterra de la Reina Victoria, creía que la piedad cristiana había arruinado el gozo de la vida, prohibiendo las cosas que nos traen placer en esta vida. Anhelaba los días del paganismo y libertinaje.

Swinburne no era el primero ni el último en sentirse así en cuanto al cristianismo. Muchos miran a los cristianos y ven un grupo sombrío, con más prohibiciones en la vida que libertades. Como se dice por ahí, “Todo lo placentero es ilegal, inmoral o hace crecer la panza.”

Pero cuando miramos a Jesucristo, vemos otra cosa. Las personas le criticaban por no seguir las reglas. Iba a fiestas con las personas de mala fama. Mientras los otros religiosos llevaban vidas de austeridad, Cristo vivía de una forma que hacía que le acusaran de ser glotón y borracho. El primer milagro que hizo era de proveer vino para una boda. ¿Galileo pálido? No lo creo.

Somos nosotros, los cristianos, que no entendemos lo que deberíamos ser. Es un error común creer que la mejor forma de ser piadoso es decir que no a todo. Aun en los tiempos bíblicos, eso era problema. El apóstol Pablo escribió a un grupo de cristianos diciendo: “Ustedes han muerto con Cristo y ya no están sujetos a los poderes que dominan este mundo. ¿Por qué, pues, viven como si todavía fueran del mundo, sometidos a reglas tales como: “No toques eso, no comas aquello, no lo tomes en tus manos”?” (Colosenses 2:20-21) Se ve que en ese entonces existían los que creían que los cristianos eran seguidores de un galileo pálido.

En su libro “Una misericordia severa,” Sheldon Vanuaken escribió:

El mejor argumento a favor del cristianismo son los cristianos: su gozo, su certeza, su plenitud. Pero el mejor argumento en contra también son los cristianos — cuando son sombrías y carecen de gozo, cuando se creen mejor que los demás, cuando son sectarios y represivos, el cristianismo muere mil veces.

Si Ud. cree que el cristianismo es cuestión de seguir algún galileo pálido, no ha visto el cristianismo verdadero. La vida cristiana es una vida de gozo, no de tristeza. Es una vida de victoria, no de derrota. Es una vida de pasión, no de aburrimiento.

Tal como Swinburne, a mí no me interesa seguir ningún galileo pálido. Yo sé que Cristo ofrece vida abundante, vida exuberante, vida gozosa. ¿No debe ser así la vida?


El Otro Lado de la Puerta

Publicado por Timothy Archer - Ago. 17, 2010 | categorías Miedo, Muerte

Había un médico del campo que llevaba su perro consigo cuando iba a visitar a sus pacientes. El perro se quedaba afuera mientras el médico entraba en las casas para atender a la gente.

En una ocasión, el médico visitó la casa de un hombre con una enfermedad grave. Al hombre le quedaba poco tiempo de vida. El enfermo confesó al médico que tenía miedo y le preguntó: “¿Cómo es la muerte?”

El médico se quedó pensando. Luego se levantó y abrió la puerta de la casa. Su fiel amigo canino entró gozosamente, saltando de alegría al poder estar de nuevo con su amo.

El médico miró al hombre moribundo y le dijo: “¿Ves a este perro? No tenía la menor idea qué había de este lado de la puerta. Lo único que sabía era que su amo estaba ahí, y quería estar con él.”

“Así me siento en cuanto a la muerte,” el sabio continuó. “No puedo explicar todo lo que pasará, ni cómo se sentirá. No estoy de todo seguro qué habrá al otro lado de esa puerta. Pero yo sé quién está ahí, y eso me es suficiente. Estaré para siempre con mi Amo.”

La muerte es una cosa que da miedo. Hay mucha incertidumbre. Hay muchas cosas que yo desconozco. Algunas personas dicen poder explicar exactamente qué pasará cuando lleguemos a ese momento. Yo no. No sé todos los detalles de lo que pasará.

Otros quieren debatir cómo será la vida después de la muerte. No me uno a esas conversaciones. Hay mucho que yo no sé.

Pero sé quién me espera al otro lado de la puerta. Cuando deje este mundo, iré para estar con Jesucristo. Ese conocimiento me basta.

El apóstol Juan escribió: “Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios. Y aunque no se ve todavía lo que seremos después, sabemos que cuando Jesucristo aparezca seremos como él, porque lo veremos tal como es.” (1 Juan 3:2) No sabemos lo que seremos, pero seremos como él. Y estaremos con él.

No tenemos que temer lo que está del otro lado de la puerta. Podemos enfocarnos en quién está al otro lado. ¿No es la mejor forma de enfrentar el final de nuestra vida terrenal?


La paz

Publicado por Timothy Archer - Jul. 16, 2010 | categorías Paz

paisaje tranquilizadorLa paz. En un sentido general, es la ausencia de conflicto. A nivel personal, puede significar muchas cosas…

La paz puede ser poder pagar todas las cuentas.

La paz puede ser terminar aquel proyecto en el trabajo.

La paz puede ser llegar a casa al final del día.

La paz puede ser pasar una noche sin pelearse con su cónyuge.

La paz puede ser no escuchar disparos en la oscuridad.

Cuando los judíos se saludan, dicen “shalom.” Paz. En árabe, el saludo es “salam,” con el mismo significado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo solía usar la frase “gracia y paz” en el comienzo de sus cartas. La paz es algo que deseamos tener y debemos desear lo mismo para los demás.

¿Y la paz con Dios? Para algunos, es un concepto muy abstracto. Tal vez nunca buscamos tener una relación con Dios. O lo intentamos, pero nos sentíamos indignos.

Algunos de nosotros nos sentíamos bien con Dios, pero ahora tenemos dudas. No tenemos el mismo sentimiento. Tal vez sea por algún pecado que se interpuso, algún pecado grande que nos dejó con una culpa duradera. O tal vez nos decepcionamos con Dios, creyendo que Dios nos falló en varias ocasiones. O puede ser que nos hayamos enfriado, sin olvidarnos de Dios, pero alejándonos de Su presencia.

Todo eso nos roba la paz. Para vencer tales sentimientos, tenemos que dejar de fijarnos en nosotros mismos. Tenemos que reconocer que no podemos merecer la salvación, no podemos ser “lo suficiente buenos” para Dios. Tenemos que fijarnos en Jesucristo y lo que El hizo para hacernos “buenos.”

Pablo escribió a los cristianos romanos: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1) La paz con Dios se logra por confiar en Cristo, confiar en Su amor y Su compasión para con nosotros. Cuando nuestra fe nos llevó a entregarnos a El en el bautismo, entramos en una relación con El que nos dará la paz que solamente Dios puede dar. No se trata de nosotros… se trata de Cristo y lo que El hizo por nosotros.

Si no siente tener paz con Dios, puede ser que esté fijándose en Ud. mismo. Tal vez esté intentando ganar la salvación por hacer buenas obras. Es hora de confiar en Cristo y Su poder de salvar. Solamente El puede ponerte en paz con Dios.

Gracia y paz,
Timothy


Llama a la puerta

Publicado por Timothy Archer - Jun. 29, 2010 | categorías Dios

“Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Apocalipsis 3:20)

Mira, yo estoy llamando a la puerta …

Es un proceso lento. Raras veces uno deja a Dios todo de golpe. Como una brasa que se apaga de a poco en un hogar, la fe desaparece de a poco y se reemplaza con el cinismo o, peor, con la apatía. En vez de tomar la decisión de no creer en Dios, muchas personas simplemente dejan de preocuparse por la existencia de Dios.

Yo estoy llamando a la puerta …

De igual manera, el pecado es un proceso gradual. Empieza con la tentación, como el dinero que queda al descuido en la tienda o la compañera de trabajo que nos presta mucha atención. Nuestros pensamientos enfocan esa tentación hasta que nazca el deseo. Un pecado pequeño se convierte en pecado grande, lo cual se convierte en estilo de vida. Nos despertamos y ni reconocemos la persona que hemos llegado a ser.

Si alguien oye mi voz …

Aun cuando nos damos por vencidos, Dios sigue creyendo en nosotros. Llama. Nos busca. Nos persigue. Acuérdate, este pasaje en Apocalipsis fue escrito a creyentes. Personas que conocían a Dios, pero que se habían extraviado. Como pastor que busca a su cordero perdido, Dios sale a la búsqueda de su gente.

Si alguien oye mi voz y abre la puerta …

Dios quiere estar de nuevo en nuestras vidas, pero no nos va a obligar a nada. Tenemos que abrir la puerta. Tenemos que responder a su llamada. Tenemos que decir, “Sí, yo quiero que estés en mi vida de nuevo.” Dios es el Creador Todopoderoso, pero ama tanto a sus hijos que sale a buscarlos. Los ama tanto que les da la posibilidad de escoger su destino. Busca. Llama. Nosotros tenemos que abrir la puerta.

Entraré en su casa …

Es lo que Dios quiere. Quiere estar en relación con nosotros, aun cuando nos hemos extraviado, aun cuando hemos hechos cosas que nos dan vergüenza. Ningún pecado es demasiado grande. Ninguna distancia es demasiado lejos. No existe puerta que no puede abrirse. Solamente tenemos que volver a él y abrir la puerta.

Entraré en su casa y cenaremos juntos.

Comer juntos es muy personal. El Señor del Universo quiere sentarse a la mesa con nosotros. Quiere tener una relación de amor con nosotros. Busca. Llama. Y espera que abramos la puerta.

“Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Apocalipsis 3:20)

Abre la puerta. Déjalo entrar. Borrará tu pasado y te dará un nuevo comienzo.


Jesús tiene lo que necesitas

Publicado por Timothy Archer - Jun. 21, 2010 | categorías Jesucristo

Cerca del final del primer siglo, la ciudad de Laodicea era un próspero centro comercial. Era una ciudad muy rica, una de las pocas municipalidades que rechazaron la ayuda del gobierno romano después del terremoto fuerte que sacudió la zona. Era un centro bancario al nivel mundial. La ropa que se fabricaba en Laodicea se vendía en todas partes del imperio, sobre todo las preciosas prendas de lana negra. Ubicada en la unión de tres rutas comerciales, la ciudad estaba en un sitio ideal para el comercio.

Además, una de las mejores escuelas de medicina se encontraba en Laodicea, famosa por el tratamiento de enfermedades ópticas. Ahí se preparaba un ungüento para los ojos que se enviaba a tierras lejanas.

Los de Laodicea tenían motivo de ser orgulloso, y parece que lo eran. Por eso, las palabras de Jesús a los cristianos en aquella ciudad habrán golpeado fuerte:

“Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.” (Apocalipsis 3:17-18).

¡Qué duro! Aunque Laodicea era famosa por su riqueza, Jesús les dice a los cristianos que son pobres. A los fabricantes de ropa negra, les dice que necesitan comprar la ropa blanca que él provee. A pesar de su fama en el tratamiento de problemas de ojos, Jesús les dice que son ciegos, necesitando la medicina que él puede dar.

¿Qué me diría a mí? ¿Cuáles puntos de orgullo señalaría, mostrando las fallas que tengo en lo que yo percibo como puntos fuertes? ¿Qué diría de mis posesiones, mis logros, mi jactancia? ¿Qué diría de mi autosuficiencia?

Yo sé lo qué diría. La verdad. Jesús ve mi yo verdadero. No ve la máscara que presento al mundo. Me ve a mí. Me conoce a mí.

Te conoce a ti también. Puedes engañar a todos lo que te rodean, pero Jesús te ve como eres de verdad. Sabe lo que necesitas. Yo no puedo conocerte perfectamente, pero puedo decirte que Jesús tiene lo que necesitas. Puede eliminar tu pobreza espiritual, cubrir tu desnudez emocional, sanar tu ceguera interior.

La gente de Laodicea necesitaba a Jesús. Les hacía falta lo que él tenía para ofrecerles, aunque no lo sabían. Aunque no lo sepas, tú lo necesitas también. Tal como yo. Que lo busquemos juntos.

Gracia y paz,
Timothy


¿Caliente, frio o tibio?

Publicado por Timothy Archer - Jun. 07, 2010 | categorías Pasión

La antigua ciudad de Laodicea tenía un problema con el agua. El problema era que no había agua. Por lo menos, no había dentro de la ciudad. Había aguas termales a unos 10 kilómetros, cerca de la ciudad de Hiérapolis. Esa agua no era potable y carecía de calor al transportarse a Laodicea. A más o menos la misma distancia, en dirección opuesta, se encontraban las manantiales de Denizli. Esa agua fresquita se entibiaba al llevarse a Laodicea por los acueductos, resultando ser una bebida desagradable. La única agua disponible era agua tibia.

Cuando Jesús se dirigió a los cristianos de esta ciudad, en el libro de Apocalipsis, usó un ejemplo que ellos entenderían muy bién: “Yo sé todo lo que haces. Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16) Es un imagen desagradable para describir una condición desagradable: cristianos sin pasión, que habían perdido su lealtad a Cristo.

Lamentablemente, el mundo ha visto muchos cristianos así. Mohandas Gandhi dijo: “Me gusta tu Cristo. No me gustan tus cristianos. Tus cristianos son tan diferentes a tu Cristo.” Al agnóstico Sheldon Vanuaken escribió:

El mejor argumento para el cristianismo son los cristianos: su gozo, su certeza, su plenitud. Pero el argumento más fuerte en contra del cristianismo también son los cristianos—cuando son austeros y sombríos, cuando pretenden ser mejores que uno en su consagración, cuando son estrechos y reprimidos, entonces el cristianismo muere mil muertos.

Si Ud. no es cristiano y solamente ha visto el cristianismo tibio, le ruego que mire de nuevo. Hay cristianos que han vencido esta apatía perpetua. Saben que ser cristiano no se trata de asistir una reunión a cierta hora. Es una forma de vida. Como dijo Vanuaken, tales cristianos son el mejor argumento a favor del cristianismo.

Si Ud. es cristiano, pero se encuentra con una fe tibia, quiero animarle a que vuelva a lo básico. Dedíquese al estudio bíblico y la oración. Hágase miembro activo de alguna iglesia. Conéctese con Dios cada semana, tomando la Cena del Señor.

A nadie le gusta lo tibio. Nadie quiere estar tibio. Y nadie quiere que Jesús los vomite de su boca. Busquemos la pasión en nuestras vidas espirituales.


El gran despertador

Publicado por Timothy Archer - May. 17, 2010 | categorías Conformismo

La historia de la antigua ciudad de Sardes es muy interesante. En un momento, era una de las ciudades más ricas del mundo, gobernada por el rey Creso. La ciudad tenía una fortaleza construida en cima de una colina de más de 500 metros; era casi impenetrable. Cuando los enemigos atacaban, los ciudadanos de Sardes huían a la fortaleza, donde los protegía la montaña. Cuando los vigilantes cuidaban los muros, la fortaleza no podía ser vencida.

Pasaba otra cosa cuando esas centinelas se encontraban dormidas. Después de que Creso atacó sin éxito el ejército persa del rey Ciro, huyó a su ciudadela para refugiarse ahí. Ciro puso el lugar bajo sitio y ofreció una recompensa a cualquier soldado que encontrara la forma de penetrar los muros. Un soldado persa vio a una centinela dejar caer su casco y bajarse para buscarlo. Esa noche, los persas subieron por esa misma ruta. Llegando a la cima, encontraron dormidos a todos, incluyendo a todos los soldados. La conquista fue rápida.

En el Nuevo Testamento, la gente de Sardes recibió un mensaje de Jesucristo: ¡Despiértense! “Recuerda, pues, la enseñanza que has recibido; síguela y vuélvete a Dios. Si no te mantienes despierto, iré a ti como el ladrón, cuando menos lo esperes.” (Apocalipsis 3:3) Los cristianos en aquella ciudad estaban satisfechos consigo mismos y tenían que despertarse.

Yo lo necesito a veces también. Mi rutina y el ritmo del mundo me hacen dormir espiritualmente. Sigo la corriente, dejando que mis circunstancias me digan qué sentir y qué hacer.

Necesito un despertador espiritual que me grite “¡Despiértate!”, recordándome que dejarme estar en la vida me llevará al desastre. Tengo que enfocarme en las prioridades, planear cuidadosamente cómo resistir las influencias del mundo. Tengo que proponerme vivir como persona de fe. Si no me despierto, el conformismo me llegará de noche, venciendo a mis defensas y destruyendo lo que más aprecio.

Tenemos que despertarnos de nuestras siestas espirituales, recordando lo hemos escuchado y obedeciéndolo. Más que conocer, necesitamos hacer. Necesitamos vencer a la somnolencia espiritual y estar atentos. Si no, el enemigo nos vencerá, tan ciertamente como los persas tomaron la ciudad de Sardes.


Etiquetas cambiadas

Publicado por Timothy Archer - May. 03, 2010 | categorías Valores

Para hablar de los valores mal puestos de su tiempo, el filósofo danés Søren Kierkegaard relató una parábola moderna acerca de unos ladrones que entraron en una joyería de noche. En vez de robar, solamente cambiaron las etiquetas, marcando las cosas caras con precios económicos y poniendo precios altísimos en las joyas de fantasía.

Para mí, es una ilustración hermosa de lo que hizo Cristo al venir al mundo. Examinó los valores del mundo y declaró que estaban al revés. Las etiquetas estaban equivocadas. La grandeza, dijo Cristo, se encuentra en el servicio. Sacrificarse uno es la única forma de salvar su vida. El primero será el último y el último primero. Declaración tras declaración buscaba cambiar las prioridades y preferencias de la humanidad.

En Apocalipsis capítulo 2. encontramos estas palabras de Jesús, hablando con un grupo de cristianos: “Yo conozco tus sufrimientos y tu pobreza, aunque en realidad eres rico.” (Apocalipsis 2:9) Perseguidos y reprimidos por su fe, estos seguidores de Jesús estaban pasando por momentos difíciles económicamente. Pero Cristo los miró y los declaró ricos.

Luego Jesús mira otro grupo de creyentes y les dice: “Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” (Apocalipsis 3:17) Jesús no ve las cosas de la misma forma que el mundo las ve. Sabía que estos cristianos adinerados estaban en bancarrota por dentro

Las verdaderas riquezas no se miden con números. No se encuentran en almacenes ni depósitos. La riqueza verdadera no sube y baja con el mercado de valores. Un hombre puede tener mucho dinero y muchas posesiones, pero ser muy pobre. No podemos confiar en la opinión del mundo en cuanto a quién es rico y quién es pobre. Las etiquetas están mal puestas.

Entonces, ¿qué tiene valor? Las relaciones. Nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás. Dinero, salud, juventud, posesiones … son cosas temporarias que se van tan pronto como vienen. Estar bien con Dios es lo único eterno. Y no podemos estar bien con Dios si no estamos bien con la gente que nos rodea.

No confíe en las etiquetas que el mundo ha puesto sobre las cosas. Solamente Jesús nos puede decir qué tiene valor. Solamente Jesús nos puede hacer ricos de verdad.


Cuando las iglesias dejan de ser iglesias

Publicado por Timothy Archer - Abr. 12, 2010 | categorías Iglesia

En el Nuevo Testamento, leemos en cuanto a una iglesia trabajadora, que defendía las enseñanzas correctas. Eran celosos por denunciar las falsas enseñanzas. Habían mantenido su fe en medio de los tiempos difíciles.

Habían hecho todo eso… pero Cristo les dijo que si no cambiaran, ¡no podrían ser considerados como iglesia suya! Cristo dijo esto a la iglesia de Efeso: “Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor.” (Apocalipsis 2:4)

Tal como los matrimonios pueden descuidar el romance, las iglesias pueden descuidar el amor. Empiezan a fijarse en la perfección ritual y las discusiones en cuanto a doctrina, y se olvidan de su razón de ser.

Pierden su primer amor.

En vez de ser un organismo, el cuerpo de Cristo, se convierten en organización. Reglas, requisitos y ritos reemplazan las relaciones. Lo que se pierde por el camino es el espíritu de amor que los cristianos deben tener.

Cristo rechaza los ritos huecos y las reglas vacías. No fundó la iglesia así ni permite que la iglesia sea así. La iglesia tiene que ser una comunidad de amor, caracterizada por un amor ferviente, amor hacia Dios y hacia el prójimo. Es un lugar de aceptación, no aceptando los errores intencionales, pero aceptando a las personas imperfectas.

Si tu experiencia con la iglesia no ha sido así, ¡no te des por vencido! Existen iglesias que retienen su primer amor y lo muestran en sus vidas. Hay cristianos que se esfuerzan cada día por ser más como Jesucristo.

Si eres cristiano y te has olvidado de qué se trata el cristianismo, no es demasiado tarde. Cristo dijo a estos cristianos: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio” (Apocalipsis 2:5). Podemos volver al primer amor, viviendo el amor en nuestras vidas diarias. Podemos reemplazar los ritos vacíos con una vida llena del amor. Podemos volver a ser el cuerpo de Cristo.

La iglesia es un organismo, no una organización. Su combustible es el amor, pues su Dios es el Dios que es amor.

Que nunca nos olvidemos.


Dios te conoce

Publicado por Timothy Archer - Feb. 12, 2010 | categorías Dios

nubesYa viejo, el apóstol Juan se encuentra en una especie de prisión, viviendo en exilio en la isla de Patmos. Es una isla pequeña, de 64 kilómetros cuadrados. Es un lugar desierto donde los prisioneros políticos son enviados para contemplar sus obras. El crimen de Juan es sencillo: es seguidor de Jesucristo.

Ahí sobre Patmos, Juan recibe una visión de Jesucristo, resucitado y victorioso. Jesús comparte con Juan un mensaje de esperanza y aliento para sus seguidores que están por enfrentar la persecución. Este mensaje, que se encuentra en el libro de Apocalipsis, se expresa en lenguaje simbólico, un estilo literario que se usaba en aquel entonces. Aunque mucho de lo escrito nos resulta extraño, los símbolos hubieran resultado familiares para los lectores originales.

Juan ve a Jesús parado en medio de siete candelabros, que Jesús define más adelante: “los siete candelabros representan a las siete iglesias” (Apocalipsis 1:20). Luego Juan recibe siete cartas para siete iglesias de la provincia romana de Asia, donde el emperador romano estaba por hacerles problemas a los cristianos.

Jesucristo empieza la carta diciendo: “El que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto” (Apocalipsis 2:1).

El mensaje de esta imagen es sencillo, pero importante: cuando los seguidores de Jesucristo viven momentos difíciles, él está en medio de ellos. No está lejos; anda en medio de las iglesias.

En cada carta, Jesús dice: “Yo conozco…” El conoce lo que han hecho. Conoce su situación. Conoce a los enemigos que les esperan y las luchas que tienen. Escribe como alguien que conoce por completo cada aspecto de sus vidas. El anda entre los candelabros.

Nada ha cambiado. Dios te conoce. Conoce las cosas que has hecho y los errores que has cometido. Conoce los obstáculos en tu camino y lo que has hecho frente a ellos. Conoce tus habilidades y tus posibilidades… mejor que tú.

Y no está lejos. Está cerca, esperando que busques su ayuda. Si estás viviendo persecución política o tentación sexual, Dios quiere darte las fuerzas para vencer lo que sea. El está cerca. Te conoce. Y te ama.



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