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Jesús tiene lo que necesitas

Publicado por Timothy Archer - Jun. 21, 2010 | categorías Jesucristo

Cerca del final del primer siglo, la ciudad de Laodicea era un próspero centro comercial. Era una ciudad muy rica, una de las pocas municipalidades que rechazaron la ayuda del gobierno romano después del terremoto fuerte que sacudió la zona. Era un centro bancario al nivel mundial. La ropa que se fabricaba en Laodicea se vendía en todas partes del imperio, sobre todo las preciosas prendas de lana negra. Ubicada en la unión de tres rutas comerciales, la ciudad estaba en un sitio ideal para el comercio.

Además, una de las mejores escuelas de medicina se encontraba en Laodicea, famosa por el tratamiento de enfermedades ópticas. Ahí se preparaba un ungüento para los ojos que se enviaba a tierras lejanas.

Los de Laodicea tenían motivo de ser orgulloso, y parece que lo eran. Por eso, las palabras de Jesús a los cristianos en aquella ciudad habrán golpeado fuerte:

“Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado en el fuego, para que seas realmente rico; y que de mí compres ropa blanca para vestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y una medicina para que te la pongas en los ojos y veas.” (Apocalipsis 3:17-18).

¡Qué duro! Aunque Laodicea era famosa por su riqueza, Jesús les dice a los cristianos que son pobres. A los fabricantes de ropa negra, les dice que necesitan comprar la ropa blanca que él provee. A pesar de su fama en el tratamiento de problemas de ojos, Jesús les dice que son ciegos, necesitando la medicina que él puede dar.

¿Qué me diría a mí? ¿Cuáles puntos de orgullo señalaría, mostrando las fallas que tengo en lo que yo percibo como puntos fuertes? ¿Qué diría de mis posesiones, mis logros, mi jactancia? ¿Qué diría de mi autosuficiencia?

Yo sé lo qué diría. La verdad. Jesús ve mi yo verdadero. No ve la máscara que presento al mundo. Me ve a mí. Me conoce a mí.

Te conoce a ti también. Puedes engañar a todos lo que te rodean, pero Jesús te ve como eres de verdad. Sabe lo que necesitas. Yo no puedo conocerte perfectamente, pero puedo decirte que Jesús tiene lo que necesitas. Puede eliminar tu pobreza espiritual, cubrir tu desnudez emocional, sanar tu ceguera interior.

La gente de Laodicea necesitaba a Jesús. Les hacía falta lo que él tenía para ofrecerles, aunque no lo sabían. Aunque no lo sepas, tú lo necesitas también. Tal como yo. Que lo busquemos juntos.

Gracia y paz,
Timothy

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