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El gran despertador

Publicado por - May. 17, 2010 | categorías Conformismo

La historia de la antigua ciudad de Sardes es muy interesante. En un momento, era una de las ciudades más ricas del mundo, gobernada por el rey Creso. La ciudad tenía una fortaleza construida en cima de una colina de más de 500 metros; era casi impenetrable. Cuando los enemigos atacaban, los ciudadanos de Sardes huían a la fortaleza, donde los protegía la montaña. Cuando los vigilantes cuidaban los muros, la fortaleza no podía ser vencida.

Pasaba otra cosa cuando esas centinelas se encontraban dormidas. Después de que Creso atacó sin éxito el ejército persa del rey Ciro, huyó a su ciudadela para refugiarse ahí. Ciro puso el lugar bajo sitio y ofreció una recompensa a cualquier soldado que encontrara la forma de penetrar los muros. Un soldado persa vio a una centinela dejar caer su casco y bajarse para buscarlo. Esa noche, los persas subieron por esa misma ruta. Llegando a la cima, encontraron dormidos a todos, incluyendo a todos los soldados. La conquista fue rápida.

En el Nuevo Testamento, la gente de Sardes recibió un mensaje de Jesucristo: ¡Despiértense! “Recuerda, pues, la enseñanza que has recibido; síguela y vuélvete a Dios. Si no te mantienes despierto, iré a ti como el ladrón, cuando menos lo esperes.” (Apocalipsis 3:3) Los cristianos en aquella ciudad estaban satisfechos consigo mismos y tenían que despertarse.

Yo lo necesito a veces también. Mi rutina y el ritmo del mundo me hacen dormir espiritualmente. Sigo la corriente, dejando que mis circunstancias me digan qué sentir y qué hacer.

Necesito un despertador espiritual que me grite “¡Despiértate!”, recordándome que dejarme estar en la vida me llevará al desastre. Tengo que enfocarme en las prioridades, planear cuidadosamente cómo resistir las influencias del mundo. Tengo que proponerme vivir como persona de fe. Si no me despierto, el conformismo me llegará de noche, venciendo a mis defensas y destruyendo lo que más aprecio.

Tenemos que despertarnos de nuestras siestas espirituales, recordando lo hemos escuchado y obedeciéndolo. Más que conocer, necesitamos hacer. Necesitamos vencer a la somnolencia espiritual y estar atentos. Si no, el enemigo nos vencerá, tan ciertamente como los persas tomaron la ciudad de Sardes.


Etiquetas cambiadas

Publicado por - May. 03, 2010 | categorías Valores

Para hablar de los valores mal puestos de su tiempo, el filósofo danés Søren Kierkegaard relató una parábola moderna acerca de unos ladrones que entraron en una joyería de noche. En vez de robar, solamente cambiaron las etiquetas, marcando las cosas caras con precios económicos y poniendo precios altísimos en las joyas de fantasía.

Para mí, es una ilustración hermosa de lo que hizo Cristo al venir al mundo. Examinó los valores del mundo y declaró que estaban al revés. Las etiquetas estaban equivocadas. La grandeza, dijo Cristo, se encuentra en el servicio. Sacrificarse uno es la única forma de salvar su vida. El primero será el último y el último primero. Declaración tras declaración buscaba cambiar las prioridades y preferencias de la humanidad.

En Apocalipsis capítulo 2. encontramos estas palabras de Jesús, hablando con un grupo de cristianos: “Yo conozco tus sufrimientos y tu pobreza, aunque en realidad eres rico.” (Apocalipsis 2:9) Perseguidos y reprimidos por su fe, estos seguidores de Jesús estaban pasando por momentos difíciles económicamente. Pero Cristo los miró y los declaró ricos.

Luego Jesús mira otro grupo de creyentes y les dice: “Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” (Apocalipsis 3:17) Jesús no ve las cosas de la misma forma que el mundo las ve. Sabía que estos cristianos adinerados estaban en bancarrota por dentro

Las verdaderas riquezas no se miden con números. No se encuentran en almacenes ni depósitos. La riqueza verdadera no sube y baja con el mercado de valores. Un hombre puede tener mucho dinero y muchas posesiones, pero ser muy pobre. No podemos confiar en la opinión del mundo en cuanto a quién es rico y quién es pobre. Las etiquetas están mal puestas.

Entonces, ¿qué tiene valor? Las relaciones. Nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás. Dinero, salud, juventud, posesiones … son cosas temporarias que se van tan pronto como vienen. Estar bien con Dios es lo único eterno. Y no podemos estar bien con Dios si no estamos bien con la gente que nos rodea.

No confíe en las etiquetas que el mundo ha puesto sobre las cosas. Solamente Jesús nos puede decir qué tiene valor. Solamente Jesús nos puede hacer ricos de verdad.



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