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Las Piedras

Publicado por - Oct. 28, 2009 | categorías Perdón

Arrastraton la mujer al templo. ¡Pescada en el mismo acto de adulterio! Hicieron oídos sordos a sus ruegos; no habría misericordia. A este grupo no les interesaba la compasión ni la justicia. (¿Dónde estaba el hombre con quién ella había estado? La Ley condenaba a los dos) Esta mujer era nada más que una ficha en un juego político, una herramienta útil para atrapar a ese maestro problemático llamado Jesús de Nazaret.

“Nuestra ley dice que esta mujer debe ser apedreada. ¿Qué dices tú?” le preguntaron a Jesús, tirando la mujer a sus pies. ¿Se atrevería este amigo de los pecadores decir que la Ley debería ser ignorada, que la mujer debería ser libertada? Si contestara así, los líderes de los judíos podrían denunciarlo como hereje.

¿O les daría luz verde Jesús para matar a esta mujer? Si lo hiciera, podrían denunciarlo ante los romanos, pues ellos no les daba a los judíos el derecho de ejercer la pena de muerte. Era la trampa perfecta.

Se enfuercían al ver que Jesús negaba responder. En vez de contestarles, dibujaba en el suelo con su dedo. “¡Respóndenos! ¡Contesta la pregunta!” insistía la multitud.

Jesús se levantó la vista, mirándoles los ojos y dijo, “Bueno. Apedréenla. Pero que la primera piedra sea tirada por aquel entre Uds. que no tiene pecado.” Con esas palabras, los acusadores se convirtieron en acusados. La trampa que habían puesto para Jesús funcionó al revés. Uno por uno, se fueron, cada uno estando bien consciente de su propio pecado.

Jesús se quedó a solas con la mujer y preguntó “¿No hay quién te condene?”

“No,” ella respondió.

“Yo tampoco te condeno. Vete, dejando tu vida de pecado.” (Juan 8:1-11)

Ojalá que estuviera Cristo aquí para frenarme cuando estoy parado con una piedra en la mano. Para recordarme que soy tan pecador como cualquier otra persona. Ojalá que estuviera aquí para defender a los que son atacados y menospreciados por los errores que han cometido. Ojalá que estuviera para decir, “Está bien, tíldalo de pecador… si nunca cometiste ningún pecado.”

Los seguidores de Jesús necesitamos defender a los que se han equivocado, los que han sido encontrado en pecado. Tenemos que decirles: “Pare. Cambie. Deje su vida de pecado.” Pero también necesitamos decirles: “Yo también soy pecador. Necesito la gracia de Dios tanto como usted.”

La iglesia debe ser un refugio, una comunidad de pecadores cubiertos por la gracia de Dios, una collección de luchadores que buscan vencer al pecado. No debe ser un club de tiradores de piedras.

Si le han tirado piedras a usted, quiero que sepa que eso pasó sin la autorización de Cristo. Vuelva. Intente otra vez. Hay buenas personas que buscan vivir como Jesús que quieren aceptarlo, amarlo y ayudarlo a cambiar. Jesús no quiere condenar; quiere salvar. Sus seguidores deben buscar lo mismo.



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