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¿Me equivoqué en algo?

Publicado por - Jun. 02, 2009 | categorías Paz

trámitesA mí, no me gusta pagar impuestos. Sobre todo aquí en Estados Unidos. Nuestro código impositivo se ha vuelto muy complicado. En 1913, el código consistía de 400 páginas. En 2008, el código había llegado a 67 mil páginas; las instrucciones para el formulario básico ocupaban 155 páginas. Existe una industria entera de preparación de impuestos. Por eso, al hacer las declaraciones de impuestos cada año, la mayoría sentimos alguna ansiedad: ¿me equivoqué en algo?

Algunas personas se sienten así en cuanto a Dios. ¿Me equivoqué en algo? ¿Hice reparaciones por todas las cosas malas que hice? ¿Hice suficientes cosas buenas? ¿Pensé lo correcto, fui a los lugares indicados, dije todas las palabras necesarias? Aunque la Biblia no es tan larga como el código impositivo, las consecuencias de equivocarnos puede llenar nuestros corazones con miedo.

Si te sientes nervioso al pensar en estar frente de Dios en el Día de Juicio, quizás te sorprenden estas palabras del apóstol Pablo: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1)
¿Paz? ¿Paz con Dios? ¿Cómo podemos tener paz con Dios cuando tenemos que preocuparnos constantemente en cuanto a hacer todo exactamente bien? La respuesta sencilla es: no podemos hacerlo. Si estar bien con Dios depende de nosotros y lo que hemos hecho, nunca tendremos paz. Pero mira la primera parte de lo que dice Pablo: “Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe” Podemos tener paz con Dios porque nuestro futuro no depende de hacer todo perfectamente bien. Al escribir a la iglesia de Efeso, Pablo escribió: “Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios. No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada;” (Efesios 2:8-9). No se trata de lo que hemos hecho nosotros; es cuestión de ser salvos por la fe en el don que Dios nos ofrece.

Dios quiere que respondamos con fe, comprometiéndonos a cambiar nuestras vidas, lavando nuestros pecados en el bautismo. Pero nada de eso se hace como obra, nada de eso es para ganar la salvación. La salvación es un don gratuito que Dios nos da, y podemos estar seguros que Dios quiere darnos ese don. Podemos preocuparnos en el momento de hacer los impuestos, pero cuando de estar bien con Dios se trata, debemos sentir paz.



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