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El correo y la felicidad

Publicado por - Jul. 15, 2008 | categorías Felicidad

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Se puede aprender mucho por mirar el correo basura que llega en la computadora. Ofertas de riquezas, ofertas de salud, ofertas de placeres prohibidos. Es un mundo de ilusión, con fantasías de ganancias, éxito sexual, ofertas increíbles y oportunidades de trabajo. Llamarlo basura es muy suave; es maldad a domicilio, el pecado al alcance del ratón de la computadora. Como poco, es una molestia. En su peor forma, es una puerta abierta a un mar de problemas.

Algunos expertos dicen que estos mensajes no deseados llegarán a ahogar la red por completo, dejándola inutilizable. Los que recibimos muchos mensajes basura tenemos que utilizar filtros y protectores, corriendo el riesgo de bloquear algún mensaje de valor. No conozco a nadie a quien le guste el correo basura. ¿Por qué sigue existiendo?

Porque alguien se deja engañar. Alguien se vence por la codicia, comprando software ilegal o cayendo en el cazabobo que ofrece millones de dólares gratis. Otra persona caiga en la trampa que promete amor por medio de una pastilla, una crema o un suplemento. Otros se vencen por los deseos ilícitos, tentados por el material pornográfico.

Lo triste es que estas personas no se dan cuenta de que buscan cumplir una necesidad espiritual por medio de algo físico. Necesitan amor, compañerismo y propósito en sus vidas, y esas cosas no vienen por el correo electrónico. Aunque no se den cuenta, lo que anhelan es una relación con Dios.

En el libro de los Salmos, la Biblia dice: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” (Salmo 37:4). Es fácil leer la segunda parte sin captar el mensaje completo. Cuando Dios llega a ser nuestro deseo más grande, todo lo demás se arregla. Recibiremos algunas cosas deseadas, y perderemos el deseo de poseer otras. Pero primero tenemos que cumplir con la necesidad que todo hombre tiene: la necesidad de tener una relación con Dios.

La felicidad no se encuentra en la bandeja de entrada. La felicidad duradera, la que llega al más adentro nuestro, se encuentra únicamente en Dios.

Gracia y paz,
Timothy


Agricultura y Fe

Publicado por - Jul. 07, 2008 | categorías Buenas obras, Fe, Gracia

Comencé a leer un libro muy recomendado titulado La Vida en la Viña por Philip D. Kenneson. Leí una cita interesante que quiero compartir:

“Todo agricultor sabe que siempre hay más trabajo para hacer que tiempo para hacerlo; sin embargo, también comprende que mucho de lo que sucede con los cultivos está fuera de su control. Hay mucho que el agricultor debe hacer, pero él no puede hacer que la semilla brote, que brille el sol, o que llueva. De hecho, el agricultor emprende esta empresa desafiante y riesgosa de la agricultura porque confía en que estas buenas dádivas continuarán siendo dadas. La gracia y el esfuerzo, la dádiva y el trabajo: estas deben ir de la mano. Desafortunadamente, los cristianos a menudo ponen uno en contra del otro o enfatizan uno excluyendo al otro. La sabiduría del agricultor nos recuerda que ambos son necesarios, en toda su plenitud, para hacer crecer algo que valga la pena cosechar. Lo mismo sucede con la vida del Espíritu. Siempre hay suficiente trabajo para hacer, pero nadie que emprende esa obra debería hacerlo sin darse cuenta de que el crecimiento en el Espíritu es primeramente una dádiva de Dios.”

Es un punto excelente. Quienes están en la agricultura probablemente lo pueden apreciar más que yo. Aceptamos este equilibrio de gracia y obras en lo que se refiere a la agricultura, pero nos resistimos cuando se aplica a nuestras propias vidas.

Es la tensión entre saber que no puedo hacer nada para salvarme, pero si no hago nada, no seré salvo. La tensión entre saber que sólo Dios puede en verdad hacerme santo, pero este mismo Dios me dio el mandamiento: “Sed santos.”

Hay un viejo dicho que dice: “Oramos como si todo dependiera de Dios y trabajamos como si todo dependiera de nosotros.” Hay verdad allí. Un pasaje muy querido en Isaías 40:31 dice: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Notemos que no dice “se sentarán y no se cansarán; se acostarán y no se fatigarán.” Aún esperando en el Señor nos seguimos moviendo hacia adelante. Confiar en Dios no es sentarse y esperar que El haga toda la obra.

Pablo habló de esta tensión en Efesios 2:8-10: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Nuestras obras no ganan nuestra salvación. Es un regalo de Dios. Pero fuimos salvos con el propósito de hacer buenas obras. Para eso fuimos creados. Mantengamos la fe. Y las buenas obras.

Gracia y paz,
Timothy



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