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Llegando a ser ciudadano

Publicado por - Jun. 23, 2008 | categorías Bautismo, salvación

pasaporteHace poco, una amiga llegó a ser ciudadana de los Estados Unidos. Después de vivir en Texas por varios años, decidió hacerse ciudadana. Llenó los formularios, tomó los exámenes, juró lealtad, y, por supuesto, pagó las tarifas necesarias. Es un trámite complicado.

Yo hice lo mismo de una manera más simple: soy ciudadano por nacimiento. Ningún formulario, ni examen, ni juramento, ni tarifa. Lo único que hice fue nacer en el lugar indicado. Mis hijos me ganaron. Ellos nacieron como ciudadanos de dos países, Estados Unidos y Argentina. Dos muchachos, cuatro pasaportes.

No son los únicos con nacionalidad doble. Aunque no tenga el pasaporte para demostrarlo, soy ciudadano de otra jurisdicción. Soy ciudadano del reino de Dios. No soy ciudadano naturalizado; nací en ese reino. De hecho, no existen ciudadanos naturalizados en el reino de Dios.

Durante el ministerio público de Jesús, un hombre llamado Nicodemo vino a verlo. Mientras hablaban, Jesús le dijo: “Te aseguro que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5) Hace falta un segundo nacimiento para llegar a ser ciudadano del reino de Dios, un nacimiento que incluye el agua y el Espíritu. El apóstol Pablo habló de este nuevo nacimiento cuando escribió: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4). Cuando un creyente en Jesús se bautiza, es sepultado bajo el agua y sale con una vida nueva. Es un nuevo nacimiento. Al escribirle a Tito, Pablo llamó este acto “el lavamiento de la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Regeneración… nueva vida… nacer de nuevo… es el mismo concepto.

Hace años nací en este mundo como ciudadano de los Estados Unidos. Unos 13 años después, nací una segunda vez al ser bautizado en agua, llegando a ser ciudadano del reino de Dios. Aunque no tengo pasaporte nuevo, esta segunda ciudadanía es tan real como la primera y mucho más importante. Cuando todos los pasaportes se habrán convertido en polvo, todavía tendré mi ciudadanía celestial.

Si Ud. quiere ser ciudadano del reino de Dios, no hay formularios para llenar, ni exámenes para rendir, ni dinero para pagar. No hay ciudadanos naturalizados en el reino de Dios. La única forma es nacer de nuevo, naciendo del agua y el Espíritu.

Gracia y paz,
Timothy


Ganando Un Premio

Publicado por - Jun. 19, 2008 | categorías Gracia, Jesucristo, salvación

Hace poco, mi señora viajó a la Argentina. Ese viaje nos hubiera costado más de lo que podríamos pagar, pero resultó ser muy accesible. Pudimos pagar el viaje con kilómetros que habíamos acumulado con otros viajes (viajo mucho por mi trabajo). En el lenguaje de las lineas aéreas, habíamos ganado un premio.

Es un concepto popular. Muchas empresas nos ofrecen incentivos sobre las compras que hacemos. Viajamos y ganamos un viaje gratis. Nos quedamos en un hotel y acumulamos puntos. Usamos una tarjeta de crédito y nos dan premios. Compramos flores, visitamos la ferretería, alquilamos videos, comemos pizza… hay muchas cosas que nos ofrecen incentivos.

A mí me gusta recibir premios. Pero veo un problema cuando entendemos a Dios de la misma manera. Si hacemos cosas buenas, creemos que Dios está obligado a recompensarnos. Mucha gente lo ve así. Asegúrate de hacer suficientes cosas buenas y tu futuro estará garantizado.

Dios no funciona así. No espera que nosotros ganemos el premio que tiene para nosotros. No hay nada que podamos hacer para obligarle a Dios a nada. Lo que El da, lo da por gracia, no por obligación. Lo que El ofrece, lo ofrece gratuitamente, no por un precio. No hay plan de incentivos para llegar al cielo. Todo depende de Dios. El apóstol Pablo escribió: “ Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

No existe ningún Plan de Oradores Frecuentes, ni Miembros Eclesiásticos Dorados. Solamente está Jesús y Su sacrificio. Por aceptar lo que El hizo con una fe obediente, recibimos el premio que El ganó. Ese sí que es un plan maravilloso.

Gracia y paz,
Timothy



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