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Sin Ira Ni Contienda

Publicado por Timothy Archer - may. 22, 2008 | categorías Adoración

En iglesias de habla inglesa en los siglos 17 y 18, hubo gran controversia en cuanto a qué cantar. Muchos pensaban que el hombre no tenía derecho de crear nuevas canciones, sino que las únicas que eran apropiadas para la adoración eran los salmos a los que se les había puesto música. (Aún tenemos algunos de estos salmos en nuestro himnario, aunque muy pocos). Otros pensaban que Dios les había dado el don de escribir nuevas canciones de adoración a las que llamaron himnos, y que estos himnos deberían ser cantados en la iglesia. ¡Algunas iglesias hasta se dividieron por esta discusión! El acuerdo al que otros llegaron fue cantar los salmos al principio del servicio y los himnos al final. De esa manera, los miembros que se oponían a estos nuevos “himnos” podían abstenerse de cantar o simplemente irse.

Isaac Watts fue el campeón en la escritura de himnos, un compositor prolífero que escribió más de 600 himnos. Algunos todavía cantamos hoy, como “Al Mundo Gozo Proclamad” y “La Cruz Excelsa Al Contemplar.” Uno de sus himnos más amados fue en realidad escrito como respuesta a las acciones de quienes rechazaban los himnos. Luego de observar a los “salmistas” rehusarse a participar en el canto de himnos, fue a casa y compuso una canción sólo para ellos, llamada “A Sión Caminamos.” Si lees con cuidado la letra de este himno, puedes detectar las palabras que Watts dirigía a sus oponentes:

Los que aman al Señor
eleven su loor,
que en dulces notas de loor,
que en dulces notas de loor,
ascienda a su mansión,
ascienda a su mansión.

Que callen los que a Dios
no anhelen conocer,
mas canten todos a una voz,
mas canten todos a una voz,
los hijos del gran Rey,
los hijos del gran Rey.

Como ves, las llamadas “batallas de adoración” no son nuevas. De hecho, si lees el Nuevo Testamento con cuidado, puedes detectar un poco de tensión en las iglesias en cuanto a distintos estilos. Cuando reúnes a seres humanos, encuentras diferencias. En 1 Timoteo 2:8, Pablo escribe a Timoteo las siguientes palabras:“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.” Tenemos que creer que los hombres tenían el hábito de hacer lo opuesto, de juntarse para orar pero usar ese tiempo para la ira y las contiendas. Si no tenemos cuidado, podemos terminar haciendo lo mismo. Somos distintos y tenemos distintos gustos. No impongamos nuestras preferencias sobre los que nos rodean.

Debemos ser sensibles con nuestros hermanos y hermanas y encontrar formas de ayudarlos a adorar mejor al Señor. Pero recordemos que esto tiene dos lados. De hecho, en lo que se refiere a cristianos maduros, solamente tiene un lado. Nunca debería estar “protegiendo mis propios intereses.” Siempre debería buscar lo mejor para mis hermanos y hermanas.

Nos reunamos y elevemos manos santas a Dios, sin ira ni contiendas. Adoremos al Señor en unidad y amor.

Gracia y paz,
Timothy Archer

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