Blog

Archivos » April, 2008

La Vida

Publicado por - Apr. 22, 2008 | categorías Fe, Vida eterna

Jim Eliot había decidido ir a Ecuador como misionero, llevando el evangelio a los indígenas que nunca habían escuchado de Jesucristo. Desafortunadamente perdió su vida en este esfuerzo, asesinado por los mismos indios a quienes quería enseñar. Sin embargo, más tarde su viuda, Elisabeth, pudo ir a esos mismos aborígenes y enseñarles de Jesús.

Años antes de ir a Ecuador, Jim había escrito en su diario unas palabras intrigantes: “No es ningún tonto el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder. ”Si lo piensas, es un dicho con mucho poder. No es tonto renunciar a esta vida (que no podemos retener) para ganar la que no podemos perder (la vida eterna). Lo que tengamos que hacer en esta vida para obtener la vida eterna ciertamente vale la pena.

Jesús lo afirmó en términos más fuertes. No sólo no es tonto renunciar a esta vida para obtener la vida eterna, es necesario. Escucha cómo Lucas lo explica: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23-25). Jesús dijo que la única manera de salvar nuestra vida es perdiéndola. Es decir, la única manera de obtener la vida eterna es soltando esta vida.

Jesús describe este proceso como “cargar la cruz.” En el primer siglo, cuando un hombre cargaba una cruz, iba en camino a su propia ejecución. Los romanos obligaban a los condenados a llevar su propia cruz hasta el lugar de crucifixión. Un hombre llevando una cruz era un “hombre muerto caminando.”

El apóstol Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). En otra carta, escribió: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más exce-lente y eterno peso de gloria;” (2 Corintios 4:17). Lo que está diciendo es que cualquier sufrimiento que pasemos en esta vida no es nada comparado con una eternidad en la presencia de Dios. Piensa en esto. ¿Qué tal si pudiéramos trazar una línea extendida por toda la eternidad? (Obviamente imposible, pero usa tu imaginación). En esa línea sin fin, ¿cuánto espacio dedicaríamos a nuestra vida en la tierra? Si dibujáramos el punto más ínfimo, un simple punto en esa línea, sería demasiado grande. Esta vida no es nada comparada con la que viene.

Desafortunadamente, estamos abrumados por lo que vemos y sentimos a nuestro alrededor. Hay un dicho en Argentina: “Mas vale malo conocido que bueno por conocer.” Conocemos esta vida y nos es familiar. Parece ser la vida verdadera; una vida eterna parece una fantasía. Esta vida y las cosas de este mundo nos pueden dominar tanto que podemos olvidarnos que esta vida no es nada comparada con la que viene. Alguien escribió una parábola para ilustrar esto:

Había una vez unos mellizos concebidos en el mismo vientre. Pasaron las semanas y se iban desarrollando. Al ir creciendo en conciencia, reían de gozo: “¿No es maravilloso que fuimos concebidos? ¿No es grandioso estar vivos?”

Juntos, los niños exploraron su mundo. Cuando encontraron el cordón umbilical que les daba la vida, cantaron felices: “Qué grande que es el amor de nuestra madre, que comparte su propia vida con nosotros!”

Al pasar los meses, notaron cuánto habían cambiado. “¿Qué significa esto?” preguntó uno. “Significa que nuestra estadía en este mundo se acaba,” dijo el otro. “Yo quiero quedarme aquí siempre, no me quiero ir,” dijo el primero. “No tenemos opción,” dijo el otro. “¡Pero quizás haya vida después del alumbramiento!”

“Pero, ¿cómo puede ser? Se nos caerá el cordón, y ¿cómo es posible la vida sin él? Además, hemos visto evidencia de que hubo otros aquí y ninguno ha regresado para decirnos para decirnos que hay vida después del nacimiento. No, este es el fin.”

Entonces aquel se deprimió diciendo, “Si la concepción, termina con el nacimiento, ¿cuál es el propósito de la vida en el vientre? No tiene significado. Quizás ni siquiera haya madre tampoco.” “Pero tiene que haber,” protestó el otro. “¿De qué otra manera llegamos aquí? ¿Cómo permanecemos vivos?

“¿Alguna vez has visto a nuestra madre?” dijo uno. “Quizás vive sólo en nuestras mentes. Quizás la inventamos, porque nos hacía sentir bien.

Y así los últimos días en el vientre fueron llenos de cuestionamientos y temor.

Finalmente llegó el momento del naci-miento. Cuando los mellizos pasaron de su mundo, abrieron sus ojos. Lloraron. Porque lo que vieron había excedido sus más grandes sueños.

Gracia y paz,
Timothy Archer


Un Espíritu Como Los de Berea

Publicado por - Apr. 18, 2008 | categorías Biblia, Fe

Quiero invitarte a tomar tiempo para leer los primeros 15 versos de Hechos 17. Vamos, yo espero. (No voy a citar el texto por cuestiones de espacio.)

Bueno, si realmente tomaste tiempo para leer el pasaje, sigamos. Si no, por favor léelo y después continuamos.

Pablo se halla en lo que se conoce como su segundo viaje misionero. Habiéndose separado de Bernabé, comenzó a visitar de nuevo algunas iglesias establecidas. En un sueño, Pablo tuvo una visión de un hombre de Macedonia que le pedía ayuda. Llegando a Tesalónica, Pablo va a la sinagoga, como era su costumbre, y predica a la gente allí. Disfrutando algo de éxito, pronto lo corren de la ciudad los judíos celosos de los que él convertía. Pablo usaba las escrituras y la razón para convencer a los hombres, pero sus opositores recurrían a la violencia y a la acción en grupo.

Entonces Pablo viaja 50 millas al oeste al pueblo de Berea. Tan corta distancia, pero tan distintas actitudes. Notemos lo que dicen las Escrituras: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Como lo dijo un escritor, Pablo había ido de matones a pensadores. Había encontrado a personas dispuestas a examinar sus creencias a la luz de las Escrituras.

Notemos, sin embargo, que los malhechores no han terminado. Al enterarse que Pablo predica en Berea, viajan esas 50 millas e incitan a los judíos para que Pablo deba irse una vez más. Es interesante que los matones a menudo pueden imponerse por el momento pero son los de espíritu noble cuyo trabajo permanece detrás de ellos.

Al leer la Biblia, por lo general me identifico con los buenos. Me puedo ver con los pocos que escuchaban en Tesalónica atraídos por las palabras de Pablo. Me puedo ver como un noble de Berea, recibiendo el mensaje y examinándolo con cuidado. Pero me debo detener y observarme con cuidado, usando el espejo de la palabra de Dios para verme más claramente.

Muy a menudo uso las Escrituras para señalar a otros. ¿Cuánta gente “innoble” veo, gente que parece tan poco dispuesta a abrir sus mentes a mi razonamiento de la Palabra de Dios? Los demás no ven las cosas a mi manera porque no están dispuestos a ver las cosas correctamente.

Pero como tantas veces, la Palabra de Dios me detiene. ¿Qué pasa si no soy nada noble? ¿Qué tal si soy yo el matón, el cerrado, el que no quiere escudriñar las Escrituras? Es tan fácil encasillar a la gente y no escuchar lo que tienen para decir. “Es sólo un ______-ista; no vale la pena escuchar sus argumentos.” Me encuentro mirando quién es el autor de un artículo para ver si vale la pena leerlo, en vez de escuchar lo que tiene para decir. Prefiero leer cosas con las que sé que voy a estar de acuerdo.

¿Qué haces con ideas nuevas? ¿Qué haces cuando alguien expresa algo que no está de acuerdo con lo que ya crees? ¿Te tapas los oídos o abres tu mente? Los judíos en Tesalónica ya sabían lo que creían y no necesitaban escuchar los argumentos de Pablo para saber que estaba equivocado. Ya habían escudriñado las Escrituras y no veían la necesidad de volver a hacerlo. Los de Berea no eran gente ignorante. Seguramente habían estudiado estas cosas antes. Sin embargo, cuando Pablo desafió su manera de pensar, no lo amenazaron con piedras. Abrieron sus Biblias y buscaron de nuevo.

Tenemos una opción. Podemos ser matones o pensadores, nobles o innobles. Podemos con gusto abrir nuestras Biblias para reexaminar cada una de nuestras creencias, o podemos atacar a cualquiera que nos desafíe a hacerlo.

Que Dios nos guíe a tener en nuestros corazones un espíritu como los de Berea, un deseo noble de encontrar la verdad, una devota disposición para escudriñar las Escrituras para decidir si las nuestras son sanas creencias o no.

Gracia y paz,
Timothy Archer


Piedras Vivas

Publicado por - Apr. 14, 2008 | categorías Jesucristo

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:42-43)

Los buenos materiales son esenciales para una buena construcción. El mejor constructor puede construir una estructura decente con materiales baratos, pero ésta no va a pasar la prueba del tiempo. Los constructores usan lo mejor.

En el mundo antiguo, la piedra más importante era la piedra angular. Los constructores elegían con cuidado un pedazo sólido de roca sobre la cual basar el resto de la construcción.

En el pasaje que Jesús cita del Salmo 118, una piedra que ha sido desechada hasta para el uso más básico en la construcción, ahora se ha convertido en la piedra más importante, la piedra angular. Jesús sigue diciendo que, a causa de este rechazo, el reino de Dios pronto sería transferido a otro grupo de gente. Pero para entender lo que dice sobre la piedra, es útil ver el comentario de Pedro en Hechos 4:8-12: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Pedro explica que “los edificadores” son los líderes judíos y dice que crucificar a Jesús fue el rechazo de esa piedra.

La resurrección de Jesús de entre los muertos elevó a Jesús a la posición de piedra angular, haciendo posible la salvación en El y sólo en El.

Más adelante en su vida, Pedro vuelve a estas palabras y a esta imagen cuando escribe su epístola: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:4-9)

Jesús no sólo llegó a ser piedra angular, también nos ha hecho a nosotros piedras vivas. No sólo fue declarado digno, también nos ha hecho a nosotros dignos y útiles. Podemos ser edificados en un templo de Dios si dejamos que nuestras vidas sean moldeadas en la Suya. Como piedras edificadas juntas sobre la Piedra Angular, podemos llegar a ser mucho más que si estuviéramos separados de El. Podemos llegar a ser un sacerdocio santo, una nación santa, un pueblo escogido por Dios. Como dijo Jesús, llegaremos a ser un reino de gente que produce los frutos del reino. Dios nos usará para traer gloria a Su santo nombre.

Muchos tropiezan sobre esta roca, muchos fallan en ver que no hay otro nombre debajo del cielo por el cual podemos ser salvos. Muchos tratan de edificar sus vidas ellos mismos, buscando una piedra angular sólida sobre la cual edificar, buscando la manera de sostener las cosas sin la ayuda del Maestro Constructor.

Pero nosotros somos piedras vivas. Somos el sacerdocio santo de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales de servicio a El. Buscamos declarar Sus alabanzas y producir el fruto de Su reino. Y dejamos que El nos edifique y nos transforme en la casa espiritual que El quiere que seamos.


Cambiar el Pasado

Publicado por - Apr. 08, 2008 | categorías Gracia, Perdón

tiempoAlfredo se había dedicado a la ciencia de la guerra. Un científico e inventor talentoso, estudiaba las formas de crear mejores armas. Especialista en explosivos, había creado la dinamita. Se podría creer que le gustaba la guerra, pero la verdad es otra. Creía que si pudiera perfeccionar los instrumentos de guerra, sería imposible para los hombres pelearse. Dijo una vez, “Mi dinamita nos llevará a la paz más pronto que mil convenciones mundiales. Cuando los hombres ven que en un instante se pueden destruir ejércitos enteros, morarán en paz dorada.”

La primera guerra mundial hizo pedazos los sueños de paz. La dinamita y otras inventos de Alfredo fueron usados para matar más gente, más rápidamente. Pero Alfredo no dejó su esfuerzos por lograr la paz.

Un día se levantó Alfredo para encontrar en el diario el relato de su muerte. Por error, un diario francés había publicado el anuncio de la muerte de Alfredo. Fue una sensación terrible para este amante de la paz ver que el diario lo llamaba “El Comerciante de la Muerte,” describiéndolo como el responsable por miles de muertes. Alfredo no quería ser recordado así. Decidió dedicar los últimos años de su vida a crear una fundación que otorgaría premios anuales de química, física, medicina y literatura. Hoy si hablamos de Alfredo Nobel, son pocos lo que lo llaman “El Comerciante de la Muerte” o conectar su nombre con la dinamita. Nosotros pensamos en los premios Nobel, sobre todo el premio de la paz.

Quizás no podamos cambiar nuestro legado tan dramáticamente, pero podemos hacer algo mejor. Podemos tomar nuestros errores pasados, nuestras vidas pasadas, nuestra culpa y nuestro remordimiento y borrar todo. Dios prometió separarnos de nuestros pecados tan lejos como el oriente del occidente (Salmo 103:12) … lo cual es bastante lejos. Dios nos verá como si nunca hubiéramos hecho nada malo. “Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.” (2 Corintios 5:17)

Deje que Dios cambie su pasado.


La sanidad verdadera

Publicado por - Apr. 03, 2008 | categorías Bautismo, Fe, Sanidad

Mujer gozosa
Era domingo, 9 de marzo del 2008. Steve Ridgell y yo habíamos viajado a Cuba con los ministerios de Heraldo de la Verdad. Estábamos predicando en una reunión de la iglesia de Cristo en Matanzas. Utilicé el texto que había escogido de antemano, Marcos 2:1-12. La primera parte del texto describía la escena: “se juntó tanta gente que ni siquiera cabían frente a la puerta.” Había más de 400 personas cuando solamente había asientos para 300. Pero me sentía incómodo con otras partes del texto. Leía de la curación del paralítico, estando consciente de las personas en sillas de rueda en la parte de atrás. Me preguntaba cómo se sentían. Como hice en otros momentos al hablar de este pasaje, enfatizaba que Jesús ponía mucho más énfasis en perdonar los pecados de este hombre de lo que puso en sanarlo físicamente. Yo explicaba que nuestras necesidades físicas no pueden compararse con nuestras necesidades espirituales. Me preguntaba cómo recibirían mis palabras estas personas con necesidades físicas extraordinarias.

Después del sermón, uno de los hermanos cubanos extendió la invitación y nueve personas respondieron, listas para nacer de nuevo en las aguas del bautismo. Una persona me llamó la atención. Se acercaba en silla de ruedas, ayudada por una amiga tal como ese hombre de Marcos 2 fue ayudado por sus amigos. Estaba con suero. Le faltaba una pierna. Tenía grandes necesidades físicas.

Fue la primera en bautizarse. Esperé dentro del agua y alguien me la alcanzó. Ella profesó su fe en Jesús y yo la sumergí. Cuando salió del agua, nadie se fijo en su pierna. Todos miraron su cara. El gozo que se reflejaba ahí era algo que llamaba la atención. Gozo puro. No podía caminar. Todavía le faltaba la pierna. Seguía con sus enfermedades físicas. Pero sus pecados habían sido perdonados. Mi sermón en cuanto a la diferencia entre la sanidad física y la espiritual ya se olvidó. El sermón sin palabras que predicó esta mujer no se olvidará jamás. Ella lo vivió. Todos vieron que la sanidad física ya no importaba; ella había recibido sanidad espiritual. Fue curada en la manera que realmente tiene valor.



Copyright © 2010 - Hope For Life: Todos los derechos reservados

Mapa del Sitio | Contáctanos