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Archivos » March, 2008

Un Paso de Fe

Publicado por - Mar. 31, 2008 | categorías Fe

rappelSe llama el rápel o el rappel. Es la forma de descenso que se utiliza en el alpinismo. Lo hice cuando tenía quince años. No creo que vuelva a hacerlo.

Tengo cierto temor de las alturas. No como la señora que conocía en la Argentina que no podía ponerse de pie cuando estaba en el noveno piso de un edificio. Pero vivo momentos de ansiedad cuando veo que podría caerme.

Mi experiencia con el rápel comenzó cuando tuve que pasar el borde de un precipicio. Caminando para atrás. Poco a poco me bajaba por la pared rocosa, valorando más y más la oración con cada paso. En más o menos la mitad de mi descensó, un guía que estaba cerca me gritó: “Tienes que ir a la izquierda.”

“Claro” pensé yo. Estaba cerca de un lugar donde sobresalía una roca; ir a la izquierda me obligaría a estar en el aire por unos momentos. Si iba a la derecha, mantendría mis pies sobre la roca. Por supuesto fui a la derecha. Antes de llegar a mi destino, me faltó soga. Por no seguir las instrucciones, la soga se me había enganchado en la roca y ya no podía llegar abajo.

Mi historia tiene un final feliz; unos cinco minutos después, me arreglaron la soga y pude completar mi viaje. Pero suelo pensar en ese momento, cuando tuve que decidir entre lo seguro de lo que podía pisar y sentir y lo incierto de pasar al aire libre. Me ayuda entender a la gente que pasa por lo mismo con sus vidas espirituales. Si sería mucho más fácil si pudiéramos llevarle a Dios al laboratorio, ponerlo bajo un microscopio y probar sin lugar a duda Su existencia. Qué cómodo que sería tener un sello de autenticidad en nuestras Biblias, firmado por Dios mismo. Qué conveniente sería si no se requisiera la fe, si podríamos guiarnos solamente por lo que vemos y tocamos. Pero no es así; para encontrar a Dios tenemos que dar un paso de fe.

Permítame, como ese guía hizo conmigo, animarle a Ud. a dar el paso de fe, a dejar la comodidad del camino que no llega al final. Deje la comodidad, vaya más allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir. Dé un paso de fe. Yo y muchos otros podemos asegurarle que Dios está ahí que es real y está esperándole. Atrévase y búsquelo. Dé ese paso de fe.


No es para todo el mundo

Publicado por - Mar. 25, 2008 | categorías Cansancio, Jesucristo

desesperacion
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.” (Mateo 11:28-11:30)

Esta invitación de Jesús no es para todo el mundo. No digo que El no recibiría a todos ni que Su sacrificio tenía líimites. Digo que Jesús está llamando a los cansados. Los que sienten el peso del mundo. Los que no se conforman con las cosas como son.

Si nunca pasó por mal momento, si nunca se decepcionó, si nunca ha sufrido una pérdida, la invitación de Cristo no le llamará la atención. Si le gustan las guerras y el sufrimiento y el hambre y la enfermedad y todas las cosas que flagelan a nuestro mundo, no tendrá interés en el descanso que Jesús ofrece. Si no ha sentido el peso de la culpa o del remordimiento, un yugo livian no le sonará bien. No podrá apreciar lo que ofrece Cristo.

Pero la mayoría conocemos el cansancio. El agotamiento. Sabemos lo que es sentirnos oprimidos, sea por el peso de la preocupación o del pecado o de la enfermedad. Sabemos lo que es anhelar el descanso. Descanso para nuestras almas. Aunque sea un yugo que ofrece Jesús, es un yugo liviano. Estamos listos. Queremos aceptarlo. ¿Dónde firmamos?

A nosotros, Jesús dice: Vengan. Nos pondrá su yugo, nos enseñará y lo hará de una manera paciente y humilde. Vengan, El dice. Suelten sus cargas. Vengan. Conozcan el descanso y la paz. Encuentren el perdón y la gracia. Aprendan lo que es servir a un Amo paciente, quien busca aliviar nuestras cargas y hacer descansar a nuestras almas.

Esta invitación no es para todo el mundo. Pero es para mí. Y quizás sea para Ud. también.


¿Qué Pide el Señor?

Publicado por - Mar. 19, 2008 | categorías Dios, Obediencia

Si le hubieras preguntado a alguien común en tiempos del Antiguo Testamento qué era lo que Dios quería de él, ¿qué hubiera respondido? Cuando pensamos en el antiguo pacto, pensamos en reglas y leyes, mandamientos y preceptos, sacrificios y leyes de alimentación. Lo imaginamos como un sistema de salvación por medio de guardar reglas. Y así pensaba mucha gente que vivió bajo ese sistema.

¿Lo veía Dios así? Veamos en Deuteronomio, un libro lleno de reglas y regulaciones. Lee capítulo 10 y verso 12: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;” ¿Lo viste? Sí, las reglas están ahí, pero están bajo la sombra de un elemento clave: una relación. Dios buscaba (y busca) una relación con Su gente.

El salmista sabía esto cuando escribió en el Salmo 51: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” A través del profeta Jeremías, Dios intentó recordar a la gente de que ese había sido Su mensaje desde el principio: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien” (Jeremías 7:22-23).

Aún así, les era mucho más fácil enfocarse en sacrificios y leyes de alimentación. Era más fácil “hacer cosas justas” que vivir las implicancias de una relación real con Dios. Porque esa relación te obliga a tratar correctamente con tu prójimo. Es más feacil vivir como quieras en tu vida diaria, pensando que todo se puede arreglar “siendo religioso” en el momento justo. Esta actitud llevó a Dios a exlamar: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amós 5:21-24). Básicamente dijo lo mismo en Isaías 1:10-15. Dios aborrece la actividad religiosa que no proviene del corazón. Rechaza la adoración que no va acompañada de una vida de amor hacia nuestro prójimo.

Entonces, ¿que pidió Dios a Su pueblo en la antiguedad? Lo dice claramente, a través de Miqueas el profeta: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8).

El apóstol Pablo nos dice que el error de los judíos era actuar como si de alguna manera pudieran obtener la justicia por medio de sus obras. Escribe: “¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:30-32). Ellos no se dieron cuenta de que su relación con Dios se basaba en la fe y no en las obras. Y que el punto de la Ley era la relación entre Dios y Su pueblo.
No cometamos el mismo error. Mantengamos nuestro enfoque en Dios y hagamos de nuestra relación con El lo más importante en nuestras vidas. Nos aseguremos de que nuestra religión esté basada en una vida justa y no en rituales, en fe y no en obras. Lo útlimo que queremos es presentar una adoración a Dios que es detestable a El. ¿De qué serviría?

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios

¿Qué quiere Dios? Lo ha dicho muy claro.

Bendiciones, gracia y paz,
Timothy Archer


Piedras Vivas

Publicado por - Mar. 15, 2008 | categorías Iglesia, Jesucristo

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:42-43)

Los buenos materiales son esenciales para una buena construcción. El mejor constructor puede construir una estructura decente con materiales baratos, pero ésta no va a pasar la prueba del tiempo. Los constructores usan lo mejor.

En el mundo antiguo, la piedra más importante era la piedra angular. Los constructores elegían con cuidado un pedazo sólido de roca sobre la cual basar el resto de la construcción.

En el pasaje que Jesús cita del Salmo 118, una piedra que ha sido desechada hasta para el uso más básico en la construcción, ahora se ha convertido en la piedra más importante, la piedra angular.

Jesús sigue diciendo que, a causa de este rechazo, el reino de Dios pronto sería transferido a otro grupo de gente. Pero para entender lo que dice sobre la piedra, es útil ver el comentario de Pedro en Hechos 4:8-12: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Pedro explica que “los edificadores” son los líderes judíos y dice que crucificar a Jesús fue el rechazo de esa piedra.
La resurrección de Jesús de entre los muertos elevó a Jesús a la posición de piedra angular, haciendo posible la salvación en El y sólo en El.

Más adelante en su vida, Pedro vuelve a estas palabras y a esta imagen cuando escribe su epístola: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:4-9)

Jesús no sólo llegó a ser piedra angular, también nos ha hecho a nosotros piedras vivas. No sólo fue declarado digno, también nos ha hecho a nosotros dignos y útiles. Podemos ser edificados en un templo de Dios si dejamos que nuestras vidas sean moldeadas en la Suya. Como piedras edificadas juntas sobre la Piedra Angular, podemos llegar a ser mucho más que si estuviéramos separados de El. Podemos llegar a ser un sacerdocio santo, una nación santa, un pueblo escogido por Dios. Como dijo Jesús, llegaremos a ser un reino de gente que produce los frutos del reino. Dios nos usará para traer gloria a Su santo nombre.

Muchos tropiezan sobre esta roca, muchos fallan en ver que no hay otro nombre debajo del cielo por el cual podemos ser salvos. Muchos tratan de edificar sus vidas ellos mismos, buscando una piedra angular sólida sobre la cual edificar, buscando la manera de sostener las cosas sin la ayuda del Maestro Constructor.

Pero nosotros somos piedras vivas. Somos el sacerdocio santo de Dios, ofreciendo sacrificios espirituales de servicio a El. Buscamos declarar Sus alabanzas y producir el fruto de Su reino. Y dejamos que El nos edifique y nos transforme en la casa espiritual que El quiere que seamos.


¿Es Todo Lo Que Hay?

Publicado por - Mar. 13, 2008 | categorías Dios, Satisfacción

miradaYo me acuerdo de aquel juego que tanto quería. Un juego de futbol americano “computarizado,” en una época cuando no había computadoras en las casas. Había una foto de mi jugador preferido en la caja, asegurándome que era tan bueno que los profesionales podían entrenar con ese juego. Sabía que el juego sería una marvilla.

Soñaba con tener ese juego, de lo divertido que sería. Me imaginaba pasando horas y horas con este simulacro del juego real. Después de rogar por meses y meses, recibí el juego. Lo saqué de la caja con emoción y descubrí que me habían engañado. No había nada computarizado en este juego. Consistía de una luz conectado a dos palos; iluminaba distintos resultados según la posición de los palos. Nada más. Miraba y pensaba: “¿Es todo lo que hay?”

Quisiera poder decir que fue la única vez en mi vida que pasó algo así, pero no sería cierto. He sentido esa sensación vez tras vez. Veo algo que deseo, que me atrapa la imaginación. Espero con ganas la satisfacción que tendré cuando lo obtenga. Luego lo recibo y termino pensando: “¿Es todo lo que hay?”

Si nos descuidamos, pasamos la vida entera pensando “¿Es todo lo que hay? ¿No hay nada más?” Escuchamos la publicidad, la propuesta de venta, las promesas, la tentación sin fin: compra esto y estarás feliz; entra en una relación con esta persona y se te cumplirán los sueños; obtiene aquel trabajo y vivirás siempre feliz. Llegamos a casa y descubrimos que hemos comprado dos palos conectados a una luz. ¿Es todo lo que hay?

En el libro de Génesis, un hombre llamado Jacob describe su vida así: In the book of Genesis, a man named Jacob describes his life as follows: “Ya tengo ciento treinta años de ir de un lado a otro. Han sido pocos y malos años” (Génesis 47:9). 130 años, y Jacob los llama “pocos y malos.” Le escucho decir “¿Es todo lo que hay?”

Solamente Dios puede satisfacer nuestras necesidades más profundas, solamente El puede satisfacer ese anhelo eterno. Cuando recibimos Sus dones, nunca decimos: “¿Es todo lo que hay?” Cuando nos da el don de la salvación, cuando derrama Su gracia en nuestras vidas, nunca saldremos a buscar más. Dios cumple sus promesas. Sus regalos no tienen par. Nadie puede satisfacer nuestros deseos como El.


Cuando No Conocemos el Camino

Publicado por - Mar. 06, 2008 | categorías Jesucristo, salvación

Confieso que me entró el pánico. Estaba en Brasil, viajando con dos amigos, uno de ellos brasilero. Me sentía seguro viajando con alguien que conocía el idioma y que sabía exactamente adonde íbamos. Tomábamos un vuelo de San Pablo a Rio de Janeiro. Al momento de abordar, para llegar al avión, tuvimos que llegar hasta el en un bus. Mis dos colegas subieron en un bus, pero yo tuve que esperar el segundo. No me preocupaba, porque sabía que íbamos al mismo lugar. Los vi partir y subí tranquilamente al segundo bus.

Cuando llegamos al avión y fui a buscar nuestros asientos, ¡mis amigos no estaban! Tenían que estar, pues habían salido antes, pero no estaban en el avión. Ahí sí que sentí miedo. Pregunté, en castellano, a una de las azafatas si el avión iba a Rio de Janeiro. Hablar en castellano era un acto de desesperación, pero ella me entendió y me aseguró que yo estaba en el vuelo correcto. Me seguía dando información en portugués, pero ya no escuchaba pues mis amigos estaban entrando en la nave. Por algún motivo, su bus había tardado en llegar. Yo estaba en el lugar correcto.

La noche en que Jesús fue traicionado, les dijo a sus discípulos que El iba a prepararles un lugar. Les dijo que ellos sabían el camino adonde El iba. Tomás respondió: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” Y fue en ese momento que Jesús dijo estas palabras famosas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14:3-6)

No conocer el camino es una sensación fea. Está bien cuando podemos depender de otra persona, pero cuando estamos solos, estar perdidos no es lindo. Afortunadamente, cuando se trata de nuestras vidas espirituales, siempre podemos conocer el camino. Cristo es el camino. Podemos confiar en El, sabiendo que El siempre nos llevará al lugar donde necesitamos estar. Para no sentirnos perdidos, lo único que necesitamos es conocer a Jesús.


¿Quién No Quieres Que Se Salve?

Publicado por - Mar. 03, 2008 | categorías Gracia, salvación

señalar


¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Para Jonás sí había. Muchos nos recordamos de Jonás, cómo huyó de Dios y terminó siendo tragado por una gran pez. Pero a veces nos olvidamos de por qué Jonás huyó de Dios. Dios le había dicho que fuera a Níneve para predicar, para anunciar la destrucción de la ciudad. Nínive era la ciudad capital del imperio asirio, el país más poderoso del mundo. Eran enemigos de Jonás y sus compatriotas, los israelitas. Jonás no quiso ir, y por eso huyó.

Y ¿por qué no quiso ir? ¿Tenía miedo de los asirios? O ¿será que tenía miedo de fracasar? No. Jonás tenía miedo del éxito. Tenía miedo de que si anunciara a los ninivitas su próxima destrucción, ellos se arrepentiría y Dios los perdonaría. ¡Y eso es lo que pasó! Luego, la Biblia nos dice: “A Jonás le cayó muy mal lo que Dios había hecho, y se disgustó mucho. Así que oró al Señor, y le dijo: —Mira, Señor, esto es lo que yo decía que iba a pasar cuando aún me encontraba en mi tierra. Por eso quise huir de prisa a Tarsis, pues yo sé que tú eres un Dios tierno y compasivo, que no te enojas fácilmente, y que es tanto tu amor que anuncias un castigo y luego te arrepientes. Por eso, Señor, te ruego que me quites la vida. Más me vale morir que seguir viviendo.” (Jonás 4:1-3)

Jonás estaba enojado con Dios, tan enojado que quería morir. ¿Por qué? Porque Dios es un Dios misericordioso. Jonás no quería ver la salvación de sus enemigos, no quería quedar mal, anunciando algo que no sucedería.

Vuelvo a preguntar. ¿Hay alguien que no quieres que se salve? ¿Existe alguien que no quieres que esté bien con Dios? Quiero decirles que para Dios, no hay nadie así. Pablo escribió a Timoteo: “Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad … Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad … Porque él se entregó a la muerte como rescate por la salvación de todos …” (1 Timoteo 2:1-6) Hay que orar por todos porque Dios quiere que todos se salvan. Por eso Cristo murió por la salvación de todos. Todos. Eso incluye al más depravado como al más piadoso. Incluye a los terroristas y los asesinos y los corruptos y … a todos. Dios quiere a todos y quiere que todos se salven.

Si Dios es así, ¿no debemos ser así también?



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