La obediencia de la fe
Publicado por Timothy Archer - feb. 15, 2008 | categorías Fe, Obediencia
Si digo que tengo fe en un médico ¿qué significa? ¿Que creo que su diploma es de verdad? ¿Que creo que se recibió en una universidad? ¿O estoy diciendo algo más? Digamos que yo vengo un día con dolor de la garganta. Le digo a Ud. que mi médico me dice que tengo placas en la garganta y que me recetó cierto medicamento. Proclamo mi fe en ese médico, hablando de sus bondades, pero cuando me pregunta Ud. si voy a tomar el medicamento, le contesto: “¿Para qué? No servirá de nada.” ¿Qué opinaría de la fe que tengo en ese médico?
La fe verdadera no es intelectual. La fe afecta la creencia y las acciones. Una fe que no actúa no es fe. O como dice la Biblia: “Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.” (Santiago 2:17) Si creemos de verdad en Dios, si realmente tenemos fe, haremos lo que El nos dice. Si nuestras vidas no son vidas de obediencia, tampoco son vidas de fe.
Para mí, la historia de Noé y el arca demuestra eso. Dios habló con Noé y le dijo que hiciera un barco grande, una arca, para salvarse a él y su familia. Noé creyó en Dios. ¿Cómo sabemos? Porque hizo el arca que Dios le dijo que hiciera. ¿Qué hubiera pasado si Noé se hubiera parado en una colina, proclamando su fe en Dios en vez de construir el arca? Yo creo que hubiera perecido. La fe que no se vive no es fe.
Jesucristo preguntó: ¿Por qué me dicen Señor, Señor, pero no hacen lo que les digo? (Lucas 6:46). Creer en Dios no es suficiente. Si esa creencia no nos lleva a hacer lo que El quiere, es un ejercicio intelectual. Y no es fe.
Necesitamos poner la fe en práctica. Fe se expresa en acciones. El cristianismo no son las opiniones que tenemos, es la vida que vivimos. El apóstol Pablo habla de “la obediencia de la fe” (Romanos 1:5). Si ha llegado a creer en Jesús, es el primer paso. Ahora debe convertir esa creencia en fe, aprendiendo lo que Jesús quiere y cumpliendo Su voluntad. Si tiene preguntas, hágalas. Juntos, podemos aprender a vivir la vida de fe.


