La Enfermedad
Publicado por Timothy Archer - feb. 13, 2008 | categorías Jesucristo, Pecado, Perdón
Comenzó con una mancha blanca. Nada doloroso, pero era para preocuparse. La ley era clara: Ud. tenía que hacerse revisar para ver si tenía La Enfermedad. Fue y le revisaron. El especialista le miró y le dijo: “Lo lamento. Lo tiene. Tiene que irse.” De repente, su vida dejó de existir en la forma que había existido. Tuvo que dejar su familia sin decir adiós, los amigos se enteraron con el tiempo que se había ido; dejó casa, trabajo, todo lo conocido. Se fue a vivir con otros que tenían La Enfermedad.
La Enfermedad, en los tiempos bíblicos, era lepra. Era una enfermedad contagiosa que se temía sobre todo. La lepra moderna no es la misma enfermedad, aunque es una enfermedad terrible. La gente tenía tanto miedo de la enfermedad antigua que tomaba medidas extremas para evitarla. Sobre todo, eso quiso decir aislamiento total para los que se habían enfermado. Ningún contacto, especialmente el contacto físico.
Los maestros del día conectaban la lepra con el pecado. Uno no estaba enfermo; estaba inmundo. No se sanaba; se limpiaba. Al limpiarse de la lepra, se hacía una ceremonia grande para mostrar a todos que ya no era un marginado. Pero ese día casi nunca llegó; si no llegaba, uno vivía el resto de su vida lejos de todo lo conocido, todo lo amado. JAMAS sentiría el toque de otro ser humano.
Jesucristo llegó y comenzó a sanar todas las enfermedades. Una de las primeras historias acerca de Jesús nos habla de un hombre con lepra que fue buscando sanidad. De rodillas, rogó a Cristo que lo sanara. Y lo hizo. Pero no sólo lo sanó, según los evangelios, Cristo tocó al leproso (Marcos 1:41). Por la primera vez en mucho tiempo, alguien tocó este hombre. No hacía falta tocarle para sanarle. En otras ocasiones, Cristo sanó desde cierta distancia. Pero Jesús sabía que este hombre necesitaba más que la sanidad… necesitaba ser tocado.
Cristo sigue tocando a los que tienen La Enfermedad. La Enfermedad para nosotros no es lepra. Es pecado. El pecado mutila… mata… aisla a la gente. Destruye vidas y separa a las personas. Tal como hizo ese día, Jesús hace más que sanar. Nos toca. Toca la necesidad más allá de la necesidad. Toca a los intocables. Borra no solamente la culpa del pecado, pero quita el aislamiento y dolor que causa. Nos hace volver de una vida de separación.
Vivo mi vida hablando con otros acerca del toque del Maestro y lo que significa para nosotros. Quisiera compartir esa noticia con Ud.
Gracia y paz,
Timothy


