Blog

Archivos » February, 2008

La Historia de Dos Casitas de Perro

Publicado por - Feb. 28, 2008 | categorías Edificar

Yo me acuerdo de dos casitas de perro. Una la construí con mi papá. Mi papá es matemático y sabía hacer los planes muy bien. El diseñó todo y pasamos tiempo construyendo todo de acuerdo con lo planeado. Yo ayudé un poco, pero no podía hacer mucho porque requería más destreza de lo que yo tenía.

Poco después, mi papá me pidió que derribara una casita de perro que había detrás de nuestra casa. Como la madera era podrida y no servía más, solamente tener que tirarla abajo. Entre con mazo y palanca, metiéndolo con ganas y sin cuidado. Aquel trabajo requería mucho menos cuidado y casi nada de destreza. Derribar es mucho más fácil que edificar. Es más fácil ser destructor que constructor.

Así pasa en nuestras relaciones también. Es mucho más fácil herir a una persona que edificarla. Es más fácil destruir una relación que mejorarla. En nuestra vida cristiana, hemos sido llamados a buscar la edificación. Pablo escribió a los romanos: “Por lo tanto, busquemos todo lo que conduce a la paz y a la edificación mutua.” (Romanos 14:19) Y ¿cómo edificamos?

  1. Edificamos con nuestras palabras: “No digan malas palabras, sino solo palabras buenas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen.” (Efesios 4:29) ¿Cómo sería si nos limitáramos solamente a palabras de edificación? Me parece que habría mucho más silencio en nuestras vidas.
  2. Edificamos por usar nuestros dones: “Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.” (Efesios 4:16) La iglesia crece según el funcionamiento de cada miembro. Si utilizo bien mis dones, edifico el cuerpo.
  3. Edificamos por medio del amor: “pero el conocimiento hincha de orgullo, en tanto que el amor edifica la comunidad.” (1 Corintios 8:1) El amor de por sí edifica.

Edificar requiere conocimiento. Requiere habilidad. Requiere ganas. Tenemos que buscar edificar, sino, estaremos derribando. Edificar es mucho más difícil, pero mucho más necesario. Espero que aprendas a ser un constructor en vez de destructor.


Cuando Vemos a Dios

Publicado por - Feb. 26, 2008 | categorías Misión, Pecado, Perdón, Santidad

Uzías era un rey espectacular. Reinó por 52 años. ¡52 años! Según la Biblia, en 2 Crónicas 26, tenía éxisto en lo militar, lo económico y lo tecnológico. Sobre todo, era un hombre piadoso, que buscaba a Dios y hacía lo correcto. Hasta el día en que su orgullo lo dominó y entró en el templo de Dios para hacer sacrificios, aunque Dios había dicho que solamente los sacerdotes podían hacer eso. Fue castigado con una enfermedad terrible y murió en la vergüenza.

¿Qué haces cuando tu héroe cae? ¿Qué haces cuando se revela que el ejemplo tuyo es un hombre como cualquier otro? Puede ser que sea un atleta. Un político. Un familiar. O puede ser que sea un cristiano respetado. ¿Cómo te reaccionas? Si no te ha pasado todavía, ese día viene.

Algunos rechazan a todos. “Ya no se puede confiar en nadie.” Cuando se trata de un cristiano, muchos culpan a la iglesia o le culpan a Dios mismo. A vez las personas pierden su fe a causa de las acciones de otras personas.

Y algunos reaccionan como el profeta Isaías: “El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor” (Isaías 6:1) Pienso que no era casual. Isaías era un joven. Habrá respetado mucho a Uzías. Le habrá dolido mucho saber del pecado y deshonra de Uzías. Pero en vez de amargarse, fijó su atención en Dios.

Y ¿qué pasó cuando Isaías vio a Dios?

  1. Vio la santidad de Dios: “Y se decían el uno al otro: “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.” (Isaías 6:3)
  2. Vio su propio pecado: “Y pensé: “¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Señor todopoderoso; yo, que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros.” (Isaías 6:5)
  3. Recibió el perdón de Dios: “Tu maldad te ha sido quitada, tus culpas te han sido perdonadas.” (Isaías 6:7)
  4. Recibió el encargo de predicar a otros: “Entonces oí la voz del Señor, que decía: “¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?” Yo respondí: “Aquí estoy yo, envíame a mí.” (Isaías 6:8)

Cuando alguien te falla, piensa en el ejemplo de Isaías. Aprovecha del momento para acercarte más a Dios.


El Poder Para Cambiar

Publicado por - Feb. 22, 2008 | categorías Dios, Fe, Oración, Transformación

villa miseriaNorma venía a la iglesia algunos domingos, acompañada por sus seis hijos. Otros domingos alguien iba para visitarla a ella. Norma vivía en una”villa miseria” en la Argentina, donde viven los más humildes de los humildes. Esta villa se ubicaba al lado de un canal de irrigación en las afueras de la ciudad. Lo más que se alejaba del asfalto, lo más humilde que eran las casas. La casa de Norma era la última, básicamente unas chapas y algunos cartones arreglados para formar una casita.

Su marido, Fernando, era un hombre fuerte que bebía casi todo lo que ganaba. Al emborracharse, volvía a casa y golpeaba a Norma y los niños. Después de un tiempo, los hombres de nuestra iglesia decidieron intervenir. Nos reunimos para hablar de cómo sacar a Norma de esa situación. Pero durante la reunión, alguien sugirió que estábamos mirando la situación de una perspectiva equivocada. Hablábamos de Fernando como si fuera el enemigo, cuando la verdad es que él era víctima de nuestro enemigo—Satanás. Pasamos tiempo ese sábado por la noche orando por Fernando, orando que Dios le tocaría el corazón.

El día siguiente, domingo, cuando uno de los cristianos fue a visitar a Norma, Fernando salió a su encuentro. Se le caían las lágrimas. Rogaba que este hermano le ayudara a cambiar su vida. Dentro de poco, Fernando nació de nuevo en las aguas del bautismo, entregando su vida a Cristo. El cambio no era inmediato, pero Fernando comenzó a tratar de vivir de la forma indicada.

Me da vergüenza confesar que estábamos sorprendidos. No sé por qué lo estábamos. ¿No era exactamente lo que habíamos pedido en oración? Temo que a veces hablamos más allá de nuestra creencia, que oramos más allá de lo que pensamos que Dios hará. Pero la verdad es, Dios sigue tocando vidas. Sigue ayudando a las personas a realizar un cambio en sus vidas si ellas se lo permiten.

No todas las historias son tan dramáticas, pero el poder es el mismo. Dios quiere comenzar una obra en tu vida y continuarla hasta el final. Dios sigue cambiando vidas. Dios sigue tocando corazones. El quiere obrar en tu vida y las vidas de las personas que te rodean, las vidas de tus seres queridos.


Canciones en el Calabozo

Publicado por - Feb. 19, 2008 | categorías Agradecimiento, Fe

El apóstol Pablo estaba pasando por una mala racha. Todo comenzó cuando se peleó con su compañero de viaje, Bernabé. Bernabé era la persona que aceptó a Pablo en el principio cuando nadie en la iglesia confiaba en él. Era Bernabé que le invitó a trabajar con él en el ministerio. Y era Bernabé que le acompañó en su primer viaje de evangelización. Pero cuando Bernabé quiso llevar consigo a su primo Juan Marcos, muchacho que había abandonado al grupo antes, Pablo no estuvo de acuerdo. Discutieron tanto que terminaron separándose.

Luego Pablo quiso ir a predicar a la provincia de Asia. Dios se lo prohibió. Quiso ir a predicar a la provincia de Bitinia. Dios se lo prohibió. Luego es llamado en una visión para ir a Macedonia. Llega ahí, convierte a una sola mujer antes de ser arrestado. No solamente arrestado, sino golpeado con varas. No solamente arrestado y golpeado, sino metido en la parte más adentro de la cárcel, que habrá sido un lugar oscuro, lleno de humedad. Arrestado, golpeado, puesto en el lugar más feo … y le ponen en un cepo, obligándolo a estar con las piernas separadas al máximo.

Era una mala racha. La peor. Era uno de esos momentos cuando uno quiere abandonar todo. Pablo había sido llamado para ser evangelista, pero solamente había convertido a una sola persona en todo el viaje. Y era una mujer, que, en la sociedad de aquel entonces, no hubiera tenido mucha influencia, no hubiera tenido mucha posibilidad de hacer avanzar a la iglesia. Y bajo las normas del momento, era muy posible que muriera antes de poder predicar más.

Pablo había tocado fondo. Podría haber sentido que Dios lo había abandonado. Podría haber pensado que su vida había naufragado. Podría haber pensado muchas cosas. Pero ¿qué hizo? La Biblia dice que, junto con su compañero Silas, Pablo cantaba y oraba a Dios (De hecho, la Biblia dice que oraba a Dios mediante cantos). ¡Cantaban! ¿Cómo puede ser que una persona cante a Dios cuando todo en su vida anda mal? Entendemos cuando alguien está feliz y se pone a cantar, pero ¿cómo puede un hombre alabar a Dios cuando está en las peores circunstancias de su vida?

Pablo entendía que el sufrimiento es parte de la vida cristiana. Entendía que lo importante no era sí vivía o moría, no era si seguía predicando o se permanecía en la cárcel, lo importante era que estaba bien con Cristo. “Porque para mí, seguir viviendo es Cristo, y morir, una ganancia.” (Filipenses 1:21)

Solamente con una actitud así podemos elevar canciones de alabanza en cualquier circunstancia.


La obediencia de la fe

Publicado por - Feb. 15, 2008 | categorías Fe, Obediencia

BibliaSi digo que tengo fe en un médico ¿qué significa? ¿Que creo que su diploma es de verdad? ¿Que creo que se recibió en una universidad? ¿O estoy diciendo algo más? Digamos que yo vengo un día con dolor de la garganta. Le digo a Ud. que mi médico me dice que tengo placas en la garganta y que me recetó cierto medicamento. Proclamo mi fe en ese médico, hablando de sus bondades, pero cuando me pregunta Ud. si voy a tomar el medicamento, le contesto: “¿Para qué? No servirá de nada.” ¿Qué opinaría de la fe que tengo en ese médico?

La fe verdadera no es intelectual. La fe afecta la creencia y las acciones. Una fe que no actúa no es fe. O como dice la Biblia: “Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.” (Santiago 2:17) Si creemos de verdad en Dios, si realmente tenemos fe, haremos lo que El nos dice. Si nuestras vidas no son vidas de obediencia, tampoco son vidas de fe.

Para mí, la historia de Noé y el arca demuestra eso. Dios habló con Noé y le dijo que hiciera un barco grande, una arca, para salvarse a él y su familia. Noé creyó en Dios. ¿Cómo sabemos? Porque hizo el arca que Dios le dijo que hiciera. ¿Qué hubiera pasado si Noé se hubiera parado en una colina, proclamando su fe en Dios en vez de construir el arca? Yo creo que hubiera perecido. La fe que no se vive no es fe.

Jesucristo preguntó: ¿Por qué me dicen Señor, Señor, pero no hacen lo que les digo? (Lucas 6:46). Creer en Dios no es suficiente. Si esa creencia no nos lleva a hacer lo que El quiere, es un ejercicio intelectual. Y no es fe.

Necesitamos poner la fe en práctica. Fe se expresa en acciones. El cristianismo no son las opiniones que tenemos, es la vida que vivimos. El apóstol Pablo habla de “la obediencia de la fe” (Romanos 1:5). Si ha llegado a creer en Jesús, es el primer paso. Ahora debe convertir esa creencia en fe, aprendiendo lo que Jesús quiere y cumpliendo Su voluntad. Si tiene preguntas, hágalas. Juntos, podemos aprender a vivir la vida de fe.


La Enfermedad

Publicado por - Feb. 13, 2008 | categorías Jesucristo, Pecado, Perdón

DoctorComenzó con una mancha blanca. Nada doloroso, pero era para preocuparse. La ley era clara: Ud. tenía que hacerse revisar para ver si tenía La Enfermedad. Fue y le revisaron. El especialista le miró y le dijo: “Lo lamento. Lo tiene. Tiene que irse.” De repente, su vida dejó de existir en la forma que había existido. Tuvo que dejar su familia sin decir adiós, los amigos se enteraron con el tiempo que se había ido; dejó casa, trabajo, todo lo conocido. Se fue a vivir con otros que tenían La Enfermedad.

La Enfermedad, en los tiempos bíblicos, era lepra. Era una enfermedad contagiosa que se temía sobre todo. La lepra moderna no es la misma enfermedad, aunque es una enfermedad terrible. La gente tenía tanto miedo de la enfermedad antigua que tomaba medidas extremas para evitarla. Sobre todo, eso quiso decir aislamiento total para los que se habían enfermado. Ningún contacto, especialmente el contacto físico.

Los maestros del día conectaban la lepra con el pecado. Uno no estaba enfermo; estaba inmundo. No se sanaba; se limpiaba. Al limpiarse de la lepra, se hacía una ceremonia grande para mostrar a todos que ya no era un marginado. Pero ese día casi nunca llegó; si no llegaba, uno vivía el resto de su vida lejos de todo lo conocido, todo lo amado. JAMAS sentiría el toque de otro ser humano.

Jesucristo llegó y comenzó a sanar todas las enfermedades. Una de las primeras historias acerca de Jesús nos habla de un hombre con lepra que fue buscando sanidad. De rodillas, rogó a Cristo que lo sanara. Y lo hizo. Pero no sólo lo sanó, según los evangelios, Cristo tocó al leproso (Marcos 1:41). Por la primera vez en mucho tiempo, alguien tocó este hombre. No hacía falta tocarle para sanarle. En otras ocasiones, Cristo sanó desde cierta distancia. Pero Jesús sabía que este hombre necesitaba más que la sanidad… necesitaba ser tocado.

Cristo sigue tocando a los que tienen La Enfermedad. La Enfermedad para nosotros no es lepra. Es pecado. El pecado mutila… mata… aisla a la gente. Destruye vidas y separa a las personas. Tal como hizo ese día, Jesús hace más que sanar. Nos toca. Toca la necesidad más allá de la necesidad. Toca a los intocables. Borra no solamente la culpa del pecado, pero quita el aislamiento y dolor que causa. Nos hace volver de una vida de separación.

Vivo mi vida hablando con otros acerca del toque del Maestro y lo que significa para nosotros. Quisiera compartir esa noticia con Ud.

Gracia y paz,
Timothy


Hacen Falta Malas Noticias

Publicado por - Feb. 04, 2008 | categorías Buenas Nuevas, NuestraEsperanza.com

cara tristeA veces necesitamos malas noticias para apreciar las buenas. Cuando uno es rico y feliz, no siente la necesidad de nada. Cuando estamos sanos y contentos, ¿quién quiere un cambio? Si no estamos enfermos ¿a quién le interesa el remedio? Nadie tiene interés en la solución hasta que acepten que hay un problema.

Es por eso que Cristo dijo que sería difícil para los ricos entrar en Su reino. No porque El discriminaría en contra de ellos, sino porque ellos no tendrían interés. Son los que saben que necesitan algo que buscan lo que ofrece Jesucristo. Como dijo Jesús: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar.” (Mateo 11:28). El descanso es para los que están cansados; los que están en paz no necesitan este descanso.

Necesitamos algo de malas noticias para apreciar las buenas noticias, las buenas nuevas de Dios, el anuncio de que podemos ser limpiados de nuestros pecados, aceptados en la familia de Dios y vivir con El para siempre. Mientras que nos conformemos con ele stado de las cosas, no tendremos interés en la posibilidad de algo mejor. Pero todos tenemos un momento en la vida en que necesitamos buenas noticias. Necesitamos esperanza. Llega la enfermedad, nos rodea la soledad, el dinero no alcanza o quizás nos hartemos de no poder vivir como sabemos que deberíamos vivir. Ese es momento en que estamos listos para un mensaje de esperanza, para las buenas noticias que tiene Dios.

Este sitio es para los que necesitan esperanza, los que están hartos de cómo están las cosas. Lea un poco, desde el principio, y díganos qué le parece. Si conoce a alguien que necesita algo de buenas noticias, ¿por qué no lo envíe al sitio? No tenemos todas las respuestas. Pero conocemos a Aquel que sí las tiene.



Copyright © 2010 - Hope For Life: Todos los derechos reservados

Mapa del Sitio | Contáctanos